
Chicos que vencen límites
Padecen discapacidades, pero aprenden a ganarse la vida
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Gerardo tiene 19 años y está ahorrando plata para comprarse una bicicleta. "Una bici con dos asientos -aclara- para llevar a pasear a mi novia o a mis amigos."
Gerardo tiene síndrome de Down y está feliz: por primera vez en su vida recibe una recompensa por su trabajo. Un par de veces por semana atiende el stand de venta de plantas aromáticas orgánicas que la Fundación IPNA ha montado en el Shopping Abasto de Buenos Aires como parte de un proyecto más amplio para la integración y la inserción laboral de jóvenes con necesidades especiales.
"La misión de este stand es mostrarle a la sociedad la producción de estos jóvenes e integrarlos a la comunidad -explica a LA NACION el licenciado Jorge Goldman Franco, presidente de la Fundación IPNA-. La comercialización de estos plantines es, a su vez, el eslabón final de una cadena productiva de la que participan otros jóvenes discapacitados."
En el hogar que esta fundación ha levantado en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, alrededor de 150 jóvenes de la zona con necesidades especiales fueron capacitados en tareas frutihortícolas. Son justamente las plantas aromáticas allí cultivadas las que puede adquirir todo aquel que se acerque al stand de IPNA en el Abasto.
Una asignatura pendiente
Este proyecto nació en 1998, recuerda el licenciado Goldman Franco. "Estábamos realizando tareas comunitarias con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y el representante de ese organismo en la Argentina nos preguntó qué querríamos hacer en el futuro."
La respuesta no se hizo esperar. "La asignatura pendiente es responder una pregunta básica que todos los padres de estos chicos se hacen en algún momento de su vida, le contesté: ¿qué va a ser de mi hijo cuando yo no esté? Me encantaría decirles a los padres de los chicos que concurren a IPNA que ese día la institución se podrá hacer cargo de su cuidado."
Así fue como, con financiamiento del BID, la fundación logró construir en Cañuelas un hogar para albergar permanentemente a 24 personas. Pero cuando el edificio estuvo terminado, la imposibilidad de ponerlo en funcionamiento por falta de apoyo económico constante llevó a quienes dirigen IPNA a darle la forma de un centro de capacitación para chicos de la zona con necesidades especiales.
"Durante el año pasado trabajamos en la capacitación en tareas frutihortícolas de 150 jóvenes que aprendieron cómo sembrar y cuidar la germinación de las plantas -cuenta Goldman Franco-. El problema es que en estos planes suele haber mucha capacitación y luego poca inserción laboral."
Pero éste no fue el caso. "Nos dimos cuenta de que teníamos un producto para ofrecer, que eran los plantines de hierbas elaborados completamente por nuestros chicos. Ahí fue donde nos pusimos en contacto con la gente del Shopping Abasto."
Gracias al apoyo del Abasto, que cedió sin costo un lugar en el nivel cero del edificio; al de la empresa Spinazzola, que realizó gratuitamente una campaña publicitaria, y al del Banco Hipotecario, el stand de IPNA funciona desde hace un mes con un éxito "inesperado" para sus mentores.
"La receptividad de la gente que lo visitó ha sido inmejorable -comenta Goldman Franco-. Cuando se enteran de que los plantines son productos de los chicos se interesan mucho por el proyecto."
En busca de continuidad
El próximo paso será incorporar al stand la venta de dulces caseros que elaboran quienes concurren a esta fundación. La expectativa principal, dicen, es la continuidad de este microemprendimiento.
"Queremos demostrar que se puede confiar en estos pibes y que están capacitados para llevar adelante proyectos de este tipo", afirma Goldman Franco.
"Estos jóvenes tienen por primera vez la posibilidad de participar de un emprendimiento en el que sienten que tienen algún tipo de devolución, que se pueden ganar unos pesos -agrega-. Y aunque lo que ganen sea poco, para ellos es muy simbólico, pues hasta ahora jamás obtuvieron ningún beneficio de su trabajo."
Juan Carlos, papá de Gerardo, confirma el valor de esta experiencia. "No te imaginás la alegría que tenía Gerardo el día que volvió a casa con el dinero que había ganado por su trabajo" dice, entre lágrimas también de alegría.
Los teléfonos de la Fundación IPNA son (011) 4431-3572 y (011) 4433-2155.






