
Ductilidad, prestaciones y confort son las claves de la nueva Mitsubishi L200 DI-D High Power, que se suma a la pelea en uno de los segmentos más competitivos: el de las pickups
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La batalla de las pickups medianas, que en nuestro país se manifiesta como en pocos mercados, sumó hace pocas semanas un nuevo contrincante con el arribo de la renovada Mitsubishi L200 DI-D High Power. Esta es la quinta generación de la camioneta de la firma japonesa y llega importada de Tailandia en versión full pero con la posibilidad de elegir entre cajas manual o automática, que fue la que probamos.
Desde hace tiempo la L200 logró diferenciarte de sus competidoras por su diseño, ése que es una marca registrada del modelo y que le da un toque distintivo. Y lo sigue haciendo, y ahora mucho más. Para empezar, el frente fue totalmente rediseñado y exhibe una nueva parrilla cromada que se sumerge bajo el robusto capot y que integra los rediseñados faros con xenón y luces diurnas. En los laterales se profundizó el concepto J Line (la separación entre la cabina y la caja que forma una especie de J) que ahora es más notoria y produce líneas musculosas y estilizadas que le dan cierto toque deportivo. La caja de carga ganó en altura y profundidad y la parte trasera exhibe luces envolventes que se integran con el portón.
Como resultado de haber hecho esa J más pronunciada se logró dotar a la cabina de más confort interior (cosa que resalta claramente, ya que debe ser de las más espaciosas del mercado) y también permitió que las butacas traseras ahora tengan una reclinación de 25°, lo que redunda en comodidad al viajar. Asimismo, se elevaron las butacas para proporcionar una vista más elevada al conducir, cosa que pueda resultar un poco molesta para quienes prefieran una postura más baja; sin embargo, es sencillo encontrar la posición de manejo gracias a la regulación eléctrica de la butaca y a la posibilidad de acomodar el volante en profundidad y altura.
El resto del interior se destaca por la calidad de los materiales (con bastante metal) y por el alto nivel de equipamiento que incluye climatizador bizona, pantalla multifunción táctil de 8” con navegador satelital, lectora de DVD y cámara de retroceso, y un tablero con dos relojes de buena lectura y computadora de viaje completa y funcional.
Otras mejoras importantes se aprecian en el equipamiento de seguridad. Para ponerse a tono con el mercado tiene ahora siete airbags, control activo de estabilidad y tracción (ASTC) y asistente de ascenso en pendiente, además de frenos con ABS y EBD.
Una mecánica robusta, rendidora y compacta es el corazón de esta L200 en la que el motor turbo diésel 2.4 de 181 CV y 43,6 kgm de torque asociado a la transmisión automática de cinco marchas (con modo Sport y levas al volante) aporta buenas prestaciones y rendimiento: registra 12,9 s para acelerar de 0 a 100 km/h y recupera de 80 a 120 km/h en 9,3 s, con niveles de consumo de alrededor de 8,9 L/100 km en ciudad y 6,3 L/100 km en ruta. Por otra parte, el sistema de tracción ofrece (sólo en esta versión) el Super Select, mediante el cual se puede usar como una tracción integral permanente; así, son cuatro las posibilidades para adaptarla a los distintos requerimientos: simple, doble alta, doble baja y permanente.
Y ahora toca hablar de otro de los factores diferenciadores de la L200. Cuando Mitsubishi lanzó la tercera generación de la L200 en 1995, puso el foco en convertir a esta pickup en lo que bautizó como Sport Utility Truck; en otras palabras, una camioneta que pudiera servir tanto para trabajar como para el esparcimiento. De ahí que siempre el foco haya estado puesto en que sea funcional tanto para el uso comercial como recreacional. Por eso es que la experiencia de manejo es realmente placentera: baja rumorosidad (aunque el sonido y las vibraciones se sienten en la cabina), ligereza y suavidad en la conducción en ciudad, buen desempeño en ruta, y con una tracción que responde a la perfección en barro y ripio.
Esta L200 DI-D AT tiene un precio de US$ 53.900 (acorde con los valores del segmento), y ofrece garantía por 3 años o 100.000 km.






