
"Los rayos cósmicos nos ayudarán a explicar el origen del universo"
Pasó por Mendoza para presidir una reunión internacional del Proyecto Pierre Auger
1 minuto de lectura'
MENDOZA.– “Los rayos cósmicos de ninguna manera pueden ser peligrosos porque hemos sobrevivido a ellos durante cien mil años y tampoco existe la posibilidad de que la Legislatura de Mendoza o el Congreso en Buenos Aires sancionen una ley que los prohíba.”
La definición, cargada de ironía, pertenece al premio Nobel de Física, James Cronin, que estuvo esta semana aquí para reunirse con 120 científicos de distintas ciudades del mundo que participan del Proyecto Pierre Auger, un observatorio que intentará descubrir el origen y las características de los rayos cósmicos que llegan a la Tierra.
El científico norteamericano obtuvo el máximo galardón de la ciencia en 1980. Actualmente, es profesor de física de la Universidad de Chicago, miembro de la Academia de Ciencias de los EE.UU., de la Academia Americana de Ciencias y Artes, y de la Sociedad Norteamericana de Física.
El centro de investigación científica que en dos años comenzará a realizar las primeras observaciones, se propone develar el origen de estos rayos que al cruzar la atmósfera se esparcen en millones de partículas de alta energía e impactan constantemente sobre la superficie de la Tierra.
Aunque los estudios en Mendoza recién comienzan, investigar estos rayos podría ser un aporte a la comprensión del universo y hasta hay quienes sostienen la hipótesis de que podría contribuir a explicar el origen del universo.
Con un lenguaje simple y moderado, Cronin prefiere no generar expectativas desmesuradas respecto de una utilidad inmediata y masiva de tales estudios, simplemente porque están pensados para ser desarrollados a lo largo de 20 años.
Cronin conduce el grupo de trabajo en el que participarán 250 científicos de Estados Unidos, México, Brasil, Bolivia, la Argentina, Australia, Vietnam, China, Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, República Checa, Italia, Polonia, Eslovenia, Grecia, Rusia y Armenia. Esos gobiernos aportarán los 50 millones de dólares necesarios para la puesta en marcha del Observatorio Pierre Auger.
–¿Se cumplen los plazos fijados para habilitar el centro de estudio de rayos cósmicos en Malargüe?
–Los plazos están en orden. En tres meses concluirá una etapa y la totalidad del centro estará finalizado en cuatro años. Estoy absolutamente conforme con el aporte de la comunidad internacional. Ha tenido una actitud muy positiva, hicimos juntos el diseño y finalmente están poniendo en marcha el proyecto en Malargüe. Es verdaderamente una amplísima colaboración.
–¿En qué plazo se podrán tener los primeros resultados de estos estudios?
–Si los diagramas siguen cumpliéndose como hasta ahora, en dos años ya tendremos algunos resultados, incluso antes de que el proyecto esté totalmente finalizado.
–¿Para qué sirve estudiar los rayos cósmicos?
–Uno de los aspectos más intrigantes en este tema es que en realidad nadie sabe realmente de dónde provienen los rayos. Los datos que reunirá el proyecto Pierre Auger tal vez ayudarán a explicar su origen y agregarán piezas al rompecabezas que es la historia del universo.
–¿El mundo los estará mirando, expectante, para ver los resultados de los estudios?
–No me animaría a decir el mundo entero, porque probablemente van a estar mirando partidos de fútbol, pero sí la comunidad científica internacional.
–¿La física aún tiene asignaturas pendientes en el espacio? ¿A su juicio, cuáles son?
–Pienso que en los próximos cincuenta años vamos a saber realmente cómo se originó el universo, cómo evolucionó y hacia dónde se dirige.
Al término de su conferencia, los interrogantes para James Cronin se suceden. Muchos le preguntan acerca de plazos, certezas, definiciones, fórmulas teóricas y utilidades concretas del estudio de los rayos cósmicos. Ante esa vorágine de preguntas, el investigador prefiere la cautela del científico que sabe que largos años de estudio dan resultados no tan altisonantes para la opinión pública, pero sí para la ciencia.
Y advierte: “Debemos considerar este experimento desde el punto de vista empírico: los rayos existen a pesar de que no sabemos qué son ni de dónde vienen. Tenemos que recordar que muchas veces los descubrimientos no surgen tanto de estudios teóricos como de la exploración del universo”.
Sensores para estudiar el cosmos
El observatorio emplazado a 420 kilómetros al sur de Mendoza, en Pampa Amarilla, Malargüe, lleva el nombre de Pierre Auger, en homenaje al científico francés que en 1938 descubrió un tipo de rayos que contienen cien millones de veces más energía que los comunes. Allí se realizarán investigaciones vinculadas con la física, la astronomía y la astrofísica.
Consiste en una red de 1600 tanques de acero inoxidable que contienen agua purificada y están distribuidos en un campo de 3000 kilómetros cuadrados. Serán detectores de las partículas que se esparcen a modo de lluvia por el impacto de los rayos cósmicos al cruzar la atmósfera.
Cada unidad receptora enviará señales a un centro informático en el que se procesarán los datos recibidos como frecuencia de los impactos, dirección y energía contenida.
Otro equipamiento de observación secundaria será una red de telescopios que en la oscuridad de la noche permitirán detectar los destellos fluorescentes que los rayos cósmicos provocan al cruzar la atmósfera.
La Argentina fue elegida como sede del centro de investigación durante una sesión de la Unesco realizada en París el 22 de noviembre de 1995 por sobre los otros dos candidatos, Australia y Sudáfrica. Las condiciones de cielo diáfano, baja contaminación ambiental y escasez de días nublados que se dan en el sur mendocino fueron factores decisivos para esta elección.
El proyecto Pierre Auger contempla la instalación de dos observatorios gemelos: el de Mendoza y otro en Utah, Estados Unidos, para detectar las partículas de alta energía en ambos hemisferios del planeta.
La próxima reunión internacional también se realizará en Malargüe, en la última semana de octubre.






