
La Antártida, un gran laboratorio a cielo abierto
El país está allí desde hace 97 años
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"La Antártida es un laboratorio en el que la exploración de los misterios de la naturaleza es ilimitada y permanente", afirma el doctor Angel Molinari, actual director nacional del Antártico.
Y lo cierto es que, a juzgar por las decenas de proyectos de investigación que se desarrollan en esas planicies heladas y por la intensidad de la cooperación que es su marca característica, el continente blanco ofrece a los científicos oportunidades que no podrían soñarse en otras latitudes.
El abanico de temas que abarca la investigación antártica va desde el estudio de las formas de fauna y flora adaptadas a ese medio ambiente extremo hasta los signos del cambio climático, la dinámica de las grandes masas de agua, la glaciología, el equilibrio de los ecosistemas o la deriva continental.
"Esta tarea la hacemos en equipo con las Fuerzas Armadas -explica Molinari-, que toman a su cargo el apoyo logístico: volamos en los aviones de la Fuerza Aérea, navegamos en el rompehielos Irízar, que está en manos de la Armada, o en el Puerto Deseado, y en su momento lo hicimos en el Bahía Paraíso, que era un excelente buque que se perdió en aguas antárticas."
Presencia centenaria
Una de las tareas del director del Antártico, cuenta Molinari, es administrar adecuadamente el presupuesto asignado a las tareas en el sexto continente. "La idea es gerenciar el programa, tradicionalmente costoso por las grandes distancias de traslado, como un trabajo de equipo, optimizando esfuerzos, gastando menos, racionalizando..."
Pero para las aproximadamente 200 personas que integran la Dirección General del Antártico, éstos son días de temporada alta : "La campaña de verano comienza a principios de enero -explica Molinari-. Es el momento en que se produce el grueso del movimiento de gente. Coincide con una suerte de verano antártico, aunque esta mañana me llamaron desde la base Jubany y allí había vientos de cien kilómetros por hora y 33 grados bajo cero de sensación térmica".
La actividad en estos meses es intensa y variada. "Las bases están a full ", ilustra Molinari. Con sus largas jornadas de luz y sus noches mínimas (apenas entre la medianoche y las tres y media o cuatro de la mañana) se hace de todo : desde tomar muestras de investigación en lugares que en invierno son inaccesibles hasta arreglar lo que se destruye durante los largos meses invernales, pintar las casas o mantener los sistemas eléctricos y de generación de calefacción.
En los últimos días de abril se produce el recambio y comienza la campaña de invierno. "Sólo queda una dotación reducida sosteniendo la infraestructura básica y realizando tareas de investigación", afirma Molinari.
Quienes llegan a pasar el invierno saben que no pueden volver, salvo que se produzca una emergencia y, a veces, ni siquiera así. "Algunas bases son críticas, como la Belgrano, que está muy al Sur. El mar de Weddell se congela, de modo que no pueden entrar los buques, y debido a los fuertes vientos, las temperaturas y las condiciones generales es muy difícil operar por aire."
Por eso, entre otras cosas, los tests para ingresar en el Instituto Antártico son muy rigurosos, no sólo desde el punto de vista psicológico, sino también físico. En espacios reducidos, como los que tienen que compartir los investigadores y el resto del personal antártico, cualquier dificultad puede generar conflictos difíciles de manejar. "Hubo bastantes casos de problemas que hicieron necesario evacuar a la gente inmediatamente -cuenta Molinari-. Se genera una convivencia compleja en lo que hace a la solidaridad, porque hay que compartir hasta la tarea de hacer agua (derritiendo hielo) o lavar los platos."
Y todo esto, ininterrumpidamente desde el 22 de febrero de 1904, fecha en que se izó la bandera en la base Orcadas y se inició la ocupación permanente de la Antártida Argentina.






