
Hallan un hongo que devora compac disc
Vive en ambientes calurosos y húmedos
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En la novela Memorias encontradas en una bañera , Stanislav Lem imaginó una bacteria que, al devorar el papel, ponía fin a la civilización. El libro fue escrito en una época en la que la celulosa era asiento de prácticamente toda la cultura, el dinero y los documentos comerciales y gubernamentales de la humanidad.
Ahora, Víctor Cárdenas, un geólogo español, acaba de descubrir un hongo que parece salido de la pluma del genial escritor polaco. Sólo que no devora papel, sino CD-ROM. Oportuno, ya que en la actualidad el mundo depende de las computadoras, y una parte sustancial del software y de la información digital habita en los ubicuos discos ópticos.
Cárdenas halló el organismo microscópico en un viaje a Belice, en América Central, en 1999, donde unos amigos le mostraron un CD que había dejado de funcionar. Con la ayuda de un microscopio electrónico y sus colegas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Cárdenas determinó que era un hongo del tipo Geotrichum el que se había comido el aluminio y los policarbonatos que constituye la estructura un CD.
En las áreas atacadas por el Geotrichum, el disco se había tornado transparente. "Si uno mira el CD desde el lado brillante, en los lugares afectados por el hongo puede verse claramente todo el interior, hasta la superficie pintada del lado opuesto -dijo el científico-. Destruye completamente el aluminio. No deja nada."
Un CD para el almuerzo
En Madrid, donde la temperatura es más baja y el ambiente más seco que en Belice, el organismo dejó de crecer, una costumbre típica de los hongos al verse enfrentados con condiciones adversas. Sin embargo, con temperaturas por encima de los 30 grados y más del 90% de humedad relativa ambiente, al Geotrichum se le despierta el hambre y, si encuentra un CD, se lo almuerza.
No es la primera vez que se anuncia una amenaza para este seguro y durable medio de almacenamiento digital. A poco de salir al mercado, en la década del 80, se corrió la voz de que el láser de baja intensidad que los lee producía leves alteraciones que al cabo de unos pocos años volverían ilegibles las pistas. Nunca ocurrió tal cosa. Tras 20 años de servicio, los discos ópticos siguen intactos.
Algunos expertos aseguran, sin embargo, que entre 10 y 25 años después de fabricarse, los datos de un disco compacto comienzan a correr peligro, puesto que el aluminio es atacado por los contaminantes del medio ambiente, en particular los sulfuros. Las malas condiciones de almacenamiento (calor excesivo, exposición al Sol) contribuyen a destruir la información grabada microscópicamente.
Aunque la tecnología de los compactos de música y software y la de los CD regrabables (llamados CD-R y CD-RW) no es la misma, ambos comparten un talón de Aquiles: el lado de la etiqueta es extremadamente frágil.
Allí, una delgada laca de apenas 0,01 milímetro, y con frecuencia la mitad. Es común que los CD se apoyen sobre una mesa del lado de la etiqueta, porque el lado brillante es el que se lee. Esta práctica puede ser más perjudicial que toda una población de Geotrichum.
Si se confirma el metálico apetito del hongo descubierto por Cárdenas, y si además el organismo es capaz de adaptarse a ambientes menos tropicales, no sólo los CD-ROM estarán en peligro. El 80% de un avión está hecho de este metal y, por ejemplo, un Jumbo 747 tiene unas 75 toneladas de aluminio. Un verdadero banquete para el voraz Geotrichum.






