
Alergias
Lo que hay que saber sobre prevención, diagnóstico y tratamiento de las alergias estacionales que afectan al 20% de la población durante los meses de la primavera
1 minuto de lectura'
La primavera es la estación del amor y de la alergia. Ojos llorosos, narices rojas, congestión, estornudos y picazón están a la orden del día en estos meses. Es que los cambios de temperatura, el súbito estallido de la naturaleza y la realización de actividades al aire libre característicos de esta estación son el marco ideal para que los alérgicos sean víctimas de una amplia gama de síntomas, que incluye tanto simples molestias como cuadros más severos.
Durante los meses de primavera y verano florece la mayoría de las especies vegetales que poseen flores. Es la época de la polinización, proceso por el cual el polen viaja de flor en flor con fines reproductivos; esta polinización puede ser mediada por insectos o por el viento. Cuando el polen al ser arrastrado por el viento inunda la atmósfera -lo que sucede precisamente en estos meses- da lugar a múltiples trastornos alérgicos.
El cuadro más característico de la alergia al polen es la rinitis o resfrío alérgico que consiste en la inflamación de la nariz, de la membrana mucosa que la tapiza y de los senos paranasales, acompañada de estornudos repetidos y mucosidad acuosa. También es habitual la conjuntivitis con enrojecimiento y picazón oculares y lagrimeo, y con menor frecuencia las dificultades respiratorias, tos y crisis de asma.
Guía de especies peligrosas
"No todos los pólenes son alergenos", explica el doctor Samuel Azar, coordinador de la Red Alergológica del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, sólo el 10% de las especies botánicas de nuestro país es alergénico. Si bien la gente asocia polen con las flores tradicionales, son los pólenes de flores pequeñas e insignificantes los que traen mayores problemas.
Las flores hermosas y de vivos colores no suelen provocar alergias porque su polen, grande y viscoso, es transportado artesanalmente por insectos en cantidades pequeñas. De hecho, los pólenes que más sensibilizan son los de árboles, gramíneas y plantas compuestas.
Entre los árboles, los pólenes más alergenos son los del plátano, el tilo, el arce, el álamo, el ciprés, el liquidámbar y el eucaliptus. El período de polinización es muy acotado en los árboles, no dura más que un mes.
En cambio, son mucho más intensos los efectos de las gramíneas, cuyo polen permanece en el aire desde fin de septiembre hasta enero. La caña y el bambú, que polinizan de enero a abril, también son muy alergénicas. Entre las plantas compuestas, las malezas se cuentan entre las más molestas.
Los días en que el viento sopla fuerte, los síntomas de los pacientes alérgicos empeoran, al igual que en horas de la mañana y del atardecer, cuando se produce la mayor concentración de polen en el aire.
Lo asmáticos son un grupo que puede ver recrudecer sus síntomas, aunque en menor medida que durante el invierno ya que, como explica el doctor Daniel Colodenco, jefe de Alergias del hospital María Ferrer, "la alergia afecta más a las vías respiratorias superiores que a los bronquios, que es el órgano comprometido de los asmáticos".
Sin embargo, la exposición a los pólenes puede desencadenar un ataque de asma, especialmente durante las tormentas eléctricas "porque éstas fragmentan los granos de polen, que entonces acceden a los bronquios".
Piel, otra zona de riesgo
A partir de septiembre, la piel de las personas alérgicas se transforma en una zona de riesgo. A medida que nos adentramos en la temporada estival, tienden a disminuir las alergias respiratorias y se incrementan las cutáneas, debido a la vasodilatación provocada por el aumento de la temperatura y la mayor exposición al sol.
Los baños de sol agravan el eccema y generan la llamada urticaria solar, caracterizada por la aparición de ronchas que desaparecen entre 30 y 60 minutos después de apartarse de él. Raramente se complica, pero es importante diferenciarla de la llamada erupción polimorfa solar, en la que los síntomas duran varios días aun sin el estímulo luminoso.
En ciertas personas, los alergenos transportados por el aire también aumentan el riesgo de la dermatitis atópica, "una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, muy pruriginosa, que se suele acompañar de manifestaciones respiratorias, de origen alérgico", explica el doctor Jorge Máspero, director científico de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. Esta enfermedad es más frecuente en niños, como una picazón que deriva en una erupción. En los adultos suele aparecer en los pliegues de las rodillas y codos.
