
Descubren un dinosaurio con garras de 70 cm
Es el animal carnívoro de extremidades más grandes
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Tenía manos grandes, grandes y filosas. De un sólo zarpazo podría haber partido en dos a una persona. Pero su dieta era otra: dinosaurios de 30 metros de largo y 50 toneladas, a los que desgarraba y despedazaba con garras de 70 centímetros armadas, cada una de ellas, con tres temibles uñas en forma de cimitarra.
"Las garras eran su arma mortal", dijo a LA NACION Fernando Novas, el paleontólogo argentino que descubrió y puso nombre al Megaraptor namunhuiquii . Este dinosaurio que habitó hace 90 millones de años lo que hoy es la provincia de Neuquén, ostenta el privilegio de ser considerado el dinosaurio carnívoro de garras más grandes.
Pero si bien el primer ejemplar fósil fue descubierto en 1996 en la Sierra del Portezuelo, a 120 kilómetros al oeste de la ciudad de Neuquén, es el reciente hallazgo de los restos de otros tres ejemplares en la costa norte del lago Los Barreales (90 kilómetros al noroeste de esa ciudad) el que le confiere al megarraptor el mencionado título.
Hasta ahora, la ausencia de buena parte de los huesos del ejemplar desenterrado en la Sierra del Portezuelo llevó a pensar que la uña de casi 40 centímetros era de la pata del animal.
"El año pasado encontramos la garra completa de un megarraptor, junto con vértebras y huesos de los brazos, los omóplatos y las colas de varios ejemplares", dijo Jorge Calvo, paleontólogo de la Universidad del Comahue, en una conversación telefónica desde el campamento montado a principios de 2002 en la costa de Los Barreales.
El estudio minucioso de la garra ya fue presentado para su publicación a Ameghiniana , la revista de la Asociación Paleontológica Argentina. Allí, Novas y Calvo reformulan la anatomía de este extinto animal que pasó de ser considerado un dinosaurio que pisaba fuerte a ser pensado como aquel de manotazo más temible.
Anatomía comparada
"Durante la excavación de los restos de un dinosaurio herbívoro acá, en Los Barreales, removimos un fémur de dos metros de largo y nos encontramos con algo que se parecía a la punta de una uña, muy chiquita -relató Calvo-. Comenzamos a desenterrarla, pero a medida que quitábamos la tierra la uña se iba haciendo más y más grande."
Así, Calvo y su colega Juan Porfiri se encontraron con una uña de 42 centímetros -más precisamente con lo que se denomina falange ungueal, que es el hueso que soporta la uña-, debajo de la cual finalmente estaba la garra.
"Cuando años atrás describí al megaraptor sólo contaba con la uña y otros huesos que no eran de la mano", explicó Novas, investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
Justamente, la anatomía comparada es el método que emplean los paleontólogos para determinar cómo era un dinosaurio cuando no se cuenta con el esqueleto completo. Entonces, se buscan animales ya descriptos que presenten similitudes con los huesos disponibles.
Así, Novas observó que ciertas características de la uña del megarraptor se asemejaban a las de la uña del pie del velocirraptor, un pequeño y ágil dinosaurio emparentado con el linaje de las aves primitivas.
Ahora, el hallazgo de la mano resuelve la cuestión y plantea nuevas preguntas, como por ejemplo por qué el megaraptor desarrolló semejantes garras.
"Eran garras extremadamente especializadas: eran puntiagudas como para poder penetrar el piel de enormes dinosaurios herbívoros, y tenían bordes inferiores filosos que le permitían desgarrar y cortar con facilidad el cuerpo de sus víctimas", respondió Novas.
Aunque los paleontólogos todavía no han determinado con exactitud a qué familia de dinosaurios pertenece el megarraptor, hoy si pueden afirmar que se parecía en poco y nada al grácil velocirraptor.
"Este era un peso pesado de los dinosaurios carnívoros", concluyó Novas.





