
Una niña de 2 años recibió un implante auditivo pionero
Luciana fue operada el 6 de marzo y los médicos esperan que pueda oir en un mes
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"Queremos escucharla por primera vez diciéndonos papá y mamá." Ese es el sueño de Lucio Cazón y Liliana Ramos, papás de Luciana, una niña salteña de 3 años recién cumplidos, que sonríe, juega, pelea, balbucea... pero no oye y, por lo tanto, no conoce las palabras.
Y ese sueño comenzó a hacerse realidad el 6 de marzo, cuando con sólo 2 años Luciana se convirtió en la primera niña de todo el continente americano en recibir un implante auditivo de tronco cerebral infantil.
Luciana nació sin nervio auditivo y sin cócleas, órganos con forma de caracol que alojan el sentido de la audición. A través de esta operación, de altísima complejidad y que duró cuatro horas, se le instaló una cóclea artificial.
Se trata, pues, de "un dispositivo que provee la percepción del sonido a través de electrodos implantados directamente en los núcleos de la audición, en el tronco del cerebro", explicaron desde la Fundación Argentina de Otorrinolaringología, cuyos médicos fueron quienes realizaron la intervención, junto con los del Centro de Implantes Cocleares.
En un mes, cuando la cicatrización de la operación sea total, los médicos conectarán el dispositivo implantado y Luciana oirá, por primera vez, su nombre, las palabras mamá y papá y la música folklórica que suele bailar copiando los pasos que hacen sus papás en la academia Reflejos, de Salta, de donde son profesores.
"Este es un momento histórico en la lucha contra la sordera", así lo definió el doctor Vicente Diamante, titular de la Fundación de Otorrinolaringología. Y explicó que este tipo de cirugías nunca antes se había hecho en América en menores de 12 años.
"Es fundamental hacerlo antes de los 3 años, porque es entonces cuando aún están a tiempo de aprender. Es un proceso lento, porque estos niños nunca oyeron nada y el aprendizaje del lenguaje les llevará tiempo", explicó Diamante.
Según Diamante, las estadísticas señalan que 3 de cada 1000 niños menores de dos años padecen hipoacusia severa en la Argentina. "El 5% de esos casos se debe a la falta de desarrollo de las cócleas y los nervios."
La difícil decisión
Liliana empezó a sospechar que Luciana no oía cuando la pequeña tenía 9 meses. "Ella era muy dormilona, y ningún ruido la hacía reaccionar: ni los portazos ni la caída de las cosas al piso, nada. Pero el pediatra me decía que lo que tenía era un problema de adenoides, que no me obsesionara", relató la mujer.
Pero Luciana fue creciendo y siguió igual. Entonces Liliana la llevó a un otorrinolaringólogo, que fue quien la contactó con el doctor Diamante. "Fue todo muy rápido. Osecac [la obra social que posee el matrimonio] empezó a gestionar la operación y el doctor nos pidió autorización para operarla en agosto pasado.
En diciembre, justo para las Fiestas, Diamante nos llamó para ponerle fecha a la operación", contó Liliana. Y agregó: "Nos costó decidirnos, pero por primera vez aparecía la posibilidad de curarla".
La decisión de operar a Luciana no fue tan fácil de tomar. "Es una operación riesgosa, porque significa colocar un chip dentro del tronco cerebral, lo que puede provocar paros cardíacos o dificultades en la respiración, por eso se necesitan equipos de altísima complejidad para estas cirugías", explicó el neurocirujano Jorge Salvat, quien también participó, con su equipo médico, de la intervención, que se realizó en un hospital porteño privado.
El aparato implantado en el tronco cerebral de Luciana tiene un costo de 30.000 dólares y fue cubierto por Osecac (obra social de los comerciantes) y subvencionado por el Ministerio de Salud de la Nación, a través de la Administración de Programas Especiales (APE).
Aprender a decir
Vestida de rosa y con el cabello sujetado con varias trabitas de colores, Luciana sonríe ante las cámaras que la filman y le sacan miles de fotos por minuto. Juega con los cables, señala un micrófono, lo agarra y se pone a balbucear a los gritos, ante el esfuerzo de comunicar lo contenta que está.
Para pedir el chupete le hace seña a su mamá, juntando los dedos y llevándoselos a la boca. "Por ahí se enoja porque no le entiendo. Pero cuando juega con los demás nenes se entienden a la perfección. Mis sobrinos me dicen que los engañamos, que no es para nada sorda", cuenta entre risas Liliana.
"Yo tampoco creía al principio, porque estaba convencido de que me decía «papá». Después me di cuenta de que balbuceaba algo parecido a lo que yo deseo escuchar", remata Lucio.






