
Un nuevo aliado contra las hemorragias
Fue desarrollado originalmente para tratar formas raras de hemofilia que no responden al tratamiento
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Una molécula utilizada para activar la coagulación en cierto tipo de hemofílicos demostró que también puede, en minutos, detener hemorragias por traumatismos en pacientes con coagulación normal.
No todas las hemofilias son iguales: una mínima parte de los pacientes desarrolla, paradójicamente, anticuerpos o inhibidores de factores de coagulación que rechazan toda terapia.
El factor VII recombinante activado (rFVIIa) reduciría la cantidad de unidades de sangre para transfusiones y sus riesgos, como el rechazo orgánico o las infecciones.
"Se presumía que los traumas severos producían hipercoagulación, y la mayoría de los médicos, especialmente los cirujanos, tenía miedo de usarlo en el quirófano", afirma el doctor Uri Martinowitz, director del Centro Nacional de Hemofilia de Israel y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv.
De visita en nuestro país, el especialista compartió un simposio en la Academia Nacional de Medicina con la doctora Ulla Hedner, profesora de la Universidad de Lund, en Suecia, sobre este avance en hematología.
Al purificar el factor VIIa del plasma humano en los años setenta, la "madre" del rFVIIa -como Hedner acepta que la llamen- permitió avanzar en el conocimiento de los mecanismos de formación de coágulos (hemostasis). En el mundo se usan más de 250.000 dosis anuales del rFVIIa. Treinta pacientes argentinos con inhibidores reciben la terapia.
Cuando en 1983 publicó los primeros resultados en la revista Journal of Clinical Investigation, los especialistas comenzaron a pensar en la posibilidad de ampliar el uso del rFVIIa a las emergencias. Según estadísticas presentadas en el último Congreso Mundial de Trauma, Inflamación y Sepsis, en Munich (Alemania), el 53% de las personas con sangrados críticos causados por traumatismos muere dentro de las 48 horas. Esas lesiones, según la Organización Mundial de la Salud, son la primera causa de muerte en menores de 40 años.
Sin embargo, cuando en 1999 la Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA) aprobó el desarrollo de la doctora Hedner, limitó su uso a pacientes hemofílicos.
Nuevas fronteras
Casi por azar, y a riesgo de perder su licencia profesional, Martinowitz realizó la primera aplicación del factor humano clonado en una persona no hemofílica. ¿El objetivo? Salvarle la vida a una mujer a punto de morir.
"Las explosiones de ómnibus en las ciudades crearon una situación especial en Israel -recuerda el especialista durante la entrevista con LA NACION, junto a la profesora Hedner-. El impacto en el cuerpo humano es terrible: se producen tantas lesiones internas que la mayoría llega al hospital con alto riesgo de muerte por sangrado."
Ambos investigadores coinciden en que el rFVIIa era el "candidato ideal" para esos casos por su mecanismo de acción inteligente: una vez inyectado, se dirige al lugar donde están las lesiones arteriales que provocan el sangrado masivo para activar una proteína insoluble (fibrina) que forma un tapón y sella la lesión.
Con esta idea en claro, el doctor Martinowitz se propuso convencer a los ejércitos de Israel y de los Estados Unidos de realizar un primer estudio en veinte cerdos y comprobar la seguridad de la terapia. Luego pasaría a los soldados. Pero una llamada telefónica aceleró los tiempos.
"De repente, apareció el primer soldado para tratar -recuerda el especialista-. Una noche recibí la llamada del hospital donde estaban operando a una soldado muy mal herida: tenía un gran orificio de bala y ya le habían dado cuarenta unidades de sangre, pero los cirujanos no podían controlar nada porque su coagulación había colapsado."
Con la paciente en la mesa del quirófano y la última unidad de sangre disponible, el anestesista llamó a Martinowitz. "Vivo muy cerca del hospital -agrega-. Subí a la moto y llamé a una médica que trabajaba allí conmigo: le pedí que tomara de mi escritorio el rFVIIa y corriera al quirófano."
Por teléfono celular y aún desde la moto, el especialista le indicó inyectarlo. "Me dijo que no lo podía hacer porque le sacarían la licencia -recuerda-. Mientras pedía a gritos que inyectara, ella me explicaba que en el prospecto estaba contraindicado."
Finalmente, el médico en persona inyectó una pequeña dosis del rFVIIa. "Sentí que estaba parado en terreno seguro y no había nada que perder... Y para suerte de los cientos de pacientes a los que se les podría salvar la vida, funcionó." A los dos días, el doctor Martinowitz viajó a los Estados Unidos para comenzar el estudio en cerdos con la doctora Hedner: la técnica demostró su seguridad y corrigió los defectos de coagulación.
En los últimos años,en Israel, el rFVIIa detuvo sangrados críticos en el 75% de las personas con traumas. "Es aplicable en toda situación", dice .
Para la doctora Hedner, ya en 1986 -muy temprano en el desarrollo- "aquello que demostrara ser hemostático en un entorno hemofílico lo sería en otros entornos porque la hemostasis es un proceso común a gran cantidad de problemas de sangrado".
Los especialistas ya estudian nuevos usos, como profilaxis en los pacientes hemofílicos y en los pacientes con coagulación normal en la etapa prehospitalaria para facilitar el trabajo del cirujano, que "no puede estar curando cada hemorragia que aparece", o en situaciones críticas, como la liberación de rehenes.
Los primeros pasos del desarrollo
En los años setenta, la doctora Ulla Hedner trabajaba en una clínica de Suecia donde un 20% de los pacientes no tenía una terapia efectiva. "Me obsesioné con ellos, que tanto necesitaban un factor de coagulación", dice.
Los primeros pasos los dio con lo que tenía a mano: un concentrado de factores sanguíneos con el que logró los resultados iniciales y sus efectos secundarios, que luego identificó en animales. "Concluí que el factor VIIa podía ser un buen candidato para los efectos hemostáticos, que debían ser independientes de los factores VIII o IX y de los anticuerpos", explica.
Para comprobarlo, trabajó dos años en el Departamento de Bioquímica de Seattle, en los Estados Unidos, y convenció a colegas de purificar el factor VII del plasma humano, que es difícil de sintetizar porque está presente en bajas concentraciones.
En un año, lograron una cantidad suficiente para tratar en 1980 a dos pacientes en la Clínica de Hemofilia del Hospital Universitario de Suecia. Así pudo publicar los primeros resultados y, en 1988, obtener la primera dosis por ingeniería genética. Pero la base del uso humano fue un estudio realizado en perros hemofílicos de Chapel Hill, Estados Unidos. "En ellos, la reacción es igual a la de las personas, en las que la dosis es menor", concluye.
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