
Premios Nobel galardonan en Francia a una física argentina
Es investigadora del Conicet y tiene 69 años; le entregarán 100.000 dólares
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PARIS.- Ayer, tras una breve exposición acerca de sus estudios de las últimas cuatro décadas en los salones del prestigioso Instituto Pasteur, científicos y periodistas llegados de todo el planeta celebraron con un cerrado aplauso a la física argentina Mariana Weissmann.
Weissmann, investigadora del Conicet en la Comisión Nacional de Energía Atómica, recibirá esta noche en la sede de la Unesco el Premio L´Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia, dotado de 100.000 dólares, de manos de dos premios Nobel, Pierre-Gilles De Gennes (Física, 1991) y Christian de Duve (Medicina, 1974.
Junto con Weissmann serán laureadas otras cuatro investigadoras, una de cada continente.
"Realmente, es un orgullo contar con ella -comentó al enterarse la doctora Cristina Cambiaggio, gerente del Centro Atómico Constituyentes-. Además de ser una excelente científica, es una excelente persona."
Intereses proféticos
"Una distinción como ésta exigía que las elegidas fueran del máximo nivel, y las que resultaron ganadoras son brillantes", afirmó De Gennes, presidente del jurado de 13 eminentes científicos -entre ellos, la física Marta Rosen, también argentina- que el 20 de octubre último, a puertas cerradas, eligió a las premiadas entre 125 postulaciones. Esta es la quinta edición del premio, fundado en 1998.
Weissmann, de 69 años, desarrolló la mayor parte de su carrera en el país. Se graduó en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA; después de unos años de exilio, entre 1966 y 1972, en el California Institute of Technology, en Chile y en Venezuela, se incorporó como investigadora al Conicet. Desde hace tres décadas desarrolla su labor en el Centro Constituyentes de la Comisión Nacional de Energía Atómica, un vasto complejo de seis hectáreas en el que trabajan alrededor de 400 investigadores y tecnólogos, y que produce gran parte de la investigación en materiales del país. Fue la primera mujer incorporada a la Academia Argentina de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
"Cuando terminé el colegio, como tenía facilidad para la matemática, ingresé en Exactas, un poco sin saber a qué me iba a dedicar", recuerda, con una permanente sonrisa.
Desde sus comienzos, Weissmann se distinguió por tener una noción muy precisa de cuáles eran los temas dominantes de su especialidad. Muy pronto su trabajo se convirtió en un intento por comprender las propiedades macroscópicas de los materiales (electrónicas, magnéticas y de transporte) a partir del análisis matemático de la jungla subatómica que los compone. "Analizo materiales a través de métodos numéricos, de cálculos y simulaciones -comenta-. Se podría decir que estudio el orden (por ejemplo, en un cristal perfecto) y el desorden (cuando los átomos están fuera de lugar), y cómo éste último influye en las propiedades de ese material. En otras palabras, hago experimentos con la computadora y los comparo con lo que sucede en la realidad."
Durante su exposición, sintetizó en un puñado de preguntas la búsqueda que la apasionó durante toda una vida en las fronteras del conocimiento: por ejemplo, ¿por qué hay desorden cuando baja la temperatura del hielo?, ¿cuál es la diferencia entre el silicio amorfo y los cristales de silicio?, ¿qué defecto es importante en la producción de cristales semiconductores?
Sus intereses resultaron proféticos y muchas de sus respuestas encontraron aplicaciones prácticas, como sus trabajos sobre la formación del hielo, que abrieron la posibilidad de sembrar las nubes para provocar lluvia. En un trabajo reciente, demostró que en la molécula de 60 átomos llamada fulereno (la tercera forma del carbono, después del carbón y el diamante) se pueden reemplazar átomos de carbono por otros de silicio, calculó las propiedades resultantes y produjo una simulación de la forma en que la molécula se fragmenta cuando la impacta un rayo láser.
"Algo me pone contenta --confiesa Weissmann-: tradicionalmente, Buenos Aires y la CNEA les han dado un lugar a las mujeres. Por otro lado, esta distinción ayuda a difundir la investigación realizada por mujeres."
Respecto del éxodo de jóvenes científicos argentinos, sugiere que tal vez no sea tan malo. "Cuando era estudiante, en los Estados Unidos -recuerda-, un profesor muy famoso me decía: "Mirá, Mariana, Suiza es un país chiquitito, si fabricara lo que necesita, sería de pésima calidad. Tiene que fabricar diez veces más para que lo que le queda sea excelente. Así que no te preocupes si la Argentina regala un montón de cosas: para poder tener algo bueno, hay que tener una cantidad mínima de gente que sirva. En ese sentido, creo que deberíamos aprender a negociar un poquito más. Por ejemplo, que el país que contrate un científico argentino se comprometa a montar un laboratorio. El de negociar es un oficio que tendríamos que aprender."
Se declara optimista y afirma que tiene fe, a pesar de todo, en las reservas del sistema científico nacional. "Creo que todavía hay gente valiosa, que los estudiantes todavía están bastante bien formados -reflexiona-. Yo les recomiendo a todos que lean el proyecto que presentó el Conicet."
Y concluye: "La ciencia tiene un gran aporte que hacer. Si uno es pobre, tiene que trazar una estrategia para salir de pobre, porque si lo único que se le ocurre es pedir prestado..."






