
Clones, riesgos y beneficios
Por Lino Barañao Para LA NACION
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El trabajo del grupo coreano, en el que colaboró el argentino José Cibelli, constituye un logro de envergadura. Ha demostrado la factibilidad de obtener células totipotenciales aptas para el uso en terapias de reemplazo de tejidos en seres humanos, libres de problemas de rechazo inmunológico.
Si bien el concepto había sido probado en animales, el haberlo realizado en humanos sin duda acelerará notablemente los tiempos necesarios para que esta metodología tenga una aplicación médica, ya que hasta el momento las investigaciones se enfrentaban no sólo a condicionantes éticos, sino a serias dudas sobre sus posibilidades reales.
Estas perspectivas promisorias se ven contrapuestas, en la opinión pública, por el fantasma de la clonación reproductiva. Si bien es cierto que este trabajo también reafirma la factibilidad de que en algún momento nazca un ser humano clonado, el riesgo de que esto ocurra sigue siendo extremadamente bajo. Más aún, es posible que los embriones obtenidos por este método sólo sean capaces de generar diferentes tipos celulares y no una gestación viable que conduzca al nacimiento de un nuevo individuo.
De todas maneras, ninguna tecnología, desde el uso del fuego hasta los antibióticos, está libre de riesgos. Lo que se debe sopesar son los potenciales beneficios versus las aplicaciones indeseables. En este caso estamos hablando de la supervivencia o el mejoramiento de la calidad de vida de cientos de miles de pacientes versus la posibilidad incierta de que en algún momento nazca un individuo que es el gemelo idéntico de otro ya existente. Por ello, lejos del debate eminentemente mediático que rodea la clonación terapéutica, países como Inglaterra, Israel y la propia Corea han encarado políticas activas de apoyo a las investigaciones con células embrionarias, que indudablemente redundarán en un más rápido acceso de sus habitantes a las nuevas terapias y a considerables beneficios económicos derivados de la comercialización de las nuevas tecnologías.
Tal vez sea tiempo entonces de que encaremos un debate serio que permita a nuestra sociedad tomar decisiones informadas respecto de estas técnicas que prometen ser las de mayor impacto en la medicina contemporánea.






