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Vicente López

El Palacio Raggio, un tesoro escondido de Vicente López

Virginia Mejía
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12 de marzo de 2019  • 13:51

Caminar por sus jardines con esculturas o escuchar conciertos de música clásica en los salones del Palacio Lorenzo Raggio es una experiencia de otro tiempo, que remite a las elegantes residencias en las afueras de Buenos Aires de principios de siglo XX. Ubicado en lo alto de la barranca de la calle Gaspar Campos, en Vicente López, el castillo de estilo neoclásico se esconde tras un grueso paredón en declive. Quienes llegan desde otros barrios se preguntan a quién pertenecerá y pocos saben que encierra la rica historia de la familia Raggio, reconocida por su apoyo a la ciencia y al arte. Hoy, gracias al trabajo de los descendientes, el histórico sitio se mantiene en muy buen estado de conservación y está abierto a actividades culturales durante todo el año.

Hoy, el palacio es un museo
Hoy, el palacio es un museo Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

El palacio es museo de la Fundación Rómulo Raggio y se ubica en un predio de 5600 metros cuadrados y ubicado entre las calles Melo, Güemes y Gaspar Campos. La planta principal tiene unos 900 m cuadrados. Su historia se remonta a la ciudad colonial, de los virreyes, cuando don Juan Bautista Segismundo era propietario de una gran lonja de tierra en las afueras de la Capital, que se extendía aproximadamente entre las calles Lavalle y Melo, es decir el antiguo zanjón de Ibáñez, en la que es hoy la ciudad-partido de Vicente López. Uno de sus descendientes, Gregorio Esperón, hacia 1913, construyó en esas tierras un gran castillo o palacio renacentista de estilo arquitectónico italiano, en lo alto de la barranca, que fue admirada por todos los habitantes del pueblo de Vicente López durante años. En 1914, fecha de fallecimiento de Esperón, la obra fue vendida a don Lorenzo Raggio, quien murió 4 años más tarde.

Una joya de zona norte
Una joya de zona norte Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

"El primer Raggio en llegar a Argentina fue el genovés Andrés, a principios del 1800. Su hijo Lorenzo, mi bisabuelo, hizo fortuna con el rubro inmobiliario, y fue quien adquirió el palacio como casa de fin de semana para su familia", cuenta a la Nación Mario Raggio, director general de la fundación, durante una recorrida. Luego la propiedad pasó a su hijo mayor, Rómulo, quien modificó la estructura renacentista italiana original para convertirla al estilo francés.

En el jardín hay estatuas y árboles centenarios
En el jardín hay estatuas y árboles centenarios Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Por otro lado, Rómulo junto a sus cinco hermanos realizó obras benéficas a favor de la ciencia y la cultura. En 1924 donó a la ciudad de Buenos Aires las Escuelas de Artes y Oficios Lorenzo y María A. Celle de Raggio, hoy Escuelas Técnicas Municipales Raggio. "Tras fallecer Rómulo, mi padre, Miguel, crea la Fundación Rómulo Raggio en el año 1961 con el objetivo de promover las ciencias y el arte. En sus comienzos la casa alojó laboratorios de investigación en botánica y el 30 de agosto de 1983 se inauguró el Museo de Arte de la Fundación Rómulo Raggio, que Miguel dirigió hasta su fallecimiento en 2007" , cuenta Raggio.

Una de las entradas al palacio
Una de las entradas al palacio Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

El palacio fue declarado de interés municipal y la Cámara de Diputados de la Nación tiene intenciones de declararlo Patrimonio de Interés Nacional, agregó el descendiente, al tiempo que recordó momentos en los cuales él habitó la mansión, época en la cual incluso había en el jardín un molino para sacar agua. En su interior se destaca el comedor familiar, con esculturas de artistas italianos y argentinos. También se pueden visitar algunas salas que aún conservan las antiguas llaves de luz que se giran y el gran salón de música, coronado por un espléndido marouflage (lienzo pintado pegado a una pared) realizado por el artista francés Marcel Jambon, un decorador de teatros francés quien realizó las pinturas de la Opera de París y los teatros de la Comedia, el Odeón y otros recintos famosos en Francia. En nuestro país tuvo a su cargo el decorado del Teatro Colón.

El palacio tiene elegantes salones
El palacio tiene elegantes salones Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Además, en los tranquilos jardines que rodean el palacio se exhibe una interesante colección de obras de arte de todos los tiempos. También se pueden apreciar tipas, jacarandás y cedros, algunos de los cuales tienen más de 100 años.

Las quintas de Vicente López en el siglo XX

Otro de los salones
Otro de los salones Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Durante el siglo XX concluye el proceso iniciado en la segunda mitad del siglo anterior, es decir la división en lotes de las grandes chacras. Las quintas en lo que es hoy Vicente López, en su mayoría se hallaban de avenida Maipú hacia el río, y contaban con una residencia, generalmente utilizada como lugar de descanso en verano. Además del palacio Raggio, se creó el castillo del actual colegio Michael Ham y el chateau de la Quinta de Bosch sobre la barranca, que aún se conserva.

Delicados muebles de época
Delicados muebles de época Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Ese castillo y las tierras linderas son adquiridos para instalar allí otro colegio, el Highlands, Tierras Altas, que fundara y dirigiera hasta su fallecimiento May Nilson de Torres, madre del director de cine Leopoldo Torre Nilson. Más adelante, al abrir la calle Gaspar Campos se respetó el añoso ombú, que aún se encuentra allí, construyéndole una rotonda.

Una elegante sala de reuniones
Una elegante sala de reuniones Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

En la zona de Florida, una de las primeras quintas fue la de José Antonio Trabucco, quien donó a la parroquia de Nuestra Señora de la Guardia terrenos aledaños a su chacra, donde luego se levantaron la Escuela Parroquial Nuestra Señora de la Guardia, y el Instituto Ceferino Namuncurá.

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