
Fobia social, una cuestión masculina
Este trastorno conspira contra el estereotipo seguro y decidido que la sociedad impone a los varones
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La primera vez que la vio un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Pero sólo atinó a bajar la vista y meter las manos en los bolsillos.
Los dos tenían 20 años.
Ella era fresca, sociable, risueña. El, exactamente lo contrario.
En ese momento él supo que ella era la mujer de su vida. El problema es que ella jamás se enteró.
Entonces, cansada de descifrar tantos silencios y señales confusas, finalmente se casó con otro.
Y de no haber mediado el azar -o eso que llaman destino-, todavía seguirían perdidos el uno del otro si no se hubieran encontrado después, cuando ella ya se había divorciado y él, por fin, había aprendido a expresar lo que antes no podía.
"Es normal cierto nivel de ansiedad frente a situaciones que implican relacionarse con otras personas, pero quienes padecen fobia social sufren un temor y una preocupación desmedidas en esas circunstancias", explica el licenciado Daniel Bogiaizian, psicólogo que dirige la Asociación Ayuda, especializada en el abordaje de los trastornos de ansiedad, un conjunto de afecciones psíquicas que incluye la fobia social en su listado.
Bogiaizian agrega que los fóbicos sociales temen ser evaluados negativamente por los demás. Eso les causa sentimientos de inhibición y vergüenza, y tienen dificultades para comunicarse, expresar lo que sienten o hablar sobre ellos mismos.
Y, contra lo que ocurre en la mayoría de los trastornos de ansiedad, un estudio de la Asociación Ayuda demuestra que son los varones en lugar de las mujeres los que encabezan la consulta por este tipo de fobia: es que para el hombre, a quien se le exige ser asertivo y seguro, experimentar este problema puede resultar algo sencillamente dramático.
"Algunos -dice el psicólogo- sienten ansiedad sólo ante situaciones específicas, como dar un examen oral o hablar ante otros, pero hay quienes experimentan esa misma ansiedad en la mayoría de las situaciones que implican contacto con los demás: comer o beber en público, tratar con figuras de autoridad, ir a una fiesta... Esto se acompaña de síntomas como ruborización, sudor, temblor de manos o de cuerpo, sensación de quedarse sin voz, de no poder hablar, de no hallar las palabras adecuadas, ganas frecuentes de ir al baño."
Dentro de los fóbicos sociales hay más solos que gente con pareja y el acercamiento al sexo opuesto suele ser uno de los momentos más duros de atravesar. "A veces se muestran antipáticos, se ponen una coraza para que nadie se les acerque -dice el licenciado Bogiaizian-. Pueden dejar pasar a la mujer de su vida o se van quedando en el trabajo porque no se animan a nada."
Pese a que parecen lo mismo, timidez y fobia social no lo son. "Un tímido es tímido en todo -dice el especialista-. Hay fóbicos sociales, en cambio, que pueden tener un alto grado de exposición, por ejemplo en su trabajo, y moverse con soltura en ese ámbito y se quedan sin palabras a la hora de una cita amorosa."
Una burbuja de miedo
"Desde chico me ponía muy nervioso en la escuela por cualquier cosa. Tenía palpitaciones, me dolía el pecho -recuerda ahora Pablo, de 30 años-. Después me empezó a gustar la fotografía, pero llegó un momento en que no podía usar más la cámara, no me animaba a acercarme a la gente, tenía miedo de molestar. Me fui de viaje, trabajé de cualquier cosa, menos de fotógrafo."
Pablo recuerda que decidió consultar cuando no pudo bajar del auto con el que lo habían llevado para sacar fotos a un poblado guaraní: estaba encerrado y muerto de miedo frente a lo que mejor sabía hacer. Y no sólo tenía problemas para sacar fotos. "También me costaba mucho relacionarme con las chicas -recuerda-. Tenía una novia con la que las cosas no iban nada bien, pero no me animaba a dejarla. Perdí muchas oportunidades. Ahora estoy mucho mejor. Por primera vez vivo de la fotografía y me estoy especializando como documentalista."
El licenciado Bogiaizian agrega que la fobia social puede generar depresión y pánico cuando no se trata: la persona vive enfrascada en una burbuja de limitaciones y miedos.
"Existe una predisposición genética -dice el psicólogo-, pero el estilo de crianza importa mucho. Suelen ser personas de familias muy cerradas y donde uno de los padres siente al mundo como un ámbito amenazante, que genera desconfianza."
Los tratamientos, indica el especialista, combinan intervenciones terapéuticas que permiten que la persona se exponga gradualmente a las situaciones que teme o cree no poder atravesar y en algunos casos se acompañan de medicación.
El psicólogo recomienda prestar atención a los chicos desde pequeños. "Por ejemplo, cuando tienen excelentes notas en escritos y muy mal desempeño en los orales. También es un llamado de atención que tengan complejos, por ejemplo físicos, y que prefiera vincularse con adultos en lugar de con chicos de su edad."






