
¿Un mismo psicólogo para toda la familia?
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La conveniencia -o no- de que un mismo psicólogo trate en forma individual a los miembros de una familia es mucho más que un dilema.
El sentido común indicaría que, así como ocurre con el médico de familia, sería adecuado que un profesional se ocupe de la salud mental de todo el grupo. Pero en psicoterapia las cosas no son tan sencillas.
Hay posiciones encontradas sobre el tema, pero, curiosamente, ambas posturas se nutren de la misma fuente teórica: el psicoanálisis, doctrina en que se han formado la mayoría de los psicólogos argentinos.
Existe algo en que todos están de acuerdo, y es que el terapeuta no trabaja sobre la realidad objetiva del paciente, sino sobre su realidad psíquica, que es siempre subjetiva, individual, e incluye sus representaciones y fantasías sobre los otros.
Por eso, para algunos, tratar a alguien cercano (familiar, amigo o, incluso, un socio) de ese paciente, puede interferir en el tratamiento. Aquellos que no cuestionan la atención de varios integrantes de una familia por un mismo psicólogo, dicen que en tanto la realidad con la que se trabaja no es la concreta sino la psíquica, cada paciente es tomado como una subjetividad distinta de otras, aunque sean cercanos entre sí.
"El psicoanálisis no confunde la realidad material con la realidad psíquica -afirma la licenciada Miriam Mazover, directora del Centro Dos-. La realidad psíquica es siempre la lectura que un sujeto hace de su historia: no hay "una" verdad, sino la verdad de cada persona, por eso aquello de que las cosas son de acuerdo con el cristal con que se mira... Así, sería del orden del error y no de la eficacia terapéutica atender a varios miembros de una familia, ya que resultaría imposible no caer en un juego de espejos. El riesgo es que algo que no corresponde a su propia subjetividad se intercepte en cada integrante del grupo."
El doctor Abel Fainstein, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, advierte: "Para el psicoanalista o psicoterapeuta, tener acceso a través de personas cercanas al paciente a lo que se conoce como la realidad material hace difícil algo indispensable para el tratamiento, que es atender a la realidad psíquica del sujeto, es decir, su vida de fantasía, sus pensamientos, sus formas de vivenciar los hechos de la realidad".
En este sentido, Fainstein agrega que "un tratamiento favorece la repetición de modelos de relación de los vínculos primarios, padres y hermanos, y de este modo se puede trabajar sobre conflictos y carencias. Conocer la realidad de estos vínculos dificulta la tarea, porque la cuestión debe abordarse a través del relato vivencial del paciente, que incluye sus fantasías".
De neutralidad y arbitrajes
La licenciada Evangelina Grapsas, coordinadora clínica de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, coincide con sus colegas acerca de la distinción entre realidad material y realidad psíquica. Y es justamente debido a esa distinción que no ve inconvenientes en que una familia se trate con el mismo profesional.
"No hay un otro en sí -explica-, sino la representación que cada uno hace del otro. Por eso, el analista escucha las representaciones de su paciente. Así, es indistinto si son familiares: si tratáramos al otro como un otro real, la función del analista sería la de un árbitro o un juez. Y no se trata en absoluto de eso."
"En algunos casos, es posible que una familia haga terapia con el mismo psicólogo -afirma el licenciado Hugo Pisanelli, director de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires-. Los fundamentos están en la teoría psicoanalítica, que permite que el mismo analista sea vivido por cada paciente de forma muy diferente. Para que esto sea posible, el profesional no debe, por ejemplo, confundir al marido de una paciente, también en tratamiento, con ese marido que la paciente tiene en la cabeza , o viceversa. Y mantener, como siempre, abstinencia total de lo que sabe de un paciente en relación con otro u otros."
"Para el encuadre psicoanalítico, que un mismo profesional asista a varios integrantes de una familia en terapia individual es un error técnico y un acto reñido con la ética, en tanto se transgrede una de las reglas básicas: la de la abstinencia", afirma la licenciada Ana María Luzzi.
Luzzi, que participa de la investigación "Un estudio de escolares de hogares pobres", considera que el terapeuta debe tomar todos los recaudos para preservar la neutralidad de su estado mental, y ser receptivo de las fantasías del paciente, sin que interfieran datos de otras fuentes.
