
Hugo Hopenhayn: “Hay preocupación por el impacto de la transición en la industria manufacturera, pero ese sector se viene achicando desde los 70”
El dilema de la Argentina de Milei: ¿cuándo arranca la “destrucción creativa”? El crédito al sector privado, ¿la clave? Desempleo, ¿con contención estatal o no? El economista hizo su análisis

“Para la transición, el crédito al sector privado es clave, pero Argentina apenas llega al 10 por ciento del PBI mientras que en América Latina es del 45 por ciento”, sostiene. “El Estado puede tener un rol en facilitar el crédito para los nuevos emprendimientos en los sectores hacia donde se dirija la demanda”, dice. “Una de las cosas importantes para el crecimiento y la productividad de un país es el proceso de selección darwiniana que ocurre en la economía”, afirma. “Contribuye a la producción de la economía porque se reasignan recursos desde firmas que han perdido mercado porque sus productos han perdido valor hacia otras firmas que tienen más potencial”, explica. “Ese mecanismo juega un rol todavía más central cuando hay un cambio estructural como el argentino porque se suma un shock que está afectando el valor relativo de firmas que están en un sector de la economía versus firmas que están en otro sector”, precisa.
“El Estado puede tener un rol en facilitar el crédito para los nuevos emprendimientos en los sectores hacia donde se dirija la demanda”
“En general, las reasignaciones de empleo y capital en una transición no son inmediatas y llevan tiempo”, asegura. “Si uno mira el nivel de productividad total de los factores en la Argentina, prácticamente se han mantenido estancados en los últimos cincuenta años. ¿Cuál es la alternativa? Se han probado muchas cosas de protección, de tratar de desarrollar una industria manufacturera exportadora. Pero en estos momentos esa dirección no podría funcionar en la Argentina”, advierte. “En todo fenómeno de reasignación en donde se mueve