
El primer Volvo salió de la fábrica sueca en 1927
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Cuenta la leyenda que en los países escandinavos la mayoría de las decisiones se toma luego de la Fiesta de las Cigalas, que se celebra todos los 25 de julio.
Un día anterior, el 24 de julio de 1924, Assan Gabrielsson y Gustaf Larson se encontraron en el restaurante Sturehof, de Estocolmo y, tras disfrutar de un enorme plato de cigalas, decidieron crear una compañía de automóviles, que se conocería con el nombre de Volvo.
El 14 de abril de 1927, el primer modelo de la firma sueca salió a la luz.
Se trataba del OV4. Este tenía un motor de 2 litros de cilindrada, una potencia de 24 CV y se lo nombró según las tradiciones escandinavas Jakob, ya que el calendario escandinavo el 25 de julio corresponde el día de Jakob.
De este modelo se vendieron 300 unidades en los años que se mantuvo en producción, debido a la carrocería tipo cabrio, que no era la ideal para el clima de la zona.
En el mundo de los automóviles, Volvo siempre ha sido un icono en cuanto a la seguridad.
Esta imagen se forjó en 1926, cuando un OV4 chocó frontalmente con un vehículo norteamericano en la carretera que unía Estocolmo con Gotemburgo; el coche americano quedó destrozado y el Volvo apenas sufrió unos arañazos; ahí nació la leyenda.
Pero no todo era tan fácil para la empresa sueca. La situación económica empeoró debido al desembolso inicial, las pocas ventas conseguidas y las exportaciones que no funcionaban (24 unidades en 1927 y 27 en 1929); era inminente que se debía buscar una salida para la situación.
Gabrielsson y Larson negociaron con un fabricante de automóviles norteamericano, Charles Nash, y alcanzaron un acuerdo para vender la fábrica. Antes que Nash llegara a Gotemburgo, los suecos se unieron a la compañía SKF para evitar que la empresa cayera en manos extranjeras.
Sólo en septiembre de 1929, Volvo tuvo beneficios por primera vez: Finlandia se convirtió en el primer importador del vehículo y luego se añadieron Dinamarca, Cuba, los Países Bajos, Palestina, Siria, Egipto y Marruecos.
En la Argentina
En 1937 se creó la subsidiaria de Volvo Car Corporation en la Argentina, convirtiéndose (junto con los anteriormente mencionados) en uno de los primeros países del mundo en recibir autos Volvo.
Los primeros modelos en llegar al país fueron dos PV36 sedan, los que, un año más tarde, participaron en el Salón del Automóvil, realizado en la avenida 9 de Julio.
Hasta 1955 no se iniciaron las exportaciones hacia los Estados Unidos, ya que se consideraba toda una osadía retar a los poderosos fabricantes norteamericanos. Pese a eso, aquel mercado se convirtió en el más importante para la marca gracias a las ventas logradas por el PV444.
La influencia norteamericana era innegable en todo lo referente al mundo de los autos. Volvo sabía de esto, y el conocimiento del diseño y las tecnologías del país del Norte se dejaron ver en el lanzamiento del PV36, conocido comercialmente como Carioca.
Luego de la década del 40, apareció el PV800, un amplio vehículo que se utilizó principalmente como taxi. Dicen que muchos suecos nacieron en los asientos traseros de este auto, que se utilizaba también para el transporte de personas enfermas y mujeres embarazadas.
Para la década del 50, se abandonó Detroit como el modelo por seguir y todas las miradas se dirijieron a Italia. Por primera vez, la empresa incorporó a un director de diseño, Jan Wilsgaard, que fue el creador del P120. Este vehículo, llamado Amazon, combinaba el diseño italiano con el carácter sueco.
En los años 60, la estrella de la marca fue el 140, que se desarrolló a la vez en carrocería sedan y familiar, y luego le siguió el 240, todo un mito de la firma. Por ese entonces la empresa sueca avanzaba más y más en materia de seguridad, como el asiento para niños situado en posición contraria al sentido de la marcha. Para la década del 80, el protagonismo lo tuvo la serie 700: tanto el 760 como el 740, lograron un éxito que sorprendió.
En la última década del siglo XX, Volvo lanzó las series 800, el mayor proyecto afrontado por la marca sueca en sus 75 años, ya que para su creación tuvo en cuenta tanto la seguridad de sus ocupantes como la fiabilidad, funcionalidad y respeto por el medio ambiente.
La trayectoria y la historia condicen con el lema de la marca: En el futuro, habrá coches y, sin duda, siempre habrá un Volvo .






