Un millón de computadoras que se tiran a la basura

Cada porteño produce 7 kg de residuos electrónicos al año; sólo un 10% de ese total se recicla
Laura Rocha
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7 de septiembre de 2012  

Diez millones de teléfonos celulares fueron a la basura durante 2011. Un millón de computadoras y otro millón de impresoras tuvieron el mismo destino. Para este año se calcula que serán casi dos millones las computadoras que quedarán fuera de servicio. Cada habitante de la ciudad de Buenos Aires -algo así como tres millones de personas- generó siete kilos de basura electrónica. Y lo grave es que nadie sabe qué hacer con ella.

Este tipo de residuos se han convertido en un problema, especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde lo que marcha al container de la esquina o al desván suma unas 20.000 toneladas por año. Para darse una idea, el promedio del país alcanza los 3 kg por año.

La situación se torna más preocupante si se tiene en cuenta que, a pesar de que la renovación tecnológica y su consumo son cada día más vertiginosos, la política respecto de este desafío ambiental está ausente en la Argentina.

Alrededor de la mitad de estos desechos quedan apilados y olvidados en oficinas, hogares, entes públicos o depósitos; más del 40% se entierra o se descarta en basurales y rellenos, y apenas el 10% ingresa en esquemas informales o formales de gestión de residuos, según un informe realizado por la filial local de Greenpeace. "Esto representa un derroche de recursos que podrían recuperarse, además de una alta fuente de contaminación", destaca el documento.

Si bien el celular, el monitor o la PC no contaminan mientras están almacenados, cuando se mezclan con el resto de la basura y se rompen, esos metales tóxicos se desprenden y provocan daños ambientales.

Es por estas razones que ayer Greenpeace reclamó por una norma que se debate en el Congreso desde hace cuatro años. "La basura electrónica es la porción más tóxica de los residuos y la que más rápido está creciendo. Existe un proyecto de ley para dar tratamiento adecuado a este tipo de basura y los diputados no la debaten, a pesar de la urgencia", señaló Consuelo Bilbao, coordinadora de la Unidad Política de Greenpeace, quien señaló que en 90 días perderá estado parlamentario la iniciativa.

Es por eso que la ONG convocó a la ciudadanía a comunicarse al (011) 4000-5580, el "teléfono rojo" de Greenpeace. Las llamadas son derivadas directamente a los despachos de los diputados que deben dar tratamiento al proyecto.

José Barrera está al frente de la cooperativa La Toma del Sur, que funciona en Dock Sud en Avellaneda. Desde 2007, junto a otras 20 personas, trabajan recuperando y reparando computadoras usadas para luego armar aulas de computación en escuelas y comedores del distrito.

"Este año habrá 1.850.000 computadoras que salen del mercado por obsoletas. Hoy no hay una ley que establezca qué hacer con esos residuos. Es necesaria una norma que ordene la actividad", dijo a LA NACION.

La recuperación de computadoras y el armado de aulas virtuales también los han realizado en otros municipios: "Ya reciclamos PC para Quilmes y ahora estamos trabajando para proveer al municipio de Olavarría", agrega Barrera, que explica que los operarios se capacitaron y estudiaron para poder hacer la tarea. "Empezamos como cartoneros, pero ahora nos perfeccionamos", agregó.

Lo que no se puede recuperar, como las placas de las computadoras, lo entregan a Silkers, una de las tres compañías que realizan esta actividad en el país.

Las plaquetas que están dentro de las CPU de las computadoras tienen metales como plata, oro, cobre, aluminio y tierras raras. Estas últimas, compuestas por una serie de metales, son utilizadas para fabricar productos de alta tecnología, como pantallas de LED, componentes para autos, imanes y baterías recargables, entre otros. China, varios países europeos y los Estados Unidos se disputan este mercado para la fabricación de estos aparatos.

Esto significa que los residuos eléctricos y electrónicos tienen un alto valor económico. Sin embargo, la industria del reciclado de minerales por este medio no cuenta con una legislación para su promoción, como sí goza la minería tradicional. Según las empresas que realizan este tipo de recuperación, el 2% del material que reciben puede ser exportado. El problema es que la mayor parte de esta basura va a parar a los rellenos sanitarios.

El problema con este tipo de residuos es global. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) calcula que anualmente se generan hasta 50 millones de toneladas de aparatos electrónicos que son desechados.

Según ese trabajo, el material desechado contiene más de 700 elementos, como plomo, cadmio y litio, la mitad de ellos, nocivos para la salud.

Del editor: por qué es importante.

Legislar sobre basura electrónica sería una oportunidad para que el Estado muestre en los hechos la modernidad que declama.

OTROS PUNTOS DE RECUPERACIÓN

La Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata realiza, junto al gobierno bonaerense, la iniciativa E-Basura, y cuenta con más de cuarenta voluntarios, alumnos y docentes, para trabajar con una escuela de oficios y jóvenes de cooperativas.

La Asociación Civil Centro Basura Cero, situada en Saladillo y Roca, de la ciudad de Buenos Aires, también recicla este tipo de residuos. Además, recupera computadoras.

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