
Una parasitosis que golpea las puertas de la Argentina
El parásito de la esquitosomiasis ha sido hallado en Brasil, cerca de la frontera
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CORDOBA.- Los faraones egipcios Ramsés y Tutankamón padecieron esquitosomiasis, también llamada "la enfermedad de las represas". Cuatro mil años más tarde, ésta se ha convertido en la segunda gran endemia parasitaria del mundo: aproximadamente 200 millones de personas se ven hoy afectadas. Sus consecuencias sobre el organismo humano son letales y lo que los argentinos no sospechan es que ya está a las puertas del país, llegando a sus fronteras.
La entrada de la esquitosomiasis en el territorio nacional se producirá, si es que no ha ocurrido ya, por los cursos de agua limítrofes con Brasil, país en donde se estima que 20 millones de habitantes sufren esta afección.
El responsable de esta amenaza es un tipo de gusano-parásito (llamado esquitosoma) que desarrolla su ciclo de vida en cursos de agua dulce, hospedándose en una variedad de caracoles denominada biomphalaria. De los moluscos el parásito sale ya en estadio infectante -su tamaño es microscópico, de apariencia similar al renacuajo-, pudiendo entonces atravesar la piel de un humano que toma contacto con el agua contaminada.
Viaja luego por el torrente sanguíneo hasta las venas mesentéricas, cercanas al intestino, y porta, que irriga el hígado, en donde produce obstrucciones que conducen a cuadros de hipertensión portal y cirrosis severas, que terminan con la vida del afectado pues las lesiones en la etapa crónica de la enfermedad son irreversibles.
Los parásitos se reproducen en el intestino del ser humano. Una multitud de huevos es expulsada con la materia fecal, y a partir de allí recomienza el ciclo biológico del parásito. Por eso, una persona infestada puede transportar el problema de un lugar a otro.
En el umbral
A mediados de la década del 70, la zona de transmisión activa de la enfermedad estaba en Brasil, a 900 kilómetros de la frontera con la Argentina. Pero en este cuarto de siglo se ha desplazado y hoy se encuentra en los umbrales de la frontera común.
Tal vez seguiría su avance silencioso si no se hubiera adoptado la determinación en la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación -a cargo del ingeniero Daniel Di Giusto- de poner en marcha un proyecto por el cual se hará un diagnóstico de la situación y se elaborará una propuesta de soluciones.
La dirección científica del proyecto fue encomendada a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Participarán también investigadores de las provincias mesopotámicas y de otras universidades, e incluso se contará con la colaboración académica de países vecinos.
"Es una patología gravísima por la que muere muchísima gente", informó el doctor Hugo Pizzi, de la cátedra de Parasitología de la UNC. El índice de mortalidad es muy alto: "constituye prácticamente un tercio de las causas de muerte de los infestados, porque no se identifica enseguida la enfermedad y entonces se produce cronicidad, que puede durar años, pero que siempre termina matando".
Miembros del Instituto de Investigación Osvaldo Cruz, de Río de Janeiro -donde trabajó el doctor Carlos Chagas- estiman que en Brasil los afectados "están llegando a 20 millones".
El rol de las represas
Pizzi explicó que tras la construcción de la represa de Asuán se cuadruplicó el número de infestados, que antes ya era alarmante: un 10% de la población egipcia. "El rol de las represas está comprobado, y en nuestro caso representan un factor favorecedor las de Itaipú y Yacyretá", apuntó. La presencia en los acuíferos de la variedad de caracoles propicios para el desarrollo del parásito, así como la movilidad poblacional en la región aceleran el avance.
El parásito "no respeta nada, ni edad ni clase social", porque pueden ser infestados tanto "el señor que va con fines turísticos a nadar como el trabajador de un arrozal o los niños que están jugando".
"Esto se nos viene encima porque tenemos un 32% del territorio en la cuenca del Plata", advirtió Pizzi. Según este especialista, las provincias que primero van a sentir el impacto de esta afección son Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Entre Ríos y Santa Fe.
Pizzi señaló: "Hace muchos años que no se hace vigilancia epidemiológica y no conocemos si no fuimos ya invadidos; esto lo vamos a comprobar a través de este programa. Vamos a saber si los caracoles están contaminados y si hay gente enferma dentro de nuestro territorio".
Afortunadamente, el problema puede ser contrarrestado. Primero, porque hay mecanismos biológicos que permiten controlar la difusión del parásito y, segundo, porque actualmente existen medicamentos efectivos, siempre y cuando "el enfermo sea detectado en la fase inicial de la enfermedad".
"Si podemos desarrollar el proyecto, creo que al problema lo vamos a poder parar", confió Pizzi.
-¿Este programa no será víctima de los ajustes para el déficit cero?
-Si no se invierte en frenar esto, tenga la seguridad de que lo único que nos va a quedar por hacer es el inventario del incendio, porque si entra, toda la Mesopotamia argentina se nos va a contaminar con una rapidez inimaginable -sentenció Pizzi.
Cuáles son sus síntomas
Primeros signos: pueden ser pequeñas dermatitis causadas por la entrada del parásito a través de la piel o reacciones alérgicas.
Fase crónica: si la persona está afectada hace mucho tiempo, esto se refleja en la alteración de ciertas funciones del organismo: problemas digestivos e intolerancia a diversos alimentos. En la etapa más avanzada, el abdomen se hincha.
Ríos: el peligro de contagio es para aquellos que tienen contacto con agua infectada con el parásito, pero vale aclarar que éste no vive en agua salada.
Pescado: no existe riesgo de contagio por comer pescados que habitan ríos infectados.
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