
Los daños psíquicos que causa el desempleo
Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION
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Depresión, adicciones, angustia, conductas maníacas, fobias, problemas de memoria, de atención y concentración. Son los trazos más gruesos del mapa que describe las afecciones psíquicas de quienes han perdido el trabajo y no encuentran otro.
“El 75% de los desocupados que entrevistamos, jefes y jefas de hogar de 30 a 55 años, se mostró muy afectado psíquicamente”, explica el licenciado Juan Tausk, titular de la cátedra de Clínica Psicológica y Psicoterapias de la Facultad de Psicología de la UBA, quien junto a un equipo de 50 docentes y estudiantes universitarios estudió durante tres años (1999-2002) los efectos de la desocupación sobre la salud mental y las relaciones familiares.
“Son 164 casos de Buenos Aires, Gran Buenos Aires y Tucumán –agrega Tausk, de 55 años–. Y aunque la muestra no es representativa, se le aproxima bastante.”
El psicólogo indica que la mitad de los encuestados estaba deprimida. “Otros –dice– sufrían ataques de pánico, conductas evitativas (por ejemplo, no salir de la casa), adicciones y rasgos de patologías más graves, como paranoia o esquizofrenia.
"Registramos además conductas maníacas y actuaciones -explica el especialista- como discutir en términos muy fuertes, estallar en ataques de nervios, cruzar la calle sin mirar."
El estudio indagó qué había pasado con la vida cotidiana de los desocupados. "Más de la mitad dijo que se había alterado su ritmo de comidas, horarios, rutinas y también su relación de pareja, incluida la vida sexual -dice Tausk-. Las mujeres se mostraban más afectadas en ese sentido e, incluso, cuando indagamos acerca de conductas violentas, como reacciones de ira, tirar objetos, insultar, discusiones fuertes o deseos de golpear, un 12% admitió que le ocurría, y el 60% fueron mujeres."
Jefas y desertores
Para los psicólogos, el impacto de la precariedad laboral en el mundo femenino -el 30% de los hogares argentinos está a cargo de una mujer- es un golpe angustiante, porque significa la renuncia a un territorio ganado: el trabajar (también) fuera de casa.
Los varones, en cambio, se mostraron más afectados si eran casados o convivientes; los solteros o separados (aunque tuvieran hijos) eran el grupo con mayor número de desertores de hogares.
-Algo -dice Tausk- que ya se había visto entre la población negra pobre de las grandes ciudades de los EE.UU y en México.
Los psicólogos preguntaron si a partir de la pérdida del trabajo habían pensado en el suicidio. "Un 36% dijo que sí, y un 11% que lo había meditado seriamente o intentado -afirma Tausk-. Vimos que los que tenían creencias religiosas o convicciones políticas fuertes habían estado menos afectados y que por eso preservaban mejor su psiquismo. Esto es algo que ya ha sido demostrado entre los sobrevivientes de campos de concentración."
Culpa y desvalorización
Los investigadores hallaron también que una parte significativa de los desocupados vivía con una sensación de aislamiento y estigmatización y le costaba hablar del tema. " Ser más que estar desempleado porque sienten que la desocupación atraviesa toda su persona", dice Tausk.
Un aspecto que llamó la atención es que un alto porcentaje de quienes habían perdido el trabajo se culpabilizaban por su fracaso, sintiendo vergüenza y humillación.
"Tres de cada cuatro -afirma el psicólogo- consideraban que no satisfacían los requerimientos de sus posibles empleadores. Tenían una autoestima totalmente en baja, porque lo que esta crisis ha conseguido es que las personas se echen la culpa a sí mismos como si hubieran fracasado, sin encontrar otras explicaciones posibles a por qué él (y tantos otros) están desocupados. Vivimos en una cultura de éxito. Y el que no logra el éxito es culpable de su propio fracaso."
