El fósil de una tortuga marina de 150 millones de años descubierta en Colombia que cambia lo que sabíamos del mar
Un caparazón hallado en La Guajira en los años 50 y conservado durante seis décadas, permitió identificar una nueva especie del Cretácico inferior
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Un fósil de tortuga marina recolectado en la década de 1950 en el departamento de La Guajira, Colombia, y almacenado durante más de 60 años en el Naturhistorisches Museum Basel, fue identificado recientemente como una nueva especie que modifica la comprensión sobre la distribución y evolución de un antiguo grupo de reptiles marinos.
El hallazgo fue descrito en un estudio publicado en la revista Swiss Journal of Palaeontology y sitúa al ejemplar en el Cretácico inferior, hace aproximadamente 132 a 125 millones de años.
La nueva especie, denominada Craspedochelys renzi, pertenece a un linaje de tortugas marinas primitivas cuyo registro fósil se concentraba hasta ahora casi exclusivamente en Europa y en el Jurásico tardío. El análisis del caparazón y otros restos óseos amplía tanto el rango geográfico como el temporal del grupo, y sugiere que estas tortugas habitaron también el norte de Gondwana durante el Hauteriviense.

Las tortugas marinas no comparten un único origen evolutivo. A lo largo del tiempo, distintos linajes desarrollaron de forma independiente adaptaciones para la vida en ambientes marinos y litorales. Uno de esos grupos es Thalassochelydia, integrado tradicionalmente por tres familias jurásicas: Eurysternidae, Plesiochelyidae y Thalassemydidae.
Dentro de ese conjunto, los plesiochelyids se caracterizan por rasgos anatómicos específicos, como la ausencia de fontanelas en ejemplares adultos y un puente óseo sólido entre el caparazón y el plastrón. Hasta ahora, su presencia estaba documentada principalmente en Europa y en sedimentos del Jurásico superior, lo que delimitaba su distribución en el tiempo y el espacio.
El nuevo estudio cuestiona ese marco al ubicar un representante del grupo en Colombia y en una edad más reciente. El ejemplar fue recolectado por el geólogo suizo Otto Renz en la región de Cuña de Cuiza, en La Guajira, y posteriormente incorporado a las colecciones del museo de Basilea. Según el artículo científico, permaneció “olvidado durante más de 60 años en los armarios de la colección de invertebrados fósiles”.

El holotipo conserva parte del caparazón articulado, huesos de las extremidades posteriores y varias vértebras caudales. Tras su redescubrimiento, fue preparado con herramientas neumáticas y documentado mediante fotografía de alta resolución y microscopía digital, lo que permitió identificar detalles anatómicos determinantes.
El caparazón mide 25,5 centímetros de largo y 23,1 de ancho en el estado preservado. El plastrón, casi completo, presenta una configuración en forma de V en el lóbulo posterior y suturas que permitieron ubicar la especie dentro de Plesiochelyidae.
El estudio señala que Craspedochelys renzi constituye “el registro más joven conocido hasta ahora de los thalassochelydians en todo el mundo, del Hauteriviense, y el segundo registro del grupo fuera de Europa”. Este periodo corresponde a una etapa del Cretácico inferior comprendida entre aproximadamente 132 y 125 millones de años.
Los autores subrayan que la especie “representa una expansión significativa del rango geográfico y temporal de ‘Plesiochelyidae’, marcando el primer registro de este clado fuera de Europa”. El hallazgo en el norte de Sudamérica obliga a reconsiderar los patrones de dispersión y supervivencia de estas tortugas marinas primitivas.
El análisis filogenético ubica a la nueva especie dentro del género Craspedochelys, en una politomía que refleja relaciones evolutivas aún no resueltas dentro del grupo.

El fósil procede de la Formación Moina, interpretada como un depósito marino somero del Hauteriviense. De acuerdo con el estudio, la evidencia geológica vincula el espécimen con este entorno costero, respaldado por la presencia de bivalvos y ammonites en la matriz sedimentaria.
Ese contexto sugiere un ecosistema marino dinámico, posiblemente con alta disponibilidad de nutrientes, donde estas tortugas adaptadas a aguas litorales pudieron desarrollarse. El trabajo también plantea la posible coexistencia entre plesiochelyids y los primeros protostégidos en la región, lo que indicaría que distintos linajes de tortugas marinas compartieron hábitats durante el Cretácico temprano.
Revisión de colecciones históricas
Más allá de la descripción taxonómica, los autores destacan que el hallazgo “subraya la importancia de reevaluar las colecciones históricas y destaca el potencial de futuros descubrimientos en regiones poco exploradas como el norte de Sudamérica”.
El caso de esta tortuga fósil demuestra que piezas almacenadas durante décadas pueden aportar información relevante cuando se analizan con nuevas metodologías y preguntas científicas. El redescubrimiento de este ejemplar colombiano en un museo europeo ha ampliado el panorama sobre la evolución de las tortugas marinas del Mesozoico y ha reconfigurado los mapas y cronologías previamente aceptados para este grupo.
Por Jaider Felipe Vargas Morales
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