
Solidaridad, un camino que ayuda a superar el dolor de las ausencias
Enfoca las energías hacia el futuro
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El alto contenido emocional que impregna las fiestas de fin de año tiene un lado particularmente oscuro: ilumina las ausencias.
"Estas fechas me traen recuerdos de las Fiestas anteriores: los regalos que compré, los momentos vividos, y el dolor se intensifica. En todos lados se oye música navideña, hay una fuerte imposición social de festejar y en un mundo donde todos aparentan estar tan felices uno se pregunta: ¿dónde ubico mi dolor?", se cuestiona Lucila de la Serna, mamá de Benjamín, uno de los nueve adolescentes del colegio Ecos que el 8 de octubre murieron en una ruta de Santa Fe, cuando un chofer alcoholizado destrozó el ómnibus que los traía de un viaje solidario a una escuela chaqueña.
Movidas por la nostalgia, muchas personas atraviesan un estado depresivo que las conecta con sus pérdidas, aunque éstas no sean tan dramáticas.
"Si son pérdidas recientes, el dolor del duelo se reagudiza y hace de esta época una prueba difícil de transitar. Pero lo perdido también puede estar referido a las ilusiones frustradas, a los proyectos no cumplidos o a los años de la infancia, que hacen emerger el recuerdo melancólico de las celebraciones pobladas de familiares, con un presente tal vez magro en lazos afectivos", comenta Alicia Kasulin, psicóloga, socióloga y docente de Salud Mental en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
"Las Fiestas funcionan como un ritual que gatilla emociones. Siempre hay ausencias, esto es inevitable, pero lo importante es tener claro que lo perdido no se recupera. Concentrarse en las pérdidas y permanecer focalizado en el propio dolor no te permite hacer mucho, ya que te concentra en lo irreparable y convierte tu vida en una evocación del pasado, que te impide salir del dolor y generar algo nuevo", señala Eduardo Keegan, profesor de la Facultad de Psicología de la UBA y presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Cognitiva.
"Ayudar a otros, en cambio, aliviana la tragedia personal y puede convertir una pérdida irreparable en un valor con significación social. Como hicieron quienes impulsaron en Catamarca la movilización que siguió a la muerte de María Soledad Morales, Juan Carlos Blumberg, o los padres de Ecos, que pusieron la mirada en quienes hoy circulamos por las rutas", agrega Keegan.
No es necesario esperar la emergencia de una tragedia para encarar una acción comunitaria. Cualquier situación de pérdida puede convertirse en un nudo paralizante o en motor de algo nuevo. Transitar el dolor de cualquier pérdida es inevitable, sin embargo, son múltiples las formas de hacerlo. Una de las salidas es no dejar que el dolor lo inunde todo, respetando las propias emociones y los tiempos internos.
Una nueva oportunidad
Desde una mirada psicoanalítica, Kasulin reivindica la necesidad de respetar los procesos personales para ponerse en marcha: "El tiempo por sí mismo no cura nada, pero es imprescindible para sanar las heridas. Procesar el duelo por lo ido y perdido requiere un proceso de tramitación y, una vez elaborado, sí es posible generar una nueva oportunidad para poner la energía al servicio del futuro".
Dolida pero no quebrada, Lucila de la Serna se propone actuar mientras intenta aprender a convivir con su dolor: "Esta emoción me va a acompañar siempre, por eso quiero que la pérdida no me inmovilice totalmente; prefiero focalizar también en lo no perdido, en lo que tengo, en lo que se puede buscar".
Y junto con otros padres víctimas de la tragedia de Santa Fe, estudiantes, la colaboración de otros grupos como las Madres del Dolor y la Red Solidaria, motoriza una campaña por la seguridad vial que se ha convertido en un objetivo de vida compartido.
"La campaña [a la que se puede adherir a través de la página web http://www.tragediadesantafe.com.ar/ ] se propone resaltar la importancia de la vida y la necesidad de respetar las normas de tránsito para conservar la vida, cuidar la vida de los otros, para que no ocurran otras muertes absurdas."
Rescatar el valor de la utopía, como apuesta solidaria a los proyectos colectivos, es una eficaz herramienta para luchar contra la depresión, vencer el dolor y construir el futuro. Tal como aparece en una poesía que las maestras de la escuela chaqueña escribieron para los estudiantes solidarios accidentados: "Podemos cambiar el mundo con nuestra unión".
Un buen motivo para celebrar en estas Fiestas.






