
El 78,5% de los que sufren un ataque cerebral es hipertenso
Sin embargo, uno de cada tres pacientes no observa ningún tratamiento
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Por primera vez el país cuenta con un registro nacional de accidente cerebrovascular (ACV) o stroke, una enfermedad que produce daños irreversibles, que analiza sus principales factores de riesgo.
Denominado Argentina Registro Nacional de Stroke o, por su nombre abreviado, Arenas, se lo considera el trabajo de investigación más grande realizado en América latina hasta el momento.
El estudio Arenas es una gran base de datos creada por el Consejo de Stroke de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). Luego de seis meses de carga de datos, el 19 de noviembre fue completada con información de 1235 víctimas de ACV atendidas este año en 125 centros de salud de todo el país.
El análisis de los resultados confirma que la primera causa de stroke en la Argentina es la hipertensión arterial. Otro dato notable es que una de cada tres personas que la padecen no le presta atención. El 14% de los pacientes registrados fue atendido por un segundo episodio; todos eran hipertensos.
"Nuestro registro mostró que el 78,5% de los pacientes que tuvieron un ataque cerebral era hipertenso y que el 31,8% de ellos no cumplía tratamiento alguno", explicó a LA NACION la doctora Ana María Atallah, directora del consejo de la SAC y mentora del estudio Arenas.
En el registro aparecen pacientes mayores de 45 años con hipertensión diagnosticada, algo que la responsable del estudio destacó: "Hoy son cada vez más jóvenes los pacientes con presión alta".
Hasta el momento, el ACV es la tercera causa de mortalidad en el mundo, luego del cáncer y el infarto agudo de miocardio. Sin embargo, la tendencia en alza y el incumplimiento de los tratamientos recomendados son dos elementos que sugieren que en diez años este mal ocupará el primer lugar de la lista.
En los Estados Unidos, por ejemplo, más de 550.000 personas son atendidas de urgencia cada año por ACV. En promedio, cada 53 segundos una persona sufre un ataque y cada 3,3 minutos otra muere por la misma causa.
Según el Arenas, los principales factores de riesgo en nuestra población son, además de la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares (34%), el tabaquismo (32%), el colesterol (31%), los ACV previos (22%) y la diabetes (18%). "Cuando a la hipertensión se asocia la diabetes, el riesgo de tener un ataque cerebral aumenta en forma significativa -afirmó Atallah-. Hay otros factores, como la hipercolesterolemia, que aumentan aún más el riesgo."
En los hipertensos el riesgo de que se descontrole la velocidad de contracción de las aurículas o los ventrículos del corazón (fibrilación) es mayor. Por eso tienen de dos a seis veces más posibilidades de sufrir un stroke que la población general. A partir de los 70 años, la fibrilación auricular es un factor que no hay que desestimar porque "multiplica el riesgo por cuatro", explicó Atallah.
Enmascarado
El ataque cerebrovascular puede presentarse de muchas maneras, suele enmascararse.
¿Cómo? Con dificultades en el habla o dispraxia (quiero decir una palabra, pero digo otra) o en los movimientos, trastornos visuales, dismetrías (quiero tomar un objeto, pero llevo mi mano más allá) y adormecimiento u hormigueo en manos, rostro o piernas.
Si esos síntomas retroceden o desaparecen durante la consulta con el médico, la persona está sufriendo un ataque isquémico transitorio, que puede durar hasta diez minutos, aunque sus efectos son acumulativos y con el tiempo desencadenarán un ACV. En el Arenas, el 7,3% de los pacientes había tenido un ataque transitorio.
Por la forma en que se produce, el ataque puede ser hemorrágico o isquémico. En el primero, la pared de una arteria cerebral se rompe y deja escapar el flujo sanguíneo. En cambio, un ACV isquémico se produce cuando un coágulo o desprendimiento de la placa aterosclerótica tapan una arteria del cerebro y se interrumpe la irrigación. Esto provoca daños irreversibles, como parálisis de miembros o hemiplejia.
Según el Arenas, el 61% de los ACV registrados fue isquémico, mientras que el 38,6% fue hemorrágico. Estas cifras contradicen la tendencia en el mundo, y que hasta el momento se extrapolaba a la Argentina: 85% de ataques isquémicos y 15% de ataques hemorrágicos.
Para la doctora Atallah, esa diferencia puede explicarse, en parte, por el alto porcentaje de personas que no cumplen con el tratamiento. "Cuando un ataque cerebral se previene, una discapacidad puede ser evitada", insistió Atallah.






