
De metal somos
La literatura, el cine y la historieta han sido prolíficos en personajes metálicos: Terminator, el Hombre Bicentenario, el Hombre de Latón, el Mago de Oz o Robocop son sólo algunos ejemplos de esta clase de criaturas.
Pero si tales creaciones pertenecen a un mundo imaginario, lo cierto es que los humanos no sólo somos seres de carne y hueso: según John Emsley, autor de "Molecules at an Exhibition" (Oxford University Press, 1998), para funcionar apropiadamente nuestro organismo necesita, por lo menos, 14 metales.
En el cuerpo contenemos no sólo hierro, calcio, sodio, potasio y magnesio, sino también zinc, aluminio, bario, cadmio, cesio, plomo y plata en diversas cantidades, y también trazas de oro, uranio y otros.
Por ejemplo, todos somos portadores de aproximadamente 0.07 mg de uranio, que si se convirtiera en pura energía podría impulsar un auto durante 5 kilómetros.
Un adulto de 70 kg posee alrededor de 9 kg de huesos, de los cuales 1 kg es de calcio. La cantidad de fosfato de calcio de nuestro esqueleto alcanza su pico máximo cerca de los 30 años.
El potasio y el sodio son vitales para tansmitir impulsos eléctricos a lo largo de las fibras nerviosas, hacia y desde el cerebro. Ingerimos alrededor de 1 gramo de sal por día, que es aproximadamente el triple de lo que necesitamos.
Pero eso es porque desata en nuestras papilas gustativas una poderosa reacción que ningún otro mineral puede provocar.
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Nuestro organismo contiene aún más potasio que sal. En todas partes: en los glóbulos rojos, en los músculos y en el tejido del cerebro. Pero sin hierro no puede extraer oxígeno del aire que ingresa en los pulmones, y si carece de él en la niñez queda expuesto al retardo mental. Curiosamente, los hombres necesitan diariamente alrededor de 10 mg de hierro, y las mujeres 18 miligramos.
Con respecto al magnesio, comenzamos a consumirlo ya en la leche materna, y debemos hacerlo todos los días para estar sanos. La mayor parte del que ingerimos se almacena en nuestros huesos y tiene tres funciones: regula el movimiento a través de las membranas, forma parte de las enzimas que liberan energía de la comida y se utiliza para formar proteínas.
Su falta, algo poco frecuente, provoca síntomas como letargo, irritación, depresión y posiblemente cambios de personalidad. Por eso, hace unos años un investigador británico sugirió que podría utilizarse para tratar el síndrome de fatiga crónica, una afección que presenta esos síntomas. Pero la recomendación todavía es un tema que está en discusión.
En el tejido muscular tenemos además alrededor de 2,5 gramos de zinc. Y también contenemos otros metales, como por ejemplo cobre, estaño, vanadio, cromo, manganesio, molibdeno, cobalto y níquel, que son necesarios en cantidades infinitesimales. Tanto, que en toda una vida son necesarios menos de 30 gramos.
Todos estos datos son reales.
Cualquier parecido con personas o hechos ficticios es pura casualidad.






