
Agorafobia, el temor desmedido a un encierro sin escapatoria
Según indican las estadísticas internacionales, la padece una de cada 20 personas
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En las ciudades griegas, el ágora era la plaza del mercado. Hoy, para la psiquiatría, la agorafobia es una enfermedad caracterizada por la aparición de miedo y ansiedad excesivos e irracionales en una persona que se encuentra en lugares o situaciones donde siente que escaparse podría resultarle difícil, o que le sería imposible disponer de ayuda en caso de sufrir una crisis de pánico.
"En el 95% de los casos la agorafobia es consecuencia de otra patología muy frecuente, el trastorno de pánico, configurando ambas el denominado espectro pánicoagorafóbico", afirma el doctor Alfredo H. Cía, médico psiquiatra coordinador de la Sección de Trastornos de Ansiedad de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL), y autor de Estrategias para superar el pánico y la agorafobia .
Diferentes estudios indican que el porcentaje de personas afectadas de por vida por la agorafobia, en la población general, es de alrededor del 5 por ciento. Esto implica que una de cada 20 personas padece la enfermedad.
Jóvenes y mujeres
¿Qué siente un paciente con agorafobia? "Que ante una eventual crisis o ataque de pánico no podrá recibir ayuda. También teme encontrarse en una situación sin escape, o de encierro."
Según explica el doctor Cía, "la persona con agorafobia tiende a evitar alejarse de los lugares que considera seguros, como su hogar, y si lo hace se siente incómoda o necesita ser acompañada por alguien que considere protector. En algunos casos más graves, tampoco puede permanecer solo en su casa".
Al comienzo de la enfermedad, el lugar que suele evitar es aquel donde tuvo la primera crisis.
"En la mayoría de los casos, el temor suele generalizarse a otras situaciones y los medios y lugares que resultan más temidos son aquellos de los que resulta difícil escapar en caso de sentirse mal, como el subte, el tren, el barco, el avión, los puentes, los túneles, los teatros, los estadios y los shoppings -cuenta el especialista-. El enfermo prefiere los vehículos en los que puede modificar o controlar el trayecto, como un auto propio, remise o taxi, para acceder mejor a un lugar seguro si se descompone".
El doctor Cía realizó un estudiosobre 100 pacientes con agorafobia en el que se detectó que los temores, en orden de mayor a menor, incluían el miedo a permanecer en lugares muy concurridos (93%), al ataque de pánico (91%), a sentirse solo, desamparado (90%), a los cambios o a lo desconocido (84%), a las esperas (82%), a alejarse de los lugares considerados seguros (76%), a los lugares abiertos (70%).
La edad típica de comienzo de la agorafobia es entre los 25 y los 30 años, y 3 de cada 4 afectados son mujeres. La evolución y las complicaciones son variables, pero tiende a ser una enfermedad de curso fluctuante y crónica.
"Hay amplias evidencias de que la enfermedad tiene una tendencia familiar, en la que influyen tanto factores genéticos como de aprendizaje infantil", afirma el doctor Cía.
Las conductas de reaseguro para un agorafóbico abarcan desde buscar un acompañante hasta identificar vías de escape en lugares cerrados, o llevar consigo algún fetiche, medicamentos, botellas de agua o números telefónicos de servicios de emergencias.
En cuanto al tratamiento, "en las dos últimas décadas se han obtenido avances considerables. Incluso en los casos más graves, en los que las personas no salen de su casa desde hace años, puede lograrse una recuperación completa. Para eso se necesita un tratamiento integrado, que incluye medicaciones específicas combinadas con una terapia cognitiva-comportamental".
Una vez efectuado el diagnóstico correcto, el cual se realiza con la entrevista clínica, "el primer paso es ofrecer una explicación amplia al paciente y a sus familiares acerca de cuál es su enfermedad, sus posibles causas y consecuencias, y los recursos terapéuticos actualmente disponibles, en una intervención psicoeducativa, con lo que se le brinda un alivio inicial a su problema".
Actualmente se considera que un tratamiento integrado es el más efectivo y el que ofrece mejores resultados para la recuperación de la mayoría de los pacientes
Agrega el especialista que la crisis que vive el país ha influido en la aparición de síntomas ansiosos y depresivos y en el agravamiento o reactivación de enfermedades preexistentes.
"Entre los desencadenantes del trastorno de pánico con o sin agorafobia, se encuentran los factores de stress acumulados en los meses previos al inicio de la enfermedad, combinados con una sensación por parte del paciente de sentirse sobrepasado por los mismos. Estas condiciones se presentan con altísima frecuencia en el contexto actual, con un aumento en la incidencia de estas patologías", advierte el psiquiatra.
Los Síntomas
Miedo: a sentirse solo, desamparado, desprotegido y sin ayuda ante un ataque de pánico.
Más miedo: a estar alejado de lo seguro, o a encontrarse en una situación sin escape.
Claustrofobia: es frecuente que los pacientes con agorafobia presenten síntomas claustrofóbicos.
Un mal antiguo y tratable
"Ya en 1870 el psiquiatra alemán Westphal utilizó el término agorafobia para definir un temor muy particular que sufrían algunas personas cuando se alejaban del hogar. Este médico observaba que las personas comenzaban a tener una serie de síntomas físicos que las obligaba a regresar a sus casas, donde se sentían mucho más seguras", afirma el doctor Gustavo Bustamente, vicepresidente de la Fundación Fobia Club.
Lejos de las épocas en las que los tratamientos eran limitados "hoy, el paciente agorafóbico tiene esperanzas".
El cuadro fóbico "es un padecimiento crónico pero con muy buen pronóstico", subraya el especialista.