Pero hay otro peligro mucho más serio que acecha a los alérgicos durante el estío: el de ser picado por insectos como la abeja, la avispa y la hormiga colorada, lo que ocasiona síntomas que oscilan desde simples ronchas hasta el shock anafiláctico, una reacción alérgica generalizada que requiere tratamiento de urgencia.
Como muchos de estos insectos son buscadores de néctar, para evitar que ataquen los especialistas recomiendan parecer y oler como una flor; es decir, no usar ropa de colores brillantes o perfume al aire libre.
"La alergia es una patología crónica que debe ser controlada con periodicidad -dice el doctor Azar-. Lo importante es saber a qué se es alérgico y hacer el tratamiento adecuado."
Tratamientos
Como medidas preventivas, se recomienda efectuar cambios en el medio ambiente: usar aire acondicionado con un buen filtro; no tener mascotas; eliminar o lavar con frecuencia muñecos de peluche; pasar la aspiradora por colchones y almohadas; cubrirlos con fundas plásticas o antialergénicas; lavar la ropa de cama en agua caliente semanalmente; no usar almohadas de plumas; preferir pisos de madera a las alfombras; al usar la aspiradora, colocarse mascarillas...
En cuanto al tratamiento farmacológico de la alergia, éste se basa habitualmente en jarabes o pastillas de antihistamínicos y corticoides cuando el caso lo requiera.
En casos de rinitis -que según cifras oficiales afecta al 12% de la población- es muy importante evitar la autoadministración de gotas nasales que tienen vasoconstrictores en su composición, porque generan fármacodependencia y a largo plazo son la causa de las rinitis y no su cura.
Con respecto a las reacciones cutáneas provocadas por el sol, es importante reparar en el tipo de protectores, pantallas o bronceadores que se utilizan. Algunas pueden fomentar las manifestaciones alérgicas. Siempre hay que emplear sobre la piel productos hipoalergénicos. El uso de emolientes después del baño es importante para mantener la hidratación y prevenir la irritación.
Los eccemas y urticarias se tratan en forma local con antipruriginosos para aplacar la picazón y también con cremas antialérgicas con corticoides. Para el control de la dermatitis atópica, se emplea un inmunomodulador no esteroideo.
Cuando se padece de alergias graves a los insectos, hay que evitar estar solo al aire libre en zonas de riesgo y aplicarse adrenalina inyectable en caso de ser atacado. Ante una picadura de abeja, hay que quitar el aguijón y el saco del veneno dentro de los 30 segundos para evitar recibir más veneno, raspando rápidamente con la uña. Nunca hay que apretar el saco, pueso inyecta más veneno dentro de la piel. Los avispones y avispas no dejan comúnmente sus aguijones.
Por último, en cuanto a las picaduras de las hormigas rojas, éstas deben ser vigiladas para evitar que se infecten.
Las pruebas de alergia
"Todo aquel que tiene una historia clínica presuntiva de alergia y antecedentes familiares debería someterse a las pruebas de alergia", recomienda el doctor Máximo Soto, médico de planta del Servicio de Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas, donde éstas se realizan sin necesidad de turno previo.
Dichas pruebas consisten en aplicar en forma intradérmica en el brazo cantidades mínimas de alergenos para determinar si el individuo es sensible a ellos. La aparición de enrojecimiento o ronchas luego de la aplicación indica que la reacción es positiva. Una batería estándar se realiza en tres sesiones en las que se testean los principales grupos alergénicos: alimentos, inhalantes y hongos, a razón de 15 "pinchacitos" por día. Dentro del grupo de inhalantes (plátano incluido) se testean los ácaros y la cucaracha, que según cuenta Soto "dan un 80% de respuestas positivas".
Por otro lado, "en Capital Federal, 120.000 personas son alérgicas a los murciélagos". Si la prueba de inhalantes es positiva entonces se testea las gramíneas, las malezas y 60 especies más de plantas.
Según proyecciones estadísticas, se estima que más de un 30% de las personas tiene una o más pruebas de alergia positiva, mientras que un 20% manifesta síntomas alérgicos.






