
El nuevo vehículo de General Motors , fabricado en Brasil, ofrece una estética moderna, equipamiento base con aire acondicionado y CD , opcionales para personalizarlo y mecánica económica para competir en el segmento de los más chicos
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Es lógico. En épocas de vacas flacas (económicas), el precio es el principal argumento de venta de un automóvil 0 kilómetro. Allí está la punta de la madeja para comprender el renovado auge de lanzamientos, y consiguiente publicidad, de los modelos que componen el segmento de los más pequeños.
Pero el público de hoy tiene sus exigencias: no basta el precio, el modelo también debe incluir detalles de equipamiento, confort y mecánica para que resulte tentador.
En ese marco se inscribe el flamante Suzuki Fun, un auto urbano que, con el nombre de Chevrolet Celta, resultó un gran éxito de ventas en Brasil (donde fue diseñado basándose en la plataforma del Corsa) desde su lanzamiento en septiembre de 2000.
Antes de examinar las prestaciones del Fun, debemos detenernos en la estrategia de comercializción instrumentada por General Motors para posicionar el modelo ante rivales directos como el Volkswagen Gol Power 1.6, Ford Ka Tatoo, Fiat Palio Top y el inoxidable Fiat Uno.
Por un precio base de 17.300 pesos, este Suzuki ofrece de serie lector de CD y aire acondicionado. Pero el comprador puede conformar su combo a pedido, con una serie de opcionales que incluye: alarma con control remoto, levantavidrios eléctricos, cierre centralizado y otros elementos como baberos delanteros y traseros, alerón, dirección asistida, molduras laterales, llantas de aleación, faldones laterales, puntera deportiva del caño de escape, kit de protecciones de paragolpes, sticker en el parante central y tercera luz de stop. Tomando todos ellos, el precio del Fun asciende a 22.595 pesos.
Corazón urbano
Con una estética básica parecida a la del Corsa Classic de 3 puertas (eso sí, más moderna), aunque con las puertas redondeadas al estilo del Tigra y una trompa (bien lograda) con aires a la del Chevrolet Vectra, el Suzuki Fun probado por LA NACION, con todos los chiches mencionados, exhibe un diseño deportivo para cautivar a los más jóvenes.
Está equipado con el motor de 999 cc que traía el Corsa 1.0. Una planta motriz de 8 válvulas capaz de entregar 60 CV de potencia, que es más que suficiente, en conjunción con una caja de velocidades relacionada muy corta (lo que aprovecha mejor el empuje del propulsor), para mover al Fun con soltura en su ámbito natural: el tránsito urbano.
En la ciudad, la conducción de este auto es fácil y divertida (siempre que cuente con asistencia en la dirección, un opcional que vale los 1690 pesos que cuesta). Esto, más las reducidas dimensiones externas, permiten al Fun moverse con mucha agilidad. En ruta, en especial con vientos frontales o laterales, la falta de potencia se hace notar en las recuperaciones, lo que obliga a bajar algún cambio para obtener una respuesta adecuada y segura en los sobrepasos. El consumo, por la escasa cilindrada, es contenido, aunque la rumorosidad es bastante alta.
El comportamiento dinámico y el confort de marcha no merecen reproches: las suspensiones (McPherson y barras de torsión con brazos) cumplen su tarea con eficacia para sortear los desniveles de la calle. El Fun frena bien, gracias a su bajo peso (834 kg) y un eficiente conjunto de discos y tambores.
La posición de manejo es cómoda y la habitabilidad delantera, buena. Atrás, por las características del diseño, los espacios resultan reducidos y, además, las ventanillas son fijas. La capacidad del baúl, de 260 litros, está entre las mejores de la categoría (es apenas inferior a las del Gol y el Palio) y tiene un formato adecuado para almacenar la carga. Más allá de un interior espartano en su terminación y calidad de materiales (los costos en esto juegan un papel importante), el Suzuki Fun ofrece una mecánica probada en el andar urbano, además de un grado de personalización y un precio muy competitivos en un segmento en el que abundan las ofertas especiales.






