
Vidas ejemplares
Es indudable que entre las virtudes locales no figura la autovaloración... Si algo caracteriza al ser nacional es el afuerismo: siempre lo de afuera nos parece más brillante y glamoroso que lo de acá ...
Sin ir más lejos, mucho nos maravillamos -justificadamente- recordando el cincuentenario de la descripción del ADN por James Watson y Francis Crick, pero casi ni reparamos en que ese mismo año un investigador argentino señaló otro hito en la historia de la ciencia mundial al describir las vesículas sinápticas, esas diminutas estructuras encargadas de la acumulación, el transporte y la liberación de las sustancias químicas que constituyen la base de la comunicación entre las neuronas. Esa persona fue el doctor Eduardo Diego Patricio De Robertis.
Hijo de inmigrantes italianos llegados a la Argentina sin terminar sus estudios y con escasos recursos, nació el 11 de diciembre de 1913, en el barrio de San Cristóbal.
Muy pronto se destacó por sus dotes excepcionales: en un hecho inusitado, a los cinco años era el encargado de reemplazar a la maestra cuando ella faltaba. Lector voraz, cursó el secundario y, posteriormente, la Universidad gracias a la ayuda familiar. Fue un alumno brillante y un científico precoz: cuando se graduó de médico con medalla de oro, llevaba realizados 25 trabajos de investigación.
En 1953, a los 40 años, trabajando con el profesor Stanley Bennett en la Universidad de Washington, alcanzó un logro fundamental en el estudio de la estructura del tejido cerebral: describió esas organelas de 500 angstroms de diámetro (un angstrom es igual a 1/100.000.000 cm) que cumplen un papel protagónico en la transmisión de los impulsos nerviosos y postuló que ellas deben contener los neurotransmisores.
Los años que siguen fueron prolíficos en trabajos de investigación y en aportes a la organización del sistema científico nacional. Desarrolló las técnicas para el aislamiento de las vesículas sinápticas, integró el directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organizó la carrera del investigador junto con el geólogo Félix Gonzales Bonorino, escribió con Francisco Albert Sáez y Wiktor Nowinski "Citología General", texto de avanzada que sería traducido al castellano, francés, inglés, ruso, japonés, italiano y polaco.
En 1985 recibió el Premio Bernardo Houssay, que le otorgó la Organización de los Estados Americanos. Un domingo, mientras estaba descansando en su quinta, debió ser internado de urgencia para una intervención quirúrgica. Postrado por la enfermedad, sólo pensó en corregir los borradores de sus trabajos. Murió el 31 de mayo de 1988, a los 77 años.
Eduardo De Robertis fue el primer latinoamericano que presidió la Unión Internacional de Ciencias Biológicas y el único que figura entre los mil autores contemporáneos más citados, incluidas todas las disciplinas.
Fue autor de más de 300 trabajos sobre histoquímica, neurobiología, neuroquímica y neurofarmacología. Pero, como escribió hace algunos años uno de sus discípulos y hoy rector de la Universidad de Buenos Aires, doctor Guillermo Jaim Etcheverry, tal vez la dimensión de su ejemplo resulte aún más admirable "si se la analiza en el contexto de las circunstancias en las que debió trabajar: permanente inestabilidad política; apoyo económico escaso, errático y a menudo inexistente; emigración permanente de sus colaboradores; intrigas domésticas (...) El análisis de las circunstancias en las que concretó su obra nos permite verlo, hoy más que nunca, como un símbolo. A las dificultades, a la incomprensión, a la envidia, podremos siempre oponer su historia, esa combinación de talento, voluntad y esfuerzo que todo lo supera."
Y eso vale la pena recordarlo.
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