
Las razones ocultas de las adicciones
Expertos proponen considerarla una afección crónica
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NUEVA YORK.- Con todo lo que se ha escrito y hablado con respecto a la adicción como enfermedad médica es poco lo que la mayoría de las personas comprenden con respecto a lo que atrae a las personas a las drogas y las mantiene enganchadas, a menudo pese a las severas consecuencias e intentos repetidos por dejarlas.
Sin embargo, una comprensión más amplia sobre el atractivo y la lucha de la adicción podría ayudar a quienes desean quitarse el peso de su adicción de manera definitiva.
Para empezar, digamos que la naturaleza de la adicción es la misma sin importar si la droga es cocaína, heroína, alcohol, marihuana, anfetaminas o nicotina. Todas las sustancias adictivas, según datos de un informe publicado recientemente en la revista The New England Journal of Medicine, induce estados placenteros o alivia la tensión.
Los autores del informe, el doctor Jordi Cami y la doctora Magi Farre, de Barcelona, España, escribieron: "El uso continuado induce cambios adaptativos en el sistema nervioso central que dan paso a la tolerancia, la dependencia física, sensibilización, ansiedad y recaída".
En otras palabras, la adicción es una enfermedad cerebral, no un fracaso moral o un problema de la conducta. Las personas no se proponen convertirse en adictas. Más bien, por cualquier cantidad de razones -como el deseo de formar parte del grupo o buscar alivio al intenso dolor emocional o físico- quien empieza a usar una sustancia descubre al poco tiempo que ya no pueden parar.
Por supuesto, no todos los que fuman un cigarrillo, sea de tabaco o marihuana, beben un trago, inhalan cocaína o se inyectan morfina se convertirán en adictos. Algunos están protegidos por sus genes. La mayoría de los asiáticos, por ejemplo, porta un gen que los hace sentirse animados y mal físicamente antes de que puedan consumir una cantidad adictiva de alcohol.
Una pesada herencia
Sin embargo, los genes pueden actuar en dos sentidos. El riesgo de una adicción puede ser heredado. La genética del alcoholismo ha sido bien estudiada y la herencia representa aproximadamente el 40% del riesgo, aunque aún no está en claro si lo que se hereda es un desorden emocional subyacente, que impulsa a la gente a buscar alivio o una reacción fisiológica en particular ante sustancias adictivas.
Para la doctora Nora D. Volkow, directora del instituto sobre abuso de drogas de los Estados Unidos, "el problema es que no sabemos quién se volverá adicto".
Según datos del Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencia, el 32% de las personas que prueban el tabaco se vuelve dependiente, al igual que el 23% de quienes prueban la heroína, 17% de quienes prueban la cocaína, 15% de los que prueban el alcohol y 9% de los que prueban la marihuana.
Cami y Farre observaron que ciertas características de la personalidad, así como desórdenes mentales, constituyen "importantes factores condicionantes en la adicción a las drogas". Un riesgo acrecentado de abuso de drogas ha sido asociado con desórdenes psiquiátricos como la esquizofrenia, el desorden bipolar, la depresión y el desorden de déficit de atención con hiperactividad.
Debido a que la exposición prolongada a drogas de las que se abusa ocasiona cambios que perduran largo tiempo en el cerebro, "la adicción debería ser considerada como una enfermedad crónica mental", dijeron los científicos de Barcelona.
Al igual que con otras enfermedades crónicas, como la hipertensión y la diabetes, la adicción requiere de "estrategias en el largo plazo fundamentadas en la medicación, el respaldo psicológico y una vigilancia constante", concluyeron.
En busca de una falsa sensación de normalidad
En un artículo publicado en la Revista de la Asociación de Medicina de Estados Unidos, Brian Vastag escribió: "El cerebro cambia durante la adicción". Según este especialista, todas las drogas de las que se abusa activan un camino de placer en el cerebro, el "circuito de recompensa de la dopamina", el cual está conectado con áreas que controlan la memoria, emociones y la motivación.
Cualquier actividad que active esos senderos refuerza la conducta placentera. "Con el tiempo -señaló-, el circuito de la dopamina se insensibiliza; con la tolerancia, una droga sencillamente empuja el circuito a la normalidad, impulsando al usuario a salir de la depresión, aunque ya no está impulsando a la euforia".
Al suministrar la sustancia al cuerpo en repetidas ocasiones, se crea un nuevo estado de "normalidad", que hace que la persona siga usando la sustancia para sentirse normal. Los cambios en el cerebro, aunque no permanentes, pueden ser duraderos. Volkow encontró que el sistema de dopamina de los usuarios de cocaína se mantenía afectado hasta tres meses después del último consumo.
Para los expertos de Barcelona, "la administración de drogas adictivas en el largo plazo produce alteraciones en el cerebro que incrementan la vulnerabilidad de recaer y promueven la ansiedad incluso años después de una exitosa desintoxicación".
Esos cambios involucran áreas cognitivas y circuitos de recompensa de drogas.






