El curioso caso del pintoresco barrio de calles estrechas que no cuenta con ningún espacio verde
Los vecinos de Villa Santa Rita reclaman una plaza propia, y ya estuvieron relevando terrenos vacíos donde podría existir una
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Cuando Sofía Rosa quiere llevar a sus hijos a la plaza, camina nueve cuadras desde su casa hasta la plaza de Villa del Parque. Tiene que salir con tiempo, para que la caminata no les reste tiempo de juego. “Si tenemos poco tiempo no vamos”, se lamenta. Dante y Rocío, de 6 y 3, años protestan porque para ir a la plaza tienen que salir del barrio. Lo mismo le ocurre a Guillermina Bruschi, que lleva a su hijo de cuatro años al Patio de la Ciudad, que le queda a ocho cuadras y también debe cruzar las fronteras de su barrio. Florencia Rosenthal camina con sus dos hijos hasta la plaza de Pappo, a 12 cuadras de su casa cuando quiere un poco de verde. Y Ofelia Palacio, de 73 años, desde que tiene problemas en las rodillas ya no va más a la plaza porque no puede caminar las siete cuadras de ida y vuelta que la separan de su casa. Ocurre que Villa Santa Rita es el único barrio porteño que no tiene su propia plaza.
Y este viejo reclamo de los vecinos parece haber cobrado nueva vigencia durante la pandemia, cuando los espacios verdes se convirtieron en un ámbito fundamental de encuentro y paseo de chicos y grandes.
Ahora, los vecinos están decididos a hacer oír su voz y desde hace varios meses organizan acciones para visibilizar su pedido. Hace un mes y medio, salieron en bicicleteada para relevar los terrenos vacíos e identificar posibles futuras plazas. Los siguientes fines de semana, organizaron conciertos y jornadas artísticas frente a los terrenos para concientizar a otros de sus vecinos sobre la posibilidad de que allí, donde hoy es un baldío, exista una plaza.

“No estamos pidiendo lujo, es una cuestión de salud pública, y un derecho de los vecinos. A tener espacio verde cerca. Según los criterios de proximidad de la Organización Mundial de la Salud, para las ciudades saludables, la cercanía a un espacio verde debería ser de 300 metros. En cambio yo tengo que hacer siete cuadras con un hijo de cuatro años. Y quienes viven en el centro del barrio tienen que caminar 15 o 20 cuadras”, apunta Bruschi, una de las vecinas que impulsan el reclamo.
“La OMS también establece la cantidad de metros cuadrados de verde que deben tener las ciudades saludables, que es entre 10 m² a 15 m². En la ciudad estamos en 6m². Y en Santa Rita estamos en cero”, agrega.
Villa Santa Rita alguna vez fue parte de Villa del Parque. Quizás es por eso por lo que muchos vecinos de la ciudad no la identifican y muchos de sus habitantes no tienen una fuerte identidad de barrio. Cuando les preguntan dónde viven, algunos dicen Villa del Parque, otros, Paternal, otros General Mitre y hasta Flores. Sin embargo, los vecinos históricos reivindican su terruño y hasta se definen como santarritenses.
“Este es un viejo reclamo del barrio que ahora tomó mucha fuerza. Con la pandemia, los parques y las plazas se volvieron fundamentales para los vecinos. Y cada vez que alguien de Santa Rita quiere un poco de verde tiene que salir de su barrio. Por eso, con un grupo de vecinos, decidimos impulsar nuevamente este reclamo. Esperemos tener respuesta”, dice Mariana Lifschitz, directora del periódico Vínculos Vecinales, de las comunas 10 y 11. El padre de Mariana fue quien fundó el diario hace más de 40 años. Y él decía que vivía en Paternal.
Según cuenta Lifschitz, durante la pandemia, los vecinos de Santa Rita se pusieron en acción como nunca. Organizaron distintas actividades para chicos y grandes. Por ejemplo, armaron un circuito artístico: relevaron a todos los artistas que viven en el barrio, delimitado por las calles Miranda, Álvarez Jonte, Condarco, avenida Gaona y Joaquín V. González. Después, les propusieron hacer actividades a la gorra o gratuitas para los chicos. Primero desde sus propias ventanas y más adelante, cuando se levantó la cuarentena más estricta, en la vereda, en las puertas de sus casas. Así, cientos de chicos participaron de actividades artísticas, desde clases de música, de pintura, conciertos de violín a interpretaciones de ópera. Durante el verano, también les organizaron distintas propuestas recreativas. Y de a poco, la conciencia de barrio fue creciendo entre los habitantes de Villa Santa Rita.
“Pero nos falta la plaza”, sintetiza Lifschitz. “Una plaza que sea verde, que tenga juegos y que esté en el barrio”, dice.

