
La niñera electrónica
Por Silvina Gvirtz ParaLA NACION
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¿Es buena o mala la existencia de un canal de televisión destinado a niños de entre 6 meses y tres años? ¿Cómo puede incidir en la formación de las futuras generaciones?
Desde una perspectiva educativa, valdría la pena reformular el problema e incluirlo en un contexto más amplio. La primera pregunta que deberíamos afrontar es cómo nos gustaría pensar a las jóvenes generaciones en el futuro: ¿nos gustaría que sean solidarias?, ¿inteligentes y creativas?, ¿capaces de discernir la información verdadera de la falsa? La segunda pregunta es: ¿qué debemos y podemos hacer para lograrlo?
Si queremos un futuro mejor se trata de ofrecer una variedad de opciones educativas a nuestros niños. Esto exige la presencia y el trabajo continuo y esforzado de los adultos. Sin duda resulta más fácil para los padres contar con la televisión como "niñera electrónica". Hay quienes creen que se puede dejar a los niños ver televisión a voluntad hasta los cinco o seis años porque "en esa edad empieza la verdadera educación". Esto es un error. La educación empieza con el nacimiento.
Pero tampoco se trata sólo de prohibir o no la televisión o de cuánto tiempo permitirles a nuestros niños mirarla. Es necesario acompañar los límites con otras ofertas educativas que resulten igual o más atractivas (juguetes, plaza, jardín de infantes, libros, música, pintura). Muchas veces los niños eligen la televisión no por voluntad, sino por falta de elección. El gran desafío es educar a nuestros hijos para que elijan no mirarla o mirarla en tiempos limitados.
A su vez es necesario garantizar ofertas de calidad en la televisión infantil. El tiempo frente al televisor puede tener una mayor calidad educativa en función de los programas que se les presente. Hay tradición de muy buenos programas infantiles que vale la pena recuperar, imitar o citar como ejemplo de que la buena televisión es posible.
En el contexto actual, la educación que se ofrece en jardines maternales y de infantes es una interesantísima alternativa educativa. Los niños aprenden y se socializan. Lo disfrutan y lo prefieren a la televisión. Ofrecer alternativas educativas y de esparcimiento a nuestros hijos y bregar para que el Estado incentive programas de alta calidad y para que amplíe la oferta de instituciones en el nivel inicial es ayudar a construir un futuro mejor.






