
Pozos, baches, lomos de burro y otros desniveles de las calles deterioran y deforman las ruedas.
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Existen partes de un vehículo que están expuestas a sufrir más daños que otras y este es el caso de las llantas que, igual que los neumáticos, están bajo el constante ataque de los deteriorados caminos de nuestro país. Por eso es importante controlarlas periódicamente, aunque en la mayoría de los casos el auto dará señales de aviso.
Los especialistas en reparaciones afirman que "las roturas de llantas son provocadas por los pozos y baches, lomos de burro, a causa de golpes con los cordones y, sobre todo, por la imprudencia de los conductores". Para reparar las fallas que una llanta puede padecer en la ciudad se utilizan técnicas que le devuelven la forma original sin dejar secuelas.
El primer indicio de que algo anda mal se produce por la vibración en el volante, que a una velocidad de 80 km/h se torna insoportable; pero hay casos en que una avería se descubre a simple vista y se manifiesta por una fisura en la parte frontal o una deformación que se observa en los bordes.
La reparación
Los métodos para recomponer las llantas de aleación y las de chapa difieren porque están formadas por componentes distintos. En las de chapa, el proceso se realiza con una cilindradora que, con una serie de rodillos, endereza los bordes y le devuelve su forma original; en cambio, si existe un golpe sobre la base, se realiza el torneado de la misma. Las de aleación, por estar compuestas de materiales más complejos, como el aluminio, llevan un proceso de horneado a más de 100°C y se trabaja con el torno para recomponer las partes dañadas.
El siguiente paso es introducirla en la máquina granalladora, donde se le quita toda la pintura para luego, con una preparación a base de masilla, cubrir las imperfecciones y sellar las fisuras. El pintado es el último eslabón del proceso: las llantas de chapa se pintan en frío y las de aleación con pintura de alta temperatura.
Si bien en las dos clases de llantas los métodos utilizados son diferentes, ambas deben pasar por el montaje.
Se trata de una cruz de hierro (hay de distintos tamaños, según la llanta) que se apoya sobre el lado dañado para modelar la circunferencia y quede de todos lados igual.
Una vez que la llanta es colocada es indispensable realizar la alineación, balanceo y, si lo requiere, un cambio de válvula.
Hay llantas que no pueden ser reparadas si el daño es muy grande, y en las que ya pasaron por un taller y han sufrido un nuevo golpe es necesario evaluar si están en condiciones de ser arregladas por segunda vez.
Si el trabajo realizado ha sido satisfactorio, no quedan secuelas y no perjudicará la conducción. La llanta se repara en sólo unas horas y el costo promedio es de 35 pesos para una de chapa y 50 pesos la de aleación.
Fuentes consultadas: Bojanich Competición, Avda. Hipólito Yrigoyen 1585 Morón, 4628-8987; Coscolla Neumáticos, Avda. Pte Perón 3337, 4667-2736.






