
Una técnica evita la transpiración excesiva
Consiste en eliminar, por medio de láser, las glándulas sudoríparas de las axilas; es ambulatoria y se realiza en 45 minutos
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Transpirar... se acepta. Pero hacerlo hasta el punto de no poder estrechar la mano de otro o de evitar una entrevista laboral por vergüenza, transforma este mecanismo, totalmente fisiológico, en una situación tan incómoda que puede llegar a perturbar la vida emocional y social de un individuo.
Esos problemas y muchos más son los que causa la transpiración excesiva, o hiperhidrosis , que afecta a un porcentaje de la población que está entre el 0,5 y 2,5% y se produce por una actividad desmedida de las glándulas sudoríparas en las axilas, las palmas de las manos y los pies.
En los pacientes con hiperhidrosis axilar, que representan el 60% de los casos, ningún antitranspirante o desodorante tiene efecto, por lo que suelen recurrir a distintos tratamientos, con diverso nivel de riesgo.
Un cirujano argentino, sin embargo, creó una nueva técnica con láser que no es invasiva y utiliza anestesia local. El procedimiento dura 45 minutos y es ambulatorio.
Presentada en junio último en el 7° Congreso Internacional de Cirugía Dermatológica, organizado por la Academia Europea de Cirugía Cosmética, en Berlín, Alemania, y la semana última en el Congreso Alemán de Cirugía Estética, en Düsseldorf, fue desarrollada por el doctor Guillermo Blugerman, que desde hace tres años la investiga en nuestro país.
Junto con los médicos alemanes Martin Klšepper y G. Fischer, Blugerman aplicó en 2002 el tratamiento con láser y succión de las glándulas sudoríparas de las axilas en 29 pacientes. La intervención redujo la sudoración y causó la pérdida del vello axilar. "Las mujeres pueden comenzar a depilarse a los 15 días, si lo necesitan", explicó Blugerman.
Klšepper y Blugerman participarán en el Primer Encuentro en la Argentina con Maestros Europeos, que comienza mañana en la ciudad de Buenos Aires, es de acceso gratuito y hasta el 8 de noviembre recorrerá Mendoza, Salta y Corrientes (informes: 4821-8707 o 6236).
En qué consiste
El procedimiento creado por Blugerman comienza sometiendo a cada paciente a una prueba sencilla que consiste en pincelar la axila con una solución yodada. Luego se le coloca talco. La sudoración que provoca la hiperactividad de las glándulas sudoríparas tiñe el talco y es allí donde los especialistas introducen por debajo de la piel una espátula con el láser que quema las glándulas sudoríparas ecrinas , responsables del líquido de la transpiración, y apocrinas , productoras del olor.
"Se hacen túneles por debajo de la piel -explicó Blugerman-. Con un aparato especial, se enfría a 10° bajo cero la zona de trabajo, lo que reduce el riesgo de quemar la piel." Para este último paso se utiliza la anestesia tumescente local, que produce vasoconstricción y evita el sangrado. Luego del láser, con una cánula de succión se retiran las células y los bulbos pilosos quemados por el láser.
Entre las complicaciones que puede causar esta nueva técnica está la necrosis de la piel, la fibrosis subcutánea temporaria, los hematomas o la acumulación del suero sanguíneo en los túneles que dejó el paso de la espátula. La piel de esos túneles se sella a los pocos días. Según el cirujano, todos estos problemas pueden resolverse.
"El organismo produce sudoración compensatoria -aclaró el entrevistado frente a las imágenes de quirófano en una pantalla de computadora en su consultorio-. En la hiperhidrosis, al bloquearse la axila, un 20 o un 30% de los pacientes comienza a transpirar en el tórax o en la espalda." Para los casos más severos, en los que la transpiración es excesiva y en distintos lugares del cuerpo, Blugerman recomendó la simpatectomía endoscópica.
"La transpiración no es necesaria para la vida -dijo el entrevistado-. Una persona puede vivir sin transpirar porque el sistema excretor del organismo para eliminar líquidos y toxinas es el riñón en un 95%, los pulmones y, por último, las glándulas sudoríparas."
Y de eso puede hablar Laura, una contadora de 36 años que desde hace tres meses puede usar prendas de color sin avergonzarse por la clásica aureola de transpiración que, en su caso y por años, se formaba hasta casi rozar la cintura. "El tratamiento me cambió el estado de ánimo", dijo.
Según relató, durante años los médicos subestimaron su problema al atribuirlo a los nervios: "Me decían que se debía a que algunos transpiran más que otros". Sin embargo, Laura transpiraba en verano "sólo un poquito más que en invierno", y en situaciones sin estrés. "Ahora, me siento más normal".






