
Química verde
Verde es el color de la naturaleza... y el de los dólares. Fue precisamente esta sugestiva analogía -y no la poesía lorquiana- la que inspiró al químico norteamericano Paul Anastas a la hora de fundar el Green Chemistry Institute, una organización independiente sin fines de lucro que desde 1997 impulsa la transición hacia una química sustentable; es decir, que no agote las reservas naturales, que preserve el medio ambiente y que no afecte la salud humana ni animal.
El Green Chemistry Institute (www.chemistry.org/greenchemistryinstitute), formado por científicos, académicos, empresarios, consumidores, ambientalistas e industriales, tiene capítulos en 25 países del mundo, uno de ellos en la Argentina ( www.fcen.uba.ar/quimicaverde ).
Esta semana, Anastas estuvo en Buenos Aires para participar del encuentro "Investigación e industria, estrategias para una química sustentable", organizado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y tuvo ocasión de discutir con investigadores de todo el país y del Uruguay los últimos avances de la química verde y las perspectivas que permite avizorar.
Esta nueva concepción surgió de una sencilla ecuación: en lugar de gastar ingentes sumas de dinero para limpiar químicos dañinos -ya sean tintas, sustancias farmacéuticas, textiles o electrónicas-, convendría diseñarlas desde el vamos para que sean benéficas y de ese modo incrementen su competitividad y eficiencia.
"Tenemos que rediseñar nuestras técnicas, en lugar de seguir agregando policías -sostuvo Anastas durante las reuniones-. La química verde debe ser una prioridad científica nacional, ya que es una forma de perseguir simultáneamente metas económicas y ambientales."
Y siguió calculando: "La forma en que fabricamos nuestros materiales se basa en el agotamiento de los recursos. Pero la química es inagotable. Todos los días se crean 4000 nuevas sustancias, 1.500.000 anuales. El número estimado de los químicos que sería posible crear es 10 elevado a la 63» potencia (un uno seguido de 63 ceros). Tenemos mucho que hacer por delante".
Anastas esgrimió logros convincentes: polímeros que se pueden usar que se fabrican a partir de azúcar de maíz y se biodegradan en el medio ambiente; dióxido de carbono líquido que puede usarse como solvente para la limpieza de ropa y es inocuo; pesticidas que sólo causan daño a la peste y no persisten en nuestro organismo...
"Einstein decía que los problemas no se pueden resolver en el mismo nivel de conciencia que los creó -concluyó-. Hoy comprendemos la base molecular del riesgo y la toxicidad. Sabemos cómo diseñar sustancias que no sean persistentes ni bioacumulativas. ¿Invertiremos los recursos y la dedicación necesarios para lograr esta transformación? Sí. Porque podemos. Y porque debemos hacerlo".







