
Llegó a la Argentina un nuevo fármaco contra la leucemia
Es para la variante mieloide crónica
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Imatinib o STI-571 es el primer representante de una nueva generación de drogas oncológicas más eficaces y con menores efectos secundarios en pasar del laboratorio de biología molecular a la clínica, y desde el martes ya se encuentra disponible en la Argentina.
Este nuevo medicamento, indicado para aquellos casos de leucemia mieloide crónica -variante que en el país representa entre el 40 y el 50% de los casos de leucemia- que no responden a los tratamientos convencionales, es capaz de volver indetectables los niveles de glóbulos blancos anormales característicos de la afección en el 88% de los pacientes tratados en los estadios tempranos.
Es más, en un 49% de los casos la droga logra revertir la anomalía cromosómica que da lugar a la enfermedad. Esto es posible porque "el imatinib constituye el primer tratamiento específico de la leucemia mieloide crónica que ataca el defecto molecular que causa esta enfermedad", afirma el doctor Benjamin Koziner, director de la Unidad de Investigaciones Oncohematológicas del Cemic.
Imatinib fue aprobada el 10 de mayo último por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, en un trámite acelerado por la importante utilidad terapéutica revelada en los ensayos clínicos realizados en 7500 pacientes.
El trámite de aprobación ante su par local, la Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnología Médica (Anmat) fue igualmente rápido, de modo tal que hoy la Argentina es el segundo país del mundo en el que se encuentra disponible el fármaco.
Aquí, la caja con 120 cápsulas de imatinib (cantidad que equivale a un mes de tratamiento) cuesta lo mismo que en Estados Unidos: 2500 dólares, informó el laboratorio Novartis. Tanto las obras sociales como las prepagas deben cubrir el tratamiento con este medicamento en un 100%, mientras que los bancos de drogas oncológicas nacionales y provinciales deben proveerlo a quienes carecen de algún tipo de cobertura médica.
A diferencia de la mayoría de las afecciones oncológicas, que son el resultado de la acumulación de mutaciones genéticas que se traducen en una proliferación celular descontrolada, la leucemia mieloide crónica responde a un evento único en el que se ven involucrados los cromosomas 9 y 22.
"La enfermedad aparece cuando se produce el intercambio de material genético entre estos dos cromosomas, dando lugar a una configuración anatómica anormal llamada Cromosoma Filadelfia -explica el doctor Koziner, jefe de la Unidad de Trasplante de Médula Osea de Fleni-. Ocurre entonces la unión de dos oncogenes, el BCR y ABL."
Un freno para la enfermedad
Estos dos oncogenes comienzan entonces a producir una enzima llamada tirosina kinasa , que es la da lugar a la producción anormal de glóbulos blancos. La tirosina kinasa es el blanco del imatinib: al bloquear su acción, frena la proliferación de glóbulos blancos anormales y en algunos casos (entre el 49% en la fase temprana de la enfermedad y el 14% en la fase más avanzada) incluso borra el Cromosoma Filadelfia de las células.
Los efectos adversos del imatinib fueron menores: náuseas, vómitos, cierta hinchazón en las piernas y en los ojos. Sólo el 2% de los 7500 pacientes enrolados en estas pruebas -en la Argentina participaron 148- abandonó el tratamiento por causa de aquéllos.
"El seguimiento de los pacientes a largo plazo (hasta ahora han sido estudiados durante 36 meses como máximo) nos dirá si la respuesta citogenética, el borrar la anormalidad cromosómica, se mantiene con el tiempo -dijo a La Nación la doctora María del Carmen Fernández Freire, coordinadora de las ensayos clínicos realizados con imatinib en América latina-, y si el paciente logra, o no, la cura."






