
Por Federico B. Kirbus
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Si bien los experimentos con bolsas de aire se iniciaron en los Estados Unidos en la década del setenta, la difusión masiva de este elemento de seguridad comenzó en Europa, en gran escala, a partir de 1983. Desde entonces, miles de vidas fueron salvadas gracias al oportuno despliegue del airbag delante del conductor o de su acompañante.
Pero ahora, a tres lustros de haberse inaugurado esta etapa, los técnicos comienzan a tener dudas. La incertidumbre no está relacionada con los almohadones inflables más modernos que se instalan en los coches actuales, sino con aquellos que tienen cierta antigüedad.
En un principio y habida cuenta de que se trataba de un elemento respecto del cual se carecía de experiencia práctica previa, se sostuvo que un airbag podía tener una vida útil de diez años. Transcurrido este plazo -siempre contando a partir de 1983-, los especialistas volvieron a evaluar la cuestión y afirman ahora que incluso 15 años es un tiempo seguro para que una bolsa de aire pueda desplegarse sin inconvenientes.
El asunto no es un problema menor. Sabido es que también los cinturones de retención tienen fecha de vencimiento ya que el roce los afecta y deshilacha, y los rayos ultravioletas debilitan la estructura del tejido sintético. Otro tanto ocurre con la bolsa, que permanece plegada mucho tiempo con el peligro que los pliegues se resquebrajen, pero con el agregado que el sensor de choque pueda resentirse y el mecanismo de inflado, perder potencia.
Esta es la incógnita que predomina. De momento, los técnicos conceden que 15 años es un término que prudentemente puede aceptarse como límite de la caducidad.
Pero si en adelante se advirtiera que en airbags tan viejos surgen contratiempos, bien podría ser que se exijan fechas de renovación más estrictas.
El autor es periodista y escritor de numerosos libros de arqueología y viajes.






