
Los tics, un problema hereditario que afecta más a los varones
Afecta al 0,5% de los argentinos y se manifiesta generalmente en la niñez
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"Su cuerpo presentaba un perpetuo meneo; jugaba incesantemente con las manos o golpeaba continuamente el piso con el pie." Esta descripción podría, seguramente, caberles a muchas de las personas que caminan junto a nosotros en la calle o toman un café en la mesa más próxima.
A ellas, como entonces al magnífico compositor de Salzburgo, Wolfgang Amadeus Mozart -según el relato de Friedrich Schlichtegroll, uno de sus biógrafos-, los afecta un mismo problema que trasciende la voluntad: los tics.
Relativamente frecuentes, estos movimientos o sonidos repentinos, rápidos (pues duran un segundo) y, en especial, involuntarios afecta a más del 0,5% de la población en algún momento de la vida.
"La persona está consciente de un deseo que no puede controlar: es como querer rascarse y contenerse hasta no aguantar más la picazón -explica a LA NACION el doctor Federico Micheli, director del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas-. De ahí que por una mala interpretación o desconocimiento de lo que implica un tic para una persona, muchos chicos tengan problemas en la escuela o a los adultos les cueste moverse en sociedad."
Pasajeros, crónicos o disparados por otros trastornos, todas sus manifestaciones comparten un origen neurológico y hereditario que debe preocupar cuando existe durante más de un año. En ese caso, se transforma en una afección crónica que necesita tratamiento.
"Desde el tic transitorio de la infancia hasta la expresión máxima de la enfermedad de los tics, que es el síndrome de Tourette, todo parece ser parte de lo mismo... Aún no se ha encontrado exactamente cuál es la forma de herencia ni la genética ha podido saber cuáles son los genes involucrados", dice el especialista, que es coautor del libro "Vivir con tics" (Editorial Médica Panamericana).
Guiños, parpadeos exagerados, muecas; sacudidas de la cabeza o los hombros; pequeños saltos al caminar, inspiraciones reiteradas, carraspera o incluso gestos y palabras obscenas... Todas son acciones que vencen la voluntad para darse a conocer. "Cuando sabe que es inapropiado expresarlo, lo puede controlar sólo por breves períodos, aunque luego se da un fenómeno de rebote, ya que el tic logra manifestarse, pero de manera exagerada", agrega Micheli.
Hay algunos tics motores que perjudican la salud. Así, sacudir la cabeza, por ejemplo, puede afectar la columna o producir una hernia de disco. "Además del costado cosmético y social, los tics también tienen su lado perjudicial", dice.
Los chicos, primero
En general, los tics aparecen en la infancia y desaparecen a los pocos meses, por lo que la consulta con un neuropediatra puede tranquilizar a los padres y al chico. Los que comienzan en la adultez, en cambio, son raros debido a que disminuyen con el paso de los años y los puede provocar desde un medicamento hasta alguna lesión cerebral.
"En los chicos, los tics motores son fáciles de detectar y son muy leves -explica el especialista-. El neurólogo valora la severidad y debe explicar de qué se trata para serenar al paciente y su familia, y ofrecer contención." Para los diagnósticos más graves, existen opciones farmacológicas y quirúrgicas que permiten controlarlos.
¿Ser o no ser?
A diferencia de los "manierismos", como enrularse el cabello o acomodarse la corbata, o las estereotipias, los gestos que repiten las personas con demencia, la bibliografía científica relaciona los tics con los trastornos obsesivo-compulsivos y los déficit de atención con hiperactividad, que padece un 4% de los chicos y afecta el aprendizaje.
"Es muy discutido si los tics son voluntarios o involuntarios porque las personas que los padecen sienten un deseo muy fuerte de hacer los gestos o emitir los sonidos. Este sería el componente voluntario, pero la parte involuntaria es que el tic se impone a la persona", comenta el doctor Micheli.
Entre las mujeres, el trastorno obsesivo-compulsivo es más común que en los varones. Así, muchas pacientes cuentan cómo ordenan una y otra vez los frascos de perfume en un estante, rompen una lectura para al facultad si se equivocan en el marcador con que subrayan el texto o, en las más chiquitas, repasan de manera obsesiva el orden en que sentaron a las muñecas según el tamaño.
En los hombres, en cambio, la incidencia de los tics motores es más alta que en las mujeres. Sin embargo, en todos se agravan cuando aumentan las emociones y se atenúan en los momentos de tranquilidad.
"Los tics se pueden controlar por un acto voluntario, pero para lograrlo se necesita una energía enorme, lo que pasa a ser desgastante al intentar contener varias veces al día esa urgencia de expresarlos -indica-. Esto, si se piensa como un trastorno obsesivo-compulsivo, es casi lo mismo: es la obsesión, la idea recurrente de hacer algo y la compulsión para hacerla."
Pero a diferencia de otros movimientos anormales, como ocurre en el Parkinson o las distonías, los tics responden muy rápidamente a las emociones. De ahí que los especialistas recomienden no cargar las tintas sobre los tics.
"No hay que retarlos para que no los hagan más porque no los hacen a propósito: lo mejor es entender que es una situación que se impone a la voluntad, es natural en ellos y que mientras no sea lesiva para ellos o terceros, no hay ningún problema", aconseja el doctor Micheli.
En el país, para el especialista, la mayoría de los chicos con tics pasan en algún momento por un psicólogo, que "puede advertir los tics y, en colaboración con un neurólogo, intervenir -opina-. Pero no porque la psicología intervenga en el origen de los tics, sino por su repercusión social, que puede minimizarse con la contención".
Una última recomendación es comprender de qué se tratan los tics: "Todos tenemos algo que nos hace imperfectos; hay que comprender que las personas con tics deben esforzarse mucho para controlarlos".






