Científicos descubren el vínculo entre una bacteria del intestino y el deterioro cognitivo
Un estudio internacional identifica un mecanismo que conecta el envejecimiento gastrointestinal con la pérdida de funciones cognitivas en ratones; descubrí de qué se trata
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Un equipo de científicos identificó que cambios en la microbiota intestinal y la inflamación gastrointestinal pueden contribuir al deterioro de la memoria, lo que abre vías para futuros tratamientos centrados en la conexión intestino-cerebro.
Investigadores de centros estadounidenses y europeos encontraron evidencias de que la pérdida de memoria podría estar vinculada a alteraciones en el intestino. El estudio, publicado este miércoles en la revista Nature, sugiere que la inflamación gastrointestinal y los cambios microbianos afectan directamente la función cognitiva.
Tres hitos hacia la pérdida de memoria
El trabajo describe un mecanismo en tres fases. Primero, el envejecimiento intestinal provoca cambios en la microbiota y el metabolismo. Segundo, las células mieloides del intestino detectan estas alteraciones y generan una respuesta inflamatoria que compromete la conexión con el cerebro a través del nervio vago. Tercero, la interrupción de esta comunicación contribuye a la pérdida de memoria.

En experimentos con ratones, los investigadores observaron que, al restaurar la actividad del nervio vago, se podía recuperar la función de memoria de un animal viejo a niveles similares a los de un animal joven, lo que plantea la posibilidad de desarrollar estrategias terapéuticas basadas en esta vía. La estimulación del nervio vago ya está aprobada en varios países para tratar síntomas de epilepsia.
“Nuestra esperanza es que, en última instancia, estos hallazgos puedan trasladarse a la clínica para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad en las personas”, afirmó Christoph Thaiss, del Instituto de Investigación Arc de California.
Experimento con microbiota compartida
Para analizar la influencia de la microbiota en la memoria, los investigadores alojaron ratones jóvenes (dos meses) junto con ratones viejos (18 meses), exponiéndolos a la microbiota del otro grupo. Tras un mes, los microbiomas de los ratones jóvenes se asemejaban más a los de los animales mayores.
En las pruebas de reconocimiento de objetos y laberintos, los ratones jóvenes con microbiomas envejecidos mostraron un rendimiento similar al de los ratones viejos. La administración de antibióticos revirtió el efecto, lo que restauró la función cognitiva a niveles juveniles.

Identificación de una bacteria clave
Los ratones libres de gérmenes presentaron un deterioro cognitivo más lento, lo que indicó que ciertos componentes de la microbiota contribuyen al proceso. Los autores señalaron a la bacteria Parabacteroides goldsteinii, cuya producción aumenta con la edad y genera inflamación que afecta la actividad del nervio vago.
La colonización de ratones jóvenes con esta especie bacteriana provocó pérdida de capacidades en reconocimiento de objetos y laberintos. Sin embargo, la activación del nervio vago en ratones viejos restauró su rendimiento cognitivo a niveles comparables a los de los ratones jóvenes.
“Nuestro trabajo demuestra que la correcta señalización del intestino al cerebro, a través del nervio vago, protege a los ratones contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad", indicaron los autores. Según los investigadores, la conexión entre intestino y cerebro se explica porque el tracto gastrointestinal fue el primer sistema orgánico en evolucionar, lo que significa que los procesos cognitivos del cerebro fueron moldeados por señales intestinales durante la evolución.
Por María Camila Salas Valencia
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