
El trabajo de abuela, una experiencia idílica con riesgo para la salud
Más posibilidad de padecer un infarto
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Pocas imágenes parecen resumir mejor el concepto de amor a través de las generaciones que el contacto estrecho entre abuelos y nietos.
Y así, ser abuelo es una buena razón para justificar el deseo de longevidad de la mayoría de los seres humanos.
Sin embargo, esa idílica experiencia también tiene sus riesgos. Los chicos, se sabe, no dan solamente satisfacciones. También demandan atención y cuidados permanentes, dosis infinitas de paciencia y, especialmente cuando son pequeños, exigen capacidad física suficiente para cargarlos, agacharse y levantarse para jugar con ellos, acostarlos, bañarlos... Estas tareas, por una cuestión cultural, son desempeñadas mucho más por las abuelas que por sus esposos.
¿Y qué pasa cuando el placer de cuidar a uno o a varios nietos se convierte en una obligación, equiparable a un trabajo cotidiano?
Una investigación realizada en los Estados Unidos entre más de 54.000 mujeres halló que aquellas que dedicaban más de 9 horas semanales al cuidado y atención de sus nietos tenían el doble de riesgo de padecer una afección cardiovascular, incluido el infarto.
Según el estudio, el riesgo estaría incrementado debido al aumento del estrés por atender las necesidades infantiles que, además, restringen tiempo para que la persona mayor se ocupe de cuidar su propia salud.
Por otra parte, dedicarse demasiado a los chicos impactaría negativamente sobre la vida social de las abuelas, quitándoles tiempo para salidas, sin contar con un eventual conflicto de roles con los papás de los niños, si éstos sostienen posiciones distintas sobre la crianza.
La investigación de científicos del Departamento de Sociedad, Desarrollo Humano y Salud de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Boston, Massachussets, analizó durante cuatro años aspectos de la vida de 54.412 mujeres de 46 a 71 años, que eran parte de la muestra del Estudio de Salud de las Enfermeras (Nurses Health Study), una famosa investigación epidemiológica realizada en los Estados Unidos.
En ese país, el fenómeno de abuelas que se ocupan de sus nietos no es menor: el 15% de ellas ha criado al menos a un niño durante 6 o más meses. En nuestro país no existen datos, pero sólo en la ciudad de Buenos Aires el 17% de las personas son mayores de 65 años, y se estima que una importante cantidad de familias deja a sus hijos al cuidado de algún abuelo en distintas ocasiones, o, a veces, de manera cotidiana.
"Para un adulto mayor o persona de edad, el vínculo con un nieto es muy importante -afirma el doctor Hugo Schifis, secretario de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (Saag)-. ¿Cuánta atención puede ofrecérsele a un nieto? Todo depende de cómo haya envejecido la persona: aun en un proceso de envejecimiento normal, hay cambios estructurales en las articulaciones, los reflejos, la atención, la concentración. En esos aspectos se pierde, pero se gana en experiencia, y eso suele reemplazar lo que se perdió fisiológicamente. Lo importante es asignarle una responsabilidad acorde con su estado físico, mental y emocional y, sobre todo, no convertir la atención del nieto en una obligación."
Para la doctora Marta Leonor Méndez, coordinadora de la Red de Asistencia en Salud Mental para el Adulto Mayor de la Dirección de Salud Mental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, "hay que diferenciar entre "trabajar" de abuela y "ser" abuela. Si se trata de lo primero, hay una imposición de horarios y tareas y se transforma en una especie de contrato de prestaciones. Ser abuela, en cambio, es un reservorio indispensable de valores, de tradiciones familiares, un vínculo placentero con el nieto que asegura a las generaciones precedentes el sentido de la vida y de la perpetuidad".
Para Schifis, dejar los nietos al cuidado de los abuelos puede ser una experiencia positiva en tanto de esa forma se mantiene a la persona de edad cerca del grupo familiar. "Cualquier persona con una enfermedad controlada puede desarrollar una asistencia a un familiar, siempre y cuando sus funciones cognitivas estén dentro de lo normal -dice el gerontólogo-. Pero no puede cuidar chicos alguien con problemas para caminar o moverse, que no ve o no escucha bien, que tiene alterado el sentido olfativo (y por ejemplo no es capaz de detectar una pérdida de gas), o que sufre una diabetes mal controlada que puede dar lugar a un desmayo, o una enfermedad cardíaca, o inestabilidad mental o emocional."
Para el doctor Abel Monk, secretario del Comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría, "no se deben hacer generalizaciones acerca de los abuelos como un todo -dice-. Una abuela de clase media que cuida a sus nietos algunos días a la semana tiene una problemática distinta de la abuela cuya hija de 18 años le dejó dos nietos a su cuidado en una provincia, sin un peso, y vino a emplearse a Buenos Aires".
"Las abuelas de hoy ya no son como antes -agrega la licenciada Irene Loyácono, directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar y ex presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar-. En zonas rurales de nuestro país todavía se sigue entregando el primer hijo a la madre como ofrenda, y la ayuda de las abuelas siempre existió en las clases bajas y medias bajas. Lo novedoso, me parece, es que se necesiten los cuidados de las abuelas en las clases más acomodadas. Y aquí, claro, puede ocurrir que muchas mujeres consideren cumplido su compromiso con la transmisión de la vida y no acepten criar a sus nietos porque tienen otras ocupaciones. Esto las pondrá en una situación muy incómoda. He observado que a veces a las hijas les cuesta aceptar que el tiempo de sus madres no les pertenece y se molestan si se les ponen condiciones para cuidar a los chicos. Algunas madres jóvenes intentan hacer su proyecto de familia contando con su madre como apéndice propio. Pero en general las abuelas actuales les sacan pronto esa fantasía."
Un riesgo ¿justificado?
Para el doctor Hugo Sverdloff, secretario del Comité Nacional de Pediatría Social de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), "en los tiempos que vivimos, en los que la ayuda de los abuelos es importante muchas veces para que las familias puedan comer, el planteo de que ser abuelo a tiempo completo tenga riesgos para la salud debe ser tomado con pinzas en vista de la situación familiar. A veces lo mejor es enemigo de lo bueno, ya que la colaboración de los abuelos para la familia es algo fundamental, a pesar del hipotético riesgo aumentado".
Además, y contra lo que ocurría hace años, "en pediatría, ya no vemos a los abuelos como personas intrusivas y molestas, y les damos una imagen significativa en la crianza de un hijo", agrega el doctor Monk.
Pero para María del Pilar Etchehon, docente de yoga y coordinadora de grupos de reflexión para personas mayores, los abuelos no pueden pactar con cualquier clase de situación.
"Solamente en caso de necesidad extrema, por ausencia o muerte de los padres, el abuelo debe tomar la responsabilidad de hacerse cargo de los nietos -asegura-. De lo contrario, hacerlo como una obligación cotidiana influye negativamente sobre la persona de edad, aunque a simple vista parezca lo contrario. El esfuerzo por cumplir un rol que ya superó al criar a sus propios hijos lo aísla de su realidad, lo debilita y puede agravar sus propios problemas de salud, física y psíquica."
"Muchas veces los abuelos oscilan entre el deseo de ayudar a hijos y nietos y el riesgo de verse implicados extremadamente en las situaciones -agrega la doctora Méndez-. El peligro es que se queden sin recursos frente a sus propias necesidades, y eso puede causarles angustia, frustración. Si se quedan entrampados y no pueden comunicar lo que les pasa, siendo reconocidos como personas, es muy probable entonces que aparezca la enfermedad."






