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Ahora que las rutas están siendo más transitadas, he notado varios sucesos que no terminan en desgracia porque debe ser cierto eso de que Dios es argentino.
Existen dos tipos de conductores que son los más peligrosos en el tránsito: los caprichosos y los denominados pisacolas.
El caprichoso es aquel que se instala sobre la izquierda y pretende que los demás conductores respeten su ritmo de marcha. Por supuesto no están ni enterados de que su auto tiene espejos retrovisores, o para que sirven, y no hay manera de hacerlos entrar en razón. Ni haciéndoles guiños con las luces ni señas al pasarlos finalmente por la derecha. Es más, seguramente será él el que se fastidiará y hará varios ademanes ofensivos al que se atreva a sugerirle que cambie de carril.
El pisacolas es tan peligroso como el anterior. También aspira a que se respete su ritmo, que generalmente es muy veloz. El siempre ambicionará que se le deje paso, sin que le importe la circunstancia de marcha; por ejemplo, cuando otro vehículo está realizando un sobrepaso.
El llegará, se instalará lo más cerca del baúl del auto que lo antecede y comenzará a hacer maniobras desenfrenadas (guiños de luces, volantazos, bocinazos, etcétera) hasta poder pasar a esos dos obstáculos que osaron atravesarse en su camino.
Un consejo: si se encuentra con uno o con otro, trate de alejarse lo más rápido posible de ellos. Porque estos conductores están dispuestos a realizar peligrosas maniobras que, a las velocidades de ruta, pueden terminar en graves accidentes.
Entendamos que en la ruta se encuentran vehículos de distintas características circulando a diferentes velocidades.
Tengamos una actitud responsable y en lugar de dificultar las acciones de otros conductores que no marchen a nuestro ritmo, hagamos lo posible para que todas las maniobras y situaciones terminen sin riesgo para nadie.






