"Vecinos verdes", a la defensa de la costa
En los últimos dos años, habitantes de al menos diez partidos del conurbano bonaerense encabezan protestas por el espacio público
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"Cuando me enteré de que estaban talando el bosque, al que iba desde chica, me puse a llorar. Y no lo dudé: salí a protestar para evitar que este lugar tan importante para mí no desapareciera. Y hoy es mi lucha y la de los vecinos." Romina Rocca es una estudiante de Ciencias Políticas, de 25 años, que transita el último tramo de su carrera en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Vive desde pequeña en San Isidro, y solía tomar mate con sus amigos en ese predio, cuya fisonomía fue cambiado por algunas topadoras hace algunos meses. Algo que la llevó a movilizarse y a formar forma parte de la asamblea Bosque Alegre, que busca preservar un extenso espacio natural, a orillas del Río de la Plata, donde el municipio autorizó la construcción de un complejo deportivo.

Romina, como tantos otros vecinos, es parte de este fenómeno social que explotó en los últimos dos años en por lo menos diez localidades del conurbano bonaerense: los "vecinos verdes", título que se han ganado activos hombres y mujeres con un perfil luchador y con una fuerte vocación comunitaria en defensa del medio ambiente en los márgenes de ríos y lagunas. De hecho, esta decena de asociaciones conformaron un espacio denominado Intercuencas ( www.espaciointercuencas.blogspot.com.ar ), en el que las distintas causas vecinales confluyen en un reclamo común: se oponen a la tala de árboles, a la destrucción de humedales y a la desaparición de los espacios naturales.

Los "vecinos verdes" reúnen similares características: la mayoría no tiene militancia ambiental previa; planifican convocatorias por las redes sociales y llegan a cientos de vecinos; proponen movilizaciones curiosas para llamar la atención de la prensa y golpean, con insistencia, la puerta de los despachos de los máximos referentes de los municipios.
Los convoca el cuidado de los espacios naturales, y para una gran mayoría, éstos "corren peligro", según afirman, por el atractivo que los terrenos tienen para el desarrollo inmobiliario. O simplemente por su abandono o descuido.
Liliana Leiva tiene 56 años, es apicultora y vive en Tigre. Ella lucha porque se conserve un predio lindero al Delta, donde quiere realizarse un emprendimiento inmobiliario. "La conciencia la adquirí al ver cómo las actividades que desarrollamos los seres humanos en muchos casos tienen consecuencias destructivas para la naturaleza. A pesar de que hemos sufrido amenazas y procesamiento contra algunos compañeros de nuestra organización, y también persecución por parte de las autoridades municipales de Tigre, no sentimos temor. Sentimos que nuestra protesta es genuina", cuenta Liliana.
Marcha conjunta
Además de Tigre y San Isidro, se inscriben distintas asociaciones que han ganado notoriedad por la defensa de predios en Vicente López, Avellaneda, Aldo Bonzi, Bernal, Quilmes y Monte Grande, entre otros (ver infografía). Un mes atrás, muchos de ellos se concentraron en el Obelisco de la ciudad, con una consigna: "Defendamos la costa, a toda costa". Marcharon desde el Norte y desde el Sur y hasta el ícono porteño.

"Hay una falta total de planificación en el Estado que hace que se fomente la desmesura de los intereses económicos, la negligencia; la incompetencia de los gobernantes de turno. Si bien la sociedad nos apoya, son pocos los vecinos que hoy toman esta iniciativa activa", dice Javier Pecot, de 47 años, vecino de Bernal que quiere que se preserve los humedales linderos al río, donde ya está en marcha un emprendimiento inmobiliario. "Viví toda la vida en Bernal y éste es mi barrio. Y lo cuido como mi casa", dice Pecot.
Martín Farina, de 26 años, estudió Paleontología en la Universidad de Buenos Aires, y es colaborador en el Museo de Ciencias Naturales. Este joven vecino, que es adiestrador de perros, desde chico se interesó por la protección del medio ambiente. "Desde que era muy pequeño, tenía especial interés en las causas ambientales. Cuando me enteré de que corrían peligro los humedales de la laguna de Rocha, comenzamos a reunirnos con vecinos y salimos a cuidar una zona natural amenazada con varios proyectos que hoy no se concretaron", dijo Fariña, que vive en Monte Grande. Y agregó sobre los logros que consiguieron: "En mayo de 2010, gracias a varias intervenciones públicas, se logró revertir la zona industrial de 2008 y quedó la laguna en el estado inicial. También frenamos, en dos oportunidades, el cultivo ilegal de soja, que traía aparejada una violenta fumigación sobre barrios densamente poblados".
En todos los distritos ribereños agrupados en foros y asambleas barriales, los vecinos tienen contacto directo con los funcionarios: se reúnen con ellos y les presentan proyectos alternativos a los planes oficiales para preservar el medio ambiente.

Pero sus reclamos no cesan: inodoros de papel gigantes, peces de cartón, árboles cubiertos por telas negras como señal de luto son parte de las llamativas protestas, en las que hombres y mujeres van en busca de la preservación de selvas nativas y bosques linderos a ríos y lagunas.






