
Los psicólogos señalan que están ligadas a situaciones traumáticas no resueltas, o imágenes y relatos que impresionaron mucho a la persona; son comunes en la infancia y suelen darse en las primeras horas de la mañana
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La escena es confusa. Camina por un callejón oscuro, repleto de niebla. No puede ver lo que sigue. Tampoco a los costados. Siente pasos detrás suyo y una respiración entrecortada que se hace cada vez más audible. El terror comienza a recorrerle todo el cuerpo. Siente que la toman de los hombros, quiere gritar, pero no puede. De su boca sólo sale silencio. El miedo la paralizó. Despierta, cubierta de sudor y temblando.
¿Quien no experimentó alguna vez un sueño perturbador, terrorífico?
La mente humana puede crear situaciones imaginarias encantadoras o convertir el placer de descansar en posición horizontal en un momento verdaderamente perturbador, aunque a veces los episodios se manifiesten con una periodicidad poco feliz.
Pero ¿por qué experimentamos oníricamente situaciones que pueden llegar a movilizar a más de un autor de cuentos de terror o suspenso?
Según el neurólogo Claudio Podestá, presidente de la Asociación Argentina del Sueño, las pesadillas forman parte de un grupo de afecciones del sueño denominadas parasomnias, dentro de las que se ubican otras entidades como los terrores nocturnos, el sonambulismo, la somniloquia (hablar de noche) o las apneas.
Generalmente tienen una evolución benigna, se dan con mayor frecuencia en edades pediátricas y suelen ceder con la llegada de la adolescencia.
A diferencia de los terrores nocturnos, en las pesadillas el sujeto puede relatar a veces con detalles el sueño, mientras que en el primer caso sufre de amnesia matinal del episodio.
Otra distinción entre ambas afecciones es que las pesadillas suelen darse en las últimas horas de la mañana, mientras que los terrores nocturnos acostumbran a aparecer entre la primera y la segunda hora de conciliado el sueño. En el segundo caso, quien lo padece puede despertarse aterrorizado, desconoce a quienes lo rodean y solamente distingue las imágenes que lo asustan. Cualquier intervención que hagan para tratar de calmarlo tiende a prolongar la duración del episodio.
Hábitos nocivos
Podestá explicó que desde el punto de vista neurológico no existe un patrón genético definido que explique el origen de las pesadillas, aunque el hecho de que algunas familias tengan en varias generaciones algún integrante que las padezca puede ser un indicio de la existencia de algún factor hereditario.
En ese sentido, el especialista señaló que existen ciertos hábitos que pueden favorecer su aparición. El compartir la cama o la habitación con los padres, la fiebre, el stress, la privación de sueño y algunos fármacos como antihipertensivos o antidepresivos son algunos de ellos. Además, indicó que existen algunas afecciones psiquiátricas, como los estados de ansiedad generalizados, que pueden desencadenarlas.
Cuestiones no resueltas
Andrea Mara Cecchini, psicóloga especialista en trauma, expresó que las pesadillas están ligadas a situaciones traumáticas no resueltas, imágenes e incluso relatos que han impresionado mucho a la persona. "Un evento traumático va a marcar al sujeto más allá del tiempo cronológico real, incluso años después o quizás hasta el resto de su vida si no es trabajado psicológicamente", advirtió.
Por otro lado, existen sueños perturbadores que son esperables en niños y están ligados a un proceso evolutivo psíquico normal, por ejemplo en la época de la dentición y el desarrollo del complejo de Edipo.
Las pesadillas ayudan a que el aparato psíquico en formación elabore lo vivido durante el día, cambios, conductas de los padres, imágenes y todo tipo de situaciones que no comprende, pero lo afectan.
Según los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, las pesadillas se inician en la infancia y se consideran parte normal de esa etapa, a menos que intervengan significativamente con el sueño y con el desarrollo psicosocial.
Dime con qué sueñas
A pesar de que se insista en listados de símbolos universales que aluden a tal o cual cuestión, Cecchini remarcó que la interpretación de las pesadillas depende de cada sujeto. "Se trabaja con el paciente y con los contenidos que se tiene antes o después de las pesadillas. A través del relato, el sujeto puede ir ligando ese sueño a situaciones que cree que desencadenan la angustia", explicó.
Así, aunque existan convenciones culturales y sociales, el aparato psíquico es tan personal y subjetivo que lo que para un sujeto simboliza una cosa, para otro puede resultar algo completamente distinto.
Para superarlas, la psicoterapia es fundamental. La aparición de las pesadillas de algún modo liberan la angustia, pero no totalmente. Por eso, cuando se trabaja con el sueño a través del relato, el sujeto puede ir uniéndolo con algo más. En cambio, si lo duerme a través de un fármaco, lo único que se logra es que esa angustia permanezca inmutable.
Constanza Longarte
clongarte@lanacion.com.ar






