Pulseada entre dos modelos sindicales en tiempos burocráticos

Nicolás Balinotti
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24 de diciembre de 2014  

Cada vez más fallos de la Corte Suprema ponen fin a los privilegios de los gremios con personería y equipara derechos con los meramente inscriptos. En ese contexto, el Ministerio de Trabajo debía ser el juez de una disputa que lleva años: la representación de los t rabajadores del subterráneo metropolitano.

Sin embargo, la apelación de una de las partes involucradas retrasaría la definición, lo que empujó a los metrodelegados a lanzar una serie de paros cuyo final todavía es incierto.

La pulseada es entre la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro, en la que sus adherentes son llamados metrodelegados y comulgan mayoritariamente con la izquierda, y la Unión Tranviarios Automotor (UTA), el legendario sindicato con prosapia peronista.

Los metrodelegados, surgidos en 2008, recurrieron al Ministerio de Trabajo para obtener la personería gremial, el aval que los legitimaría a sentarse a la mesa para negociar salarios con Metrovías, la empresa que administra la concesión. Este poder, desde siempre, lo conserva de manera exclusiva la UTA.

Legalmente, la disyuntiva debería resolverse con una compulsa, con el ministerio que encabeza Carlos Tomada como fiscalizador. Debería ser un trámite sencillo: echar un vistazo a las planillas de Metrovías y cotejar quiénes están afiliados a unos y quiénes a otros. Desde los dos sectores en pugna hay diferencias en cuanto a las cifras. Para los metrodelegados, de un total de 3024 empleados, unos 2200 estarían en su organización. La UTA, en cambio, sostiene que cuenta con 1300 afiliados.

Si bien la UTA reconoce su inferioridad, no está dispuesta a ceder. Judicializó la disputa por lo que la compulsa se volvería a dilatar, quizá durante todo 2015.

"Si la Justicia decide ir a la compulsa, iremos. La pelea es hoy ideológica: la izquierda y el trotskismo contra la UTA y el sindicalismo clásico", dijo Mario Calegari, el vocero de los colectiveros de la UTA.

El jefe de la UTA es Roberto Fernández. Estuvo aliado a la CGT oficialista, pero hace un año tomó distancia y se sumó al sindicalismo opositor, tentado por Hugo Moyano y Luis Barrionuevo. Fernández, que hace poco pidió 50% de aumento por la inflación, mantiene una relación tensa con el Gobierno a pesar de que el transporte de colectivos urbanos fue en 2014 el sector más beneficiado con subsidios del Estado nacional, a través de los Repro (17.647 afiliados de la UTA lo recibieron).

La interna por la representación de los trabajadores del subte tuvo su máxima tensión en 2012, cuando una huelga de los metrodelegados se extendió durante diez días. Aquella vez, los paros amenazaban con ser una insoportable rutina para los porteños. Esa misma sensación vuelve a estar latente en las postrimerías de 2014.

El conflicto de 2012 ayudó a desnudar los intereses políticos de quienes guían a los diferentes sectores. La mayoría de los metrodelegados milita en la izquierda y plantea que, como nunca, le están disputando espacios al peronismo en el movimiento obrero. Sin embargo, su cúpula tuvo en 2012 un viraje hacia el kirchnerismo: Roberto Pianelli milita desde entonces con Martín Sabbatella y está enrolado en la CTA de Hugo Yasky. Mientras que Néstor Segovia se alineó en el partido Miles, de Luis D'Elía.

Las bases de los metrodelegados rechazan lo que llaman la "burocracia sindical". Ponen dentro de esa bolsa a Fernández, el líder de la UTA, que supo ser menemista, fue kirchnerista y mantiene una buena relación con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.

El conflicto, sobre todo, refleja el enfrentamiento bajo tierra de dos modelos sindicales. El ímpetu combativo de las bases contra las organizaciones de antaño, siempre más pragmáticas y verticalistas.

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