
Se hizo famosa por protagonizar la contraofensiva contra los cascarudos de la serie protagonizada por Ricardo Darín; de dónde viene y cómo funciona
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Los pasajeros frecuentes del tren Belgrano Norte inflan el pecho cuando viajan bordo de un tren tirado por una vieja locomotora que se hizo célebre en la serie de El Eternauta.
Quienes viajan en ese tren que veces se transforma en una infernal carcasa de hierro y acero le dicen “el rojito”, y la verdad es que lo aman y lo odian. Lo odian sobre todo en verano porque se achicharran de calor: es un sauna rodante.

Lo aman porque corre rápido, es más veloz que cualquier tren metropolitano y la mayoría de las veces llega puntual; además, la formación tiene una onda vintage —como si estuvieras de viaje en India— y siempre otorga buenas vistas. Cuando bordea el Río de la Plata, mientras va ganándole a los autos en la Avenida Lugones, se pueden ver los aviones que despegan o aterrizan en Aeroparque.
Y claro, al rojito lo odian por todo lo demás: es tan ruidoso que no se puede hablar con nadie, ni por teléfono, o escuchar música, si no es con auriculares que cuenten con la función cancelación de ruido (noise canceling).

Como cualquier transporte público, adentro el albañil se hermana con el oficinista, el indigente con el pintor y la estudiante universitaria con el vendedor de ilusiones; bandidos, policías y otros seres del bien y el mal se mezclan en esta licuadora de acero. Olores y perfumes se fusionan y dan como resultado fragancias del averno.
El furgón es un capítulo aparte, un viaje hacia la anarquía literal, sin patrón y sin Estado. No es que valga todo, pero acá las reglas son distintas y no están escritas en ningún lado.
La locomotora de El Eternauta
La locomotora General Motors G22 E709 como la que aparece en la serie de Netflix es una de las veinte que opera la empresa Ferrovías en el servicio que une Retiro con Villa Rosa a través de 22 estaciones: transporta casi 100.000 pasajeros al día.

Esta máquina tiene más de medio siglo operativa y es una gladiadora invencible que todavía presenta batalla. Dentro de la cultura de los trenes la califican como el monumento a la resiliencia ferroviaria argentina.
El rugido de su motor es inconfundible, tanto como su cabina de comando. Su hubiera una secuela de la película Mad Max versión ferroviaria, la G22 sin dudas sería protagonista.

De acuerdo con el manual de operaciones de la locomotora G22 CU, fue diseñada y fabricada por General Motors en Illinois, Estados Unidos, desde 1967, como un producto de exportación de primera calidad.
Robusta y confiable se adapta a diferentes trochas y técnicas ferroviarias en otros países como Corea del Sur y Egipto. En Brasil se hicieron fuertes en las Divisiones Regionales Sur de la Red Federal de Ferrocarriles (RFFSA): cuentan que para trepar los cerros se han acoplado dos locomotoras que remolcan trenes pesadísimos, cargados de comida o combustibles. Su potencia es tan grande que puede arrastrar una formación de carga de alrededor de 70 vagones de 35 toneladas cada uno.

En Taiwán siguen operando, igual que en el norte argentino: es la máquina que tira el Tren de las Nubes, en la puna salteña.
Está montada para funcionar sobre una trocha angosta de un metro de ancho, el motor tiene 12 cilindros en V a 45° y una potencia de tracción medida en caballos de fuerza de 1500 HP. Es una verdadera bestia que puede desarrollar una velocidad superior a los 100 kilómetros por hora y cuando agarra la recta paralela a la Avenida Lugones, entre las estaciones Saldías y Ciudad Universitaria, se convierte sin dudas en el tren más rápido de la Argentina.

La locomotora G22 pesa algo más de 84 toneladas: lo mismo que un avión Boeing 737, tanto como una ballena franca austral de las más grandes o el equivalente a 20 pétalos de acero de la Floralis genérica que fue restaurada hace poco por el Gobierno porteño.
Otro dato para los nerds ferroviarios: apoyado sobre un chasis con 6 pares de ruedas, su motor es Diesel Eléctrico y carga 624 litros de aceite y 2840 litros de gasoil. Sus medidas son 3,84 metros de altura, 2,82 de ancho y 15 metros de largo. Dos locomotoras de estas pueden operar en tándem, como se ve en la serie, y esto “no afecta en grado alguno la operación”, dice el manual.

“Con excepción de la llave de arranque, que está ubicada en la sala del motor, cerca del frente del mismo, todos los otros controles que normalmente debe usar el maquinista están ubicados próximos a la posición de comando”, se lee.
Más datos para los fanáticos de los fierros viejos: el manual sostiene que el generador principal convierte la potencia mecánica que recibe del motor, en potencia eléctrica, la cual se distribuye luego a los motores de tracción a través de circuitos que establecen los distintos dispositivos ubicados en el gabinete eléctrico.

Cuando se estrenó El Eternauta y se vio a las dos locomotoras de Ferrovías en una secuencia épica, rodando desde el Conurbano hacia la Ciudad de Buenos Aires, en Facebook se publicó: “El Belgrano Norte salvando al país una vez más. Ya vieron “El Eternauta”? Y las redes se llenaron de comparaciones y comentarios.
“Si pasan los bichos (cascarudos) por los furgones los hacen a la parrilla”, escribió Virgilio Games en Facebook. “Me imagino los gringos creyendo que esas G22 son históricas y de dónde las habrán sacado... ni se imaginan que siguen puliendo los rieles luego de sus más de 55 años”, ironizó Juan Ignacio Leiva Kelly.
“Hay que destacar un detalle que no es menor: el ferrocarril Belgrano es a mi juicio el más argentino de todos, con apenas un metro entre rieles, supo llegar a 13 provincias argentinas donde nadie quiso ir con sus 15.000 km de red”, recopiló Hector Oscar Arostegui.
En la estación de Retiro, cuando las G22 están detenidas y aguardan el cambio de formación, debajo de la cabina del motorman puede verse una chapa remachada al filo del chasis con los datos de fabricación.
La mayoría son de producción estadounidense, pero otras son 100% argentinas, ensambladas bajo licencia General Motors.

Las chapas de las máquinas importadas dicen Electro-Motive Division – La Grange, Illinois, sede histórica de producción de GM-EMD. Fecha: 11-1971. La chapa nacional, por su parte, tiene estos datos: Locomotoras General Motors – Industria Argentina. Estas solían ensamblarse en Materfer (Ferrocarriles Argentinos) un poco antes y un poco después del año 1977.
Estas máquinas sobrevivieron a la decadencia del sistema ferroviario argentino y gracias a la habilidad y el ingenio de los ferroviarios que enfrentaron una nevisca mortal en los años 90, lograron superar la adversidad y se mantienen operativas.
“Si nos quedamos acá, estamos muertos. El tren es la única forma de pasar por encima de esa mierda”, decían los protagonistas de El Eternauta, refiriéndose a la barricada de cascarudos que cerraba el acceso a la Ciudad de Buenos Aires.

Sobrevivientes al desguace, potentes y confiables, las G22 fueron el vehículo perfecto para emprender aquella contraofensiva épica, una misión suicida con Juan Salvo y su pelotón a bordo un tren apocalíptico para derribar el bloqueo de los cascarudos.

Lo lograron, y la sensación de victoria se apoderó de todos: como los pasajeros del tren Belgrano Norte cada vez que llegan a Retiro.
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