Enfrentar los riesgos
Para Juan Tausk, la situación social que genera el creciente número de personas sin trabajo es riesgosa: "Hay pérdida de valores, de legalidad, de legitimidad y credibilidad -dice-. Esto puede generar un efecto que llamo de extraterritorialidad, que implica un fuera de las reglas de convivencia compartidas y el peligro de una búsqueda de salvación en promesas mesiánicas. Esto llevó con frecuencia a gobiernos totalitarios, a la generación de guerras y a la aniquilación de sectores de la población".
La amenaza, dice, no parece tan lejana si se revisa la historia. "Cuando todo está perdido, uno se pregunta ¿con qué me salvo? -afirma el psicólogo-. Durante una conferencia en la facultad presenté dos fotos: en una se veía un cartel expuesto en Berlín que decía: Hitler te va a salvar . Y realmente los salvó. Tenían una deuda terrible, enorme inflación, sin capital, sin empleo, comía bien el 10% de la población. Era una ocasión para propuestas totalitarias: o una guerra externa, o una guerra civil o el exterminio poblacional. La otra foto que mostré decía: Hay 450.000 desocupados en Alemania y 500.000 judíos. Saque sus cuentas ." La promesa mesiánica se hizo a costo del extermino masivo de una parte de la población.
-¿Y las asambleas o los piqueteros son antídotos contra salidas de ese tipo?
-Son proyectos muy interesantes porque pueden permitir la recuperación de las personas. Pero, ¿cuál es el destino de ese emprendimiento? No lo sabemos. Los piqueteros organizan un comedor o una salita de primeros auxilios, pero también son quienes cortan una ruta, cobran peaje o no dejan pasar a una ambulancia. Es decir, organizan una nueva legalidad, distinta de la establecida en el pacto social que compartimos.
-¿Y hay formas de evitarlo?
-Las personas no pueden ser abandonadas frente a un abismo. Es muy positivo reunirse entre pares, aunque los efectos dañinos que sufrieron quedarán, y pueden incluso transmitirse a generaciones venideras. Los programas que los organicen deberían ser autogestivos, pero al mismo tiempo auditados por entes no gubernamentales, con compromiso de los sectores empresarial y sindical y sin dejar de contemplar aspectos como subsidios, cobertura asistencial, continuidad educativa, reprofesionalización, créditos para proyectos cooperativos, asistencia psicológica, resolución colaborativa de los conflictos...
-¿Hay equipos terapéuticos especializados que brinden asistencia en estos casos?
-Existen en el mundo. No acá, que yo sepa. Hay dispositivos que funcionan con personas en estado de estupor, desplomados, como ocurre luego de un atentado, un desastre natural o de ser torturados o refugiados políticos. Son intervenciones terapéuticas de pocas sesiones que permiten que alguien reordene su capacidad de sentir y de pensar. Vale la pena intervenir terapéuticamente en estos casos. La gente se ve arrasada, y creo que habría que darle una mano para que no arrase.
Una realidad que golpea
Psicosomáticas: el 55% de los desocupados manifiesta afecciones psicosomáticas: trastornos digestivos (45%); trastornos del sueño y neurológicos (cefalea, mareos, desmayos (35%), problemas dermatológicos y caída del cabello (30%), afecciones cardíacas y respiratorias (25%).
Chicos en riesgo: el 35% considera que sus hijos pueden estar en riesgo (de pertenecer a pandillas o tener conductas transgresoras). Esta preocupación aumenta a la mitad de los padres si éstos tienen un mayor nivel educativo.
Creencias: la religión mostró ser un factor de protección frente al suicidio. Dos de cada tres con fantasías suicidas no era creyente.
Trastornos: el 50% estaba deprimido; el 10% tenía conductas evitativas; el 20%, crisis de pánico; el 20%, afecciones psicóticas; el 25%, conductas maníacas; el 25%, alteraciones de funciones psicológicas generales; el 15%, adicciones.






