
Recuerdan a Carlos Gianantonio a diez años de su fallecimiento
Se realizó un acto en el Hospital Italiano de Buenos Aires
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Esta columna fue escrita por el doctor José Ceriani Cernadas, actual jefe de Pediatría del Hospital Italiano de Buenos Aires, con motivo del décimo aniversario del fallecimiento del doctor Carlos Gianantonio
Anteayer se cumplieron 10 años del fallecimiento del doctor Carlos Gianantonio, maestro indiscutido de la pediatría y una de las figuras más notables de la medicina argentina. En el Hospital Italiano de Buenos Aires se realizó un acto conmemorativo que contó con una nutrida concurrencia de médicos de múltiples lugares, que asistieron para rendir su homenaje.
No llamó la atención esta convocatoria, porque el doctor Gianantonio fue para todos los pediatras del país una persona que reunía cualidades excepcionales, tanto como ser humano como por sus inmensos conocimientos médicos, una conjunción que no es tan frecuente en la medicina.
Gianantonio fue un verdadero humanista que bregó incansablemente por mejorar la atención de los niños en nuestro país, defender sus derechos y su dignidad, más allá de cualquier otra consideración. No hay duda de que en la pediatría argentina hubo un antes y un después de Gianantonio.
El produjo cambios tan notables -como la creación de la primera residencia en pediatría de la Argentina- que la enorme trascendencia de su accionar aún hoy perdura con una notable intensidad. Su presencia fue esencial para muchas generaciones de pediatras, era nuestro guía y el modelo que todos ansiábamos alcanzar.
Un ejemplo de conducta
Sus enseñanzas estaban fundamentalmente dadas por el ejemplo de su conducta; el solo verlo cómo atendía a un niño o cómo se dirigía a los padres con palabras llenas de consuelo y esperanza significaba un aprendizaje inigualable.
No sólo aprendíamos medicina, sino que principalmente aprendíamos cómo se ejerce la medicina, es decir, como se une la ciencia con el humanismo, los dos pilares fundamentales de nuestra profesión.
Gianantonio era enemigo de los homenajes hacia su persona y eludía sistemáticamente la notoriedad y figuración. No necesitaba eso porque sus valores estaban muy por encima de esas cosas. Por lo tanto, tampoco corresponde aquí extendernos en detallar sus múltiples logros.
Su humildad y su forma de ser tuvieron las características que sólo se alcanzan con la sabiduría, y él fue aún más: un maestro de la sabiduría.
Para los que tuvimos la enorme fortuna de estar con él, será por siempre nuestro guía y ejemplo. Nuestro querido maestro.






