
Le pasó justo a mi amigo Jorge, a quien conozco desde hace casi 20 años. Pediatra de profesión, no sólo es el médico de mis hijos, sino también un amigo al que aprecio y respeto. Entre sus cualidades se destaca el ser cuidadoso y prolijo, tanto en su vida profesional como personal. Lo que le pasó hace pocos días le puede ocurrir a cualquiera.
Con ilusión y esfuerzo, claro, decidió cambiar su auto y subirse, creo que por primera vez en su vida, a un 0 km. Poniendo en la balanza gustos y presupuesto, se decidió por un mediano que se fabrica en el país.
Entregó su auto como parte de pago, al que mantenía en excelente estado, y puso efectivo por el resto. Como suele suceder, su primera elección de color no estaba disponible; aceptó otro. Cumplido el papeleo y el pago, llegó el gran día. Allá fue mi buen amigo feliz al concesionario. Como acostumbran en muchos lugares, lo esperaba un empleado con cara feliz y el flamante modelo cubierto bajo un cobertor.
Ceremonia inútil y a la que pretenden darle una innecesaria emoción, el empleado descubrió el auto, su auto. Y si lo que buscaba el concesionario era sorprenderlo, lo consiguió y con creces. Pero no por despertarle una felicidad incontenible al comprador, sino por los rayones, sí rayones, que tenía el auto, 0 km por supuesto.
Pese a la insistencia del vendedor para que se lo lleve, el temple de Jorge fue más fuerte. Llamó a un familiar responsable de un concesionario, que llegó con expertos en chapa y pintura. Registraron cada uno de los rayones. Luego, siempre negándose a subir y llevárselo, dijo que volvería con un escribano para labrar un acta. El tema terminó con un tratamiento de teflón a cargo del vendedor.
¿Qué hacer si nos sucede algo parecido? Lo mismo que Jorge; no subirse y bajo ninguna circunstancia salir del local con el auto. Si fueron tan inescrupulosos como para querer darle el auto en esas condiciones, puedo imaginarme qué hubiese pasado de haber sacado el auto a la calle.
Es obligación del concesionario entregar el 0 km en perfecto estado. Si no es así, nunca se suba al auto; pida hablar con el dueño de la firma y si no tiene éxito llame directamente a las oficinas centrales de la marca. Sin olvidar, claro, que la presencia de un escribano puede ser su mejor defensa en una posterior demanda.






