
Controles de velocidad que no ayudan a la seguridad vial
1 minuto de lectura'

Las cámaras de fotomultas teóricamente son para incrementar la seguridad vial, pero muchas de ellas hacen exactamente lo contrario. En especial las móviles, esas camionetas con un cinemómetro adentro, parapetadas en lugares semiocultos (árboles, guardrails, etcétera), que aprovechan una recta o curva con algún cartel que cambia (muchos de ellos sin mucho sentido) la velocidad máxima de la ruta o autopista. Al verlas, muchos conductores frenan bruscamente y en vez de evitar un accidente lo provocan. Todo sea por recaudar.
Ejemplo: la furgoneta que suele ubicarse (en días con poco tránsito) en la curva de Villa Roch (poco después del peaje de La Huella) en la RP 11, una curva amplia con gran peralte hacia la derecha… ¡que tiene un cartel de velocidad máxima de 80 km/h en la mitad detrás del guardrail externo! Obviamente, al ver la camioneta (¿a quién pertenece? ¿Al partido de Tordillo? ¿A la gobernación? ¿A la ANSV?) y el cartel todos frenan de golpe porque la máxima previa es de 110 km/h (¡el cartel de 80 debe estar antes de la curva!). Resultado: no hay más accidentes porque Dios, realmente, es argentino.
Otro tanto ocurre con varias cámaras fijas (Avda. Cantilo y otras) con impensados cambios de velocidad. Esto ocurría con la cámara en la Buenos Aires-La Plata, en Quilmes, que bajaba la máxima de 130 a 100 sin mayor explicación, que la semana pasada sacaron porque producía accidentes por las frenadas.
Así, entre el descontrol de los cinemómetros (debería haber un solo fiscalizador en todo el país: la ANSV); la cartelería confusa y mal ubicada, y las cámaras en lugares y horas propicias solo para labrar boletas (pocas están en sectores vitales), las fotomultas son un gran negocio que poco tiene que ver con la seguridad vial.





