
Maternidad, un nuevo proyecto para después de los 40
Siempre se puede intentar un embarazo
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Hasta hace algunos años, no muchos, las mujeres que transitaban la segunda mitad de sus cuarenta esperaban con más o menos ansiedad volver a tener un recién nacido entre sus brazos: el primer nieto.
Las cosas han cambiado. Ahora, algunas, a esa misma edad, quieren ser mamás.
“El fenómeno de volver a ser madre o de buscar el primer hijo en la perimenopausia (unos años antes o después de la última menstruación) aumentó el 80% en los Estados Unidos durante la década del ochenta –dice el doctor Ramiro Quintana, subdirector del Instituto de Fertilidad (IFER), entidad afiliada a la UBA–. En la Argentina es una tendencia más reciente y no es frecuente, pero crece.”
Los recursos que ofrecen actualmente las técnicas de fertilidad asistida parecen haber corrido los límites naturales de la capacidad de reproducción de la especie humana.
Así las cosas, ¿una mujer siempre puede tener un hijo?
“En teoría, sí –explica el doctor Sergio Pasqualini, director de Halitus Instituto Médico–. Lo más acertado es decir que hoy en día una mujer siempre puede intentar tener un hijo. Pero que menstrúe hasta los 55 años no indica que a los 54 pueda quedar embarazada; sigue menstruando, aunque sus dosajes hormonales marquen fallas reproductivas.”
Pasqualini afirma que en los casos de mujeres mayores suelen conseguirse mejores resultados cuando se respetan los ritmos naturales de ovulación que cuando se las hiperestimula. Pero eso no quiere decir que los óvulos sean viables.
“Una pareja sin ningún problema de fertilidad integrada por una mujer menor de 37 años tiene, en promedio, un 25% de posibilidades mensuales de quedar embarazada –explica Quintana–. Luego de los 40, esa posibilidad natural baja muchísimo. Con una fertilización in vitro (FIV), hasta los 37 años se incrementa a cerca del 40%. A los 39 o 40 años, ese porcentaje baja al 15% y luego de esa edad es de aproximadamente el 5%.”
Cuando una mujer de 44, 45 o más años quiere un hijo, los especialistas explican que utilizando un óvulo donado existe el 50% de posibilidades de lograr un embrión viable. “Pero las que tienen óvulos propios siempre lo intentan con éstos, aunque la posibilidad sea del 5%”, dice Quintana.
El deseo de un hijo genético es muy fuerte, coinciden los especialistas. Pero cuando no se logran resultados, se acepta la donación de óvulos.
Un embarazo especial
“En estos casos –explica la doctora Luisa Barón, médica psiquiatra directora del Instituto de Investigaciones Médico-Psicológicas (Impsi)– disminuye el deseo de un hijo genético en pos de tener un hijo biológico. Esa mujer, que tiene un profundo deseo de maternidad, dará todo lo necesario para que ese embrión se convierta en un bebe: lo llevará en su útero, lo alimentará a través de su placenta, lo parirá, lo amamantará.”
La doctora Barón, que atendió a varias mujeres de más de 40 años que esperaban un hijo (la mayor, de 49), asegura que la edad no es condicionamiento en absoluto para ejercer muy bien su rol. “Nadie se cuestiona nada al saber que un hombre será padre a los 50 –dice–. Pero sí ocurre cuando se trata de una mujer. Y eso que tenemos una gran generación de abuelas que criaron nietos de hijas que trabajan fuera del hogar.”
Pasqualini explica que cuando se recurre a la donación de óvulos se trata de elegir el óvulo de una mujer con rasgos parecidos a los de la madre biológica: color de pelo y de ojos, estatura, contextura. Y dice que no conviene dar recetas en cuanto a si el niño debe saber o no la historia de su origen. “Depende de la forma de ser. Hay chicos a los que podría afectarlos mucho y otros a los que no. Además, en estos casos, el médico y la pareja pueden guardar un secreto, y como hubo 9 meses de embarazo el entorno no tiene por qué saber qué pasó.”
El éxito de la empresa, sin embargo, no siempre está asegurado: las posibilidades de implantación del embrión en el útero de una mujer perimenopáusica son reducidas.
Por eso, señala Barón, uno de los cuidados esenciales es garantizar que la pareja reciba información correcta y sea atendida por un equipo donde no falte la mirada psicológica.
“El verdadero éxito del tratamiento es, en el mejor de los casos, tener un bebe –agrega–. Pero, ocurra o no, hay que evitar que las personas que participaron paguen un alto costo emocional y que el vínculo de pareja, algo seguro, se destruya por efecto del tratamiento.”
Desde el punto de vista biológico y obstétrico, el embarazo de una mujer grande tiene más riesgos (hipertensión, diabetes gestacional, aborto espontáneo, desprendimiento de placenta, parto prematuro), que aumentan a nivel cromosómico al utilizar su propio óvulo.
Sin embargo, los especialistas afirman que cada intento de FIV ofrece también la posibilidad de un mejor diagnóstico sobre las condiciones reproductivas de la mujer, y eso permite corregir errores. Pero, ¿hasta cuándo intentarlo? Pasqualini dice que depende de cada caso. Y contra posibles excesos voluntaristas, Quintana plantea su postura: “Hay que recordar que uno mismo, que es médico, muchas veces también es paciente. Recordar qué le hubiera gustado recibir como tal y pensar en el otro. Esa es la manera de no excederse”.