Desde el Gobierno porteño reconocen como legítimo el reclamo de los vecinos, que insisten en que incluso en los planos originales del barrio figuraban varias plazas que nunca se hicieron, pero que en cambio esas manzanas se destinaron a hacer viviendas municipales. “Estamos analizando diferentes posibilidades para poder llevar a la Legislatura. Además, estamos trabajando en la realización de una plazoleta de 600 m² en las calles Jonte y Elpidio González”, explicó un vocero del Gobierno porteño.
Sin embargo, a los vecinos no los conforma un plazoleta: ellos quieren una plaza o varias plazas con verde, donde sus hijos puedan jugar y ellos salir a tomar aire fresco. “Una cosa son las plazas verdes y otra las plazoletas secas. La plaza tiene una función social, además de lo ambiental. Nos pasa que pedimos plazas y nos ofrecen plazoletas. Y no nos alcanza”, apunta Bruschi.
Durante aquella bicicleteada, relevaron cinco posibles terrenos disponibles. Todos están entre casas, ya que no existen manzanas disponibles en la zona. Lo más parecido a una manzana que encontraron es el predio que ocupa el viejo Hospital Israelita, que pasó a manos del Gobierno de la Ciudad luego de que el centro de salud dejó de funcionar. “Ocupa el 70% de la manzana. Sería una posibilidad”, dice Lifschitz.
Otros tres terrenos vacíos que encontraron los vecinos son lotes de grandes dimensiones, a mitad de cuadra. Ya pidieron el informe de dominio, aunque quienes viven junto a esos predios dicen que están deshabitados desde hace años y que cada vez que piden que se fumigue contra el dengue o se desratice, el trámite demora años.

“Le pedimos a la Legislatura que impulse la expropiación de esos terrenos”, dice Lifschitz. Y aclara: “Expropiarlo significa que el Gobierno porteño paga a valor de mercado a sus dueños el terreno”.
Varios de esos predios permanecen abandonados por problemas de herencia o porque iban a ser destinados a la construcción de una torre pero los permisos no se aprobaron según las normas del Código Urbano vigente.
“También existe un proyecto en la Legislatura porteña que fue presentado hace años pero que perdió estado parlamentario”, cuenta. En noviembre del año pasado, la comunera Carolina Maccione volvió a presentar el proyecto de hacer una plaza en el terreno que hay en la avenida Álvarez Jonte, entre Cuenca y Granville, que tiene unos de 1600 metros cuadrados y salida por el pasaje Dantas. Allí, alguna vez funcionaron ahí canchas de paddle, un lavadero de autos y un estacionamiento. Y cuando se quiso edificar una torre de departamentos, el proyecto se paralizó porque la ley que protege a los pasajes en la ciudad impide que allí se levanten edificios de semejante altura.
Hace una semana y media, desde el Gobierno porteño se anunció la inauguración de la “plazoleta Santa Rita”, en la ochava de Elpidio Gonzalez y Álvarez Jonte, algo así como la triple frontera de Villa Santa Rita, Villa del Parque y Villa Mitre. “Esperemos que no lo quieran hacer pasar por una plaza. Es muy chiquita, no tiene espacio para juntarse, para que los chicos jueguen, ni para ir tomar mate ni nada. Y encima será en su mayor parte de cemento, así que tampoco aporta superficie absorbente ni metros de espacio verde”, apunta una vecina, indignada.
Varios informes del Gobierno de la Ciudad incluyen entre los espacios públicos de Villa Santa Rita al patio de juegos ubicado en Miranda y Álvarez Jonte, “lo que muchos vecinos consideran directamente ofensivo ya que carece de espacio absorbente, mientras que de verde no tiene más que el arbolado de alineación”, publica el periódico Vínculos Vecinales.
“Esperamos que esta vez se tomen en serio nuestro reclamo y que la respuesta esté a la altura de lo que los vecinos estamos pidiendo. Tenemos muchas ganas de que nos escuchen”, dice Bruschi.