Pese a los dictados de la teoría, un sueño -quizá no confeso- de muchos pacientes sería que el terapeuta atendiera a familiares y conocidos. Y según algunos testimonios, ese deseo inconsciente tampoco estaría fuera de las fantasías de los profesionales.
"Pero es necesario no ceder a la tentación de convertirse en consultor privilegiado de toda la familia", advierte la licenciada Alicia Terán, directora del Area de Asistencia de Encuentro Clínico y secretaria de redacción de la Revista Dialogantes.
Sobre la tentación de ocupar un lugar de poder, es aún más contundente Miriam Mazover. "Si un analista, de buena fe, atendiera a varios integrantes de una familia, cometería un error -dice-. Pero si lo hiciera con el objetivo de ejercer algún tipo de manipulación, sería un acto canallesco."
Sin embargo, la licenciada Alicia Díaz Farina, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, no es tan terminante. "Todo depende del caso -explica-. ¿Qué pasa, por ejemplo, si varios miembros de una misma familia han pasado por varios terapeutas sin éxito y de pronto aparece uno con quien los síntomas se alivian y se le confía la atención de todo el grupo?"
Para Díaz Farina, si ésta es la única vía posible para que una familia pueda pedir ayuda profesional, "¿por qué pensar que no es válido para lograr el alivio de su sufrimiento?"
Cuando a menudo -aunque erróneamente- se compara la escucha del psicólogo con la del sacerdote confesor, uno de los aspectos que más interesan es la confidencialidad del testimonio. "Y ésta es una de las razones por las que no es lo más apropiado que varios miembros de una familia vayan al mismo psicólogo", explica la licenciada Adriana Mónica Rubinstein, psicóloga y socióloga, directora del proyecto "Cómo terminan los tratamientos de orientación psicoanalítica en instituciones hospitalarias", de UBACyT.
Celos e intromisiones
Para Rubinstein, la atención simultánea en terapia individual de una familia puede afectar la relación de confianza con el analista y alimentar fantasías que obstaculicen el tratamiento. De todos modos, no niega rotundamente la posibilidad, siempre y cuando el profesional "no alimente interferencias, mantenga su neutralidad y confidencialidad".
¿Y esto es posible? Para la licenciada Alicia Martha Passalacqua, directora del proyecto de investigación "Evaluación con Rorschach de las funciones de realidad en niños y adolescentes con y sin psicoterapia", de UBACyT, "tratar de modo individual a los miembros de la misma familia entorpece la terapia, suscita situaciones de celos, fantasías de preferencias, mezclas de informaciones que pueden hacerle perder objetividad al mismo terapeuta y, aunque no quiera, puede ser conminado a establecer alianzas inapropiadas".
"Es importante -agrega la licenciada María Angélica Palombo, directora de Encuentro Clínico y de la Revista Dialogantes- que el analista no se vea perturbado por el tironeo afectivo en que estaría inmerso si atendiera a padres, hijos, hermanos..."
La intromisión es un exceso frecuente de las familias, especialmente al comienzo de un tratamiento. "Lo más probable -dice la licenciada Terán- es que surjan dudas y curiosidad en el núcleo familiar, y también sentimientos de persecución, vinculados con la fantasía de que la gente va al psicólogo para criticar a la familia..."
Los profesionales parecen difíciles de seducir. "Pueden llamar familiares -agrega Terán-, con el pretexto de aportar datos o ayudar al tratamiento, cuando en verdad no se soporta sentir la exclusión respecto de ese vínculo tan particular que se establece entre el analista y analizando."
Cuándo puede ser conveniente
- La licenciada Palombo explica que si el analista trata a un paciente en riesgo, que necesita de un marco familiar de contención, podría solicitar entrevistas con familiares, pero con conocimiento pleno del paciente y objetivos definidos. Para la licenciada Rubinstein, "a veces, es apropiado en tratamientos de niños, si alguno de los padres necesita entrevistas, pero no acepta un tratamiento propio". La licenciada Luzzi, en cambio, afirma que en un programa que integra y que brinda atención gratuita a niños de 4 a 12 años, hay terapeutas distintos para los chicos y los padres, que asisten a grupos de orientación.






