
Cada vez que un automovilista carga combustible en la estación de servicio, paga más del 60 % del precio en las naftas y casi el 50 % del gasoil en concepto de tributos indirectos.
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Es sabido que cada vez que se carga el tanque de combustible del auto se está pagando un impuesto. Se trata de un tributo indirecto, aquel que recae sobre el consumo: como se aplica sobre los productos adquiribles, cada vez que se compra algo se lo está abonando. Ahora bien, ¿qué porcentaje del precio de la nafta y el gasoil corresponde, en realidad, a impuestos?
Antes de establecer cifras, es preciso aclarar que esos montos no son antojadizos, sino que son fijados por ley nacional. Sí, todos, porque son varios.
El que más incide es el que corresponde al de transferencia de combustibles, establecido por la ley de impuestos sobre los combustibles líquidos y gas natural, Nº 23.966, sus modificatorias Nº 23.988 y 24.698, y sus correspondientes decretos reglamentarios. Los fondos que genera son distribuidos entre el Tesoro Nacional, las provincias y el Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi), en los porcentajes detallados en la infografía.
Los otros gravámenes son el impuesto al valor agregado (IVA), que grava el valor añadido de un producto en las distintas etapas de su producción; ingresos brutos, un impuesto sobre el ejercicio del comercio y la industria, entre otras actividades; ganancias, sobre las rentas de personas y empresas, y regalías, que se cobra por el derecho de realizar una actividad determinada. Todos (menos ingresos brutos, que es un gravamen provincial) van a parar a las arcas del Estado Nacional.
Salvo en el caso del gasoil, donde el conjunto citado araña el 50% del costo final, si se suman todos esos impuestos al precio del combustible, el saldo por pagar se incrementa en más de un 65 por ciento.
En verdad, el costo del combustible en sí (petróleo crudo más su procesamiento, transporte y comercialización) no alcanza el 20% de lo que se paga por litro en una estación de servicio, salvo para el gasoil, donde prácticamente llega a un 40 por ciento.
Para completar el precio final, falta agregar (además de los impuestos) el margen de la petrolera (entre un 3,5 y un 8%) y de la estación de servicio (entre un 8,5 y un 10 por ciento).
Las excepciones
No obstante, existen algunas provincias, como las patagónicas, donde el precio del combustible es menor. Es que en esos casos el impuesto a la transferencia de combustibles no entra en vigor: las provincias del sur argentino son productoras de petróleo, por ende no es necesario el traslado del combustible hacia otro punto del país.
Tampoco es imponible cuando el combustible se utiliza exclusivamente para tareas de producción o elaboración de hidrocarburos y sus derivados, y cuando tiene como destino la exportación o está destinado a la provisión (rancho) de embarcaciones de ultramar, aeronaves de vuelos internacionales o embarcaciones de pesca.
El gas natural comprimido (GNC) también participa de este gravamen, aunque sólo se abona 0,03 peso por cada metro cúbico adquirido.
Además, otros líquidos como aguarrás, solvente, gasolina natural, nafta virgen y querosén están comprendidos por la ley de transferencia de combustibles. El monto por litro que abonan es 0,4865 peso, excepto para el querosén, que es 0,12 peso.
En todos los casos, las empresas comercializadoras de combustible son las encargadas de que el dinero pagado por los usuarios llegue efectivamente a las arcas del Estado.






