
"La palabra está cada vez más devaluada"
En nuestro país, afirma, hay poco espacio para lo subjetivo
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A Sigmund Freud lo miraron con recelo cuando afirmó que la palabra podía curar. Difícil soportar tamaña aseveración en un mundo en el que los manicomios y los chalecos de fuerza todavía estaban a la orden del día. Era el mismo mundo en el que pocos creyeron que pudiera existir un orden diferente al de la conciencia -el del inconsciente-, donde según Freud "nada termina, nada transcurre, nada se olvida".
Desde "La interpretación de los sueños"(1900), obra fundacional del psicoanálisis, el mundo cambió mucho más de lo que Freud hubiera imaginado. En nuestro país, "asistimos a una devaluación de la ley y la palabra", dice un trabajo de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
Si la palabra tiene poco valor, ¿qué sentido tiene entonces el psicoanálisis? Abel Fainsten, presidente de la APA (que este año festeja sus primeros 60 años) responde sin vacilar: "El psicoanálisis es vital en un contexto donde la subjetividad, el espacio para lo privado y la posibilidad de pensarse a uno mismo están amenazados". Son tiempos, dice el psicoanalista, no sólo en los que "la palabra está cada vez más devaluada", sino en los que corremos el riesgo de asistir a una devaluación de las personas y, con ello, a "la apelación a soluciones mágicas, autoritarias, tanto individuales como políticas".
-A 60 años de la difusión del psicoanálisis en el país, ¿qué vigencia tiene la teoría psicoanalítica?
-Está vigente, más que nunca, como teoría de la mente, como método de investigación, y como método terapéutico. Como teoría diría que resulta casi imposible abordar la cultura del siglo XX sin que esté atravesada por el psicoanálisis. En educación, es básico en la estructuración del psiquismo infantil; en puericultura señala la importancia de la sexualidad infantil y la estructuración del psiquismo para la crianza. Desde el cine de Woody Allen hasta la lectura de Edipo Rey o Hamlet, todo sería imposible de comprender sin el psicoanálisis, que también está presente en la antropología, la sociología y el derecho.
-Freud era médico. ¿También hubo aportes de su teoría que resultaron útiles para la medicina?
-Influyó notablemente en la relación médico paciente, en el hecho de que el médico hoy pueda escuchar al enfermo mucho más allá de lo que diga conscientemente. También el psicoanálisis es fundamental para entender la patología psicosomática.
-¿Con el surgimiento de otras opciones terapéuticas el psicoanálisis quedó más acotado?
-Todo lo contrario. El psicoanálisis se ha extendido muchísimo. Se complejizó y permite tratar más pacientes, mientras que Freud pensaba que sólo podía alcanzar a los neuróticos. Ahora llega a otras patologías, como la psicosis o los borderlines . Además, su acción se extendió a la niñez, la adolescencia, la familia, los vínculos, los grupos y los adultos mayores. Esto no significa que no entendamos sus limitaciones: no cura todo ni puede dar cuenta de todo. Estamos abiertos a otras herramientas, como el tratamiento farmacológico, aunque sólo en los pacientes que lo requieran.
-Existe una mayor apertura al trabajo interdisciplinario...
-Sí. Le doy un ejemplo: como analista, no puedo negar que un paciente con diagnóstico de úlcera esté afectado por una bacteria, el Helicobacter pylori, ya hace tiempo relacionada con la enfermedad. Puedo tratar los factores psicológicos que inciden en su padecimiento y en especial su dinámica inconsciente, pero teniendo en cuenta que existe un componente médico innegable.
-Una de las principales críticas al psicoanálisis es que los tratamientos son demasiado largos...
-En ningún lugar está escrito cuánto debe durar un tratamiento. Curiosamente, en la época de Freud los pacientes se analizaban seis u ocho meses. Hoy, ir a un psicoanalista no significa hacerlo durante ocho o diez años. El tiempo depende caso por caso, y un tratamiento durante algún tiempo puede ser muy eficaz.
Protocolos de investigación
Las críticas que en su tiempo recibió Freud no sólo apuntaron a sus afirmaciones acerca de la sexualidad infantil o el complejo de Edipo. Junto a esos conceptos se le recriminó que no existía forma de medir la eficacia de su "cura a través del amor", tal como definió al psicoanálisis.
-El hombre-lobo, célebre paciente de Freud, dijo una vez: "Si todo lo miras de modo crítico, no encontrarás en el psicoanálisis mucho que se sostenga en pie. Aún así me ayudó. El era un genio". Desde entonces se ha criticado al psicoanálisis por no tener herramientas empíricas para medir sus resultados. ¿Qué opina usted?
-Es una vieja discusión. En la Argentina y en Alemania (donde el Estado paga las terapias) se están buscando protocolos para validar resultados. Algunos dicen que no tiene sentido porque es imposible aplicar métodos empíricos a algo tan vinculado con lo subjetivo. Pero los alemanes intentan conseguirlo para encontrar respuestas tales como "la gente que se analiza se enferma menos", es decir, argumentos que permitan que el Estado amplíe su cobertura.
-¿Qué hay de nuevo en los pacientes del siglo XXI?
-Lo que más vemos es angustia y depresión. Mucha gente demanda atención, y eso en la APA lo vemos con frecuencia en el Centro Enrique Racker, que está abierto a la comunidad. Hoy se habla mucho del ataque de pánico como si fuera algo nuevo, pero en realidad siempre existió como crisis de angustia. Sucede que, como ahora existen tratamientos farmacológicos, hay mucho interés en definirlo como cuadro específico. Como le dije, en la APA creemos que si bien algunos pacientes necesitan medicación, no son todos. Y en los casos en que se utiliza medicación, la combinación con psicoterapia psicoanalítica es más efectiva que el medicamento por sí solo.
-Hablando de pastillas, ¿qué cree que diría Freud en estos tiempos de angustia en los que muchos intentan vender píldoras de la felicidad?
-Freud hablaba de "transformar la miseria neurótica en el malestar cotidiano". Algo así como poder ponerle palabras a lo que nos pasa, aceptar las propias limitaciones y arreglárselas con eso para vivir mejor. Claro que, como se sabe, esta postura no admite soluciones mágicas.
Pioneros
- La Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), que hoy cuenta con 850 miembros y 250 profesionales en formación, fue fundada en 1942, cuatro años después de la muerte de Freud y casi 30 luego de la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional. En nuestro país la lista de pioneros incluyó a Arnaldo Rascovsky, Enrique Pichon Riviére, Angel Garma y Celes Caramo, Arminda Aberastury, Jorge Mom, Willy Baranger, María Langer, y Luisa Alvarez de Toledo. Las obras de Freud, cuenta la historia, fueron traducidas por primera vez al castellano en 1923, por iniciativa de José Ortega y Gasset.






