Hunter Patch Adams, el médico que intenta curar con la risa

Vestido de payaso, divirtió a chicos y grandes; hace años su ejemplo inspiró una película
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13 de agosto de 2003  

Todos con sus narices coloradas y vestidos de payaso. Así llegaron los miembros de la comitiva que acompañaba al médico estadounidense Hunter "Patch" Adams en su visita al Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.

Adams, conocido por difundir las bondades de la risa como método de recuperación, llegó anteayer a Buenos Aires. Hoy, a las 19, dará una conferencia abierta al público en una carpa que la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires instaló en la plaza Houssay.

Invitado por la agrupación Ser Feliz, formada por empleados del sector de atención al público del hospital, Adams, de 58 años, llegó al mediodía junto con su hermano, sus dos hijos, amigos y "payamédicos" locales, que siguen sus enseñanzas.

Los preparativos comenzaron temprano. Globos, carteles de bienvenida, pequeños pacientes y médicos esperaron en el hall de ingreso de la calle Pichincha. El médico-payaso, que defiende "la revolución del amor" y critica la política del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ordenó a sus seguidores impedir terminantemente el contacto con la prensa y se ofuscó ante la insistencia de algunos medios.

Unos 40 chicos, algunos con barbijos, gorritos o en sillas de ruedas, recibieron al payaso con estrofas de la canción "Color esperanza". "Se pone fuerza en el valor humano, más allá de la atención médica y, por eso me enamoré del Garrahan -aseguró "Barbita", un papá vestido de clown-. No pude dormir pensando en que conocería al famoso Patch Adams", agregó.

El titular de la Fundación Garrahan, doctor Fernando Matera, fue el primero en recibir a Adams, que devolvió el gesto de bienvenida colocándole a su colega un sombrero en forma de pato. "No sólo con medicamentos se cura a los chicos, sino que hay que tener en cuenta las dificultades del paciente y su familia durante la enfermedad -sostuvo Matera-. El afecto hace que el tratamiento sea mejor."

Adams llegó vestido con un bombachudo de colores, camisa floreada, zapatos enormes y un pescado de goma en sus manos, y no omitió expresiones políticas. "Quiero pedir perdón por mi país, por el poder que ejerce -dijo-. Espero que todo cambie y que entendamos que el amor es la fuerza que nos une a todos." Seguido por un séquito multicolor recorrió las salas de internación, a las que se prohibió el acceso de la prensa.

El poder curativo de la risa

Leandro, de 7 años, que llegó desde Mendoza para ser operado, recibió un beso del payaso. "Me gustó mucho, pero me hacen reír más mi mamá y mi hermana cuando me hacen cosquillas", relató.

"Fue muy fuerte -aseguró Julia, una payamédica-. Jugó con los chicos, que estaban chochos y se reían con sólo mirarlo", agregó. "La risa cura", dijeron a coro Pamela Patallo y Roxana Montafere, dos estudiantes de medicina que siguieron la visita con narices y ropa colorida.

Si bien Adams defiende el humor como técnica de curación de enfermedades infantiles severas, especialistas locales se mostraron escépticos. "Es algo que no está comprobado científicamente", aseguró el doctor Eduardo Dibar, jefe del servicio de Hematología-Oncología Pediátrica y Trasplante de Médula del Hospital Italiano. Allí, los pequeños pacientes juegan, bailan y se divierten durante la consulta. "La diferencia con un servicio pediátrico convencional es que dejamos que los chicos jueguen con las computadoras o los microscopios y hasta atienden a sus muñecos", relató Dibar.

Para el oncólogo, Adams "quizás intenta desmitificar al médico estructurado de antes". A muchos padres, "la película (sobre "Patch" Adams) les hace acordar a nuestro servicio -dijo Dibar , que junto con la doctora Mónica Makiya organizan el caos infantil-. Sabemos que el humor disminuye la carga psicológica del dolor -dijo la oncóloga-, pero nadie se cura de un cáncer con una linda sonrisa".Ambos especialistas intentan hacer menos formal y más cálida la relación médico-paciente en su servicio del Hospital Italiano, y logran transformar la experiencia negativa de chicos con cáncer. "Evidentemente, el humor mejora la calidad de vida y hace más llevadero el tratamiento, pero no lo reemplaza", coincidieron.

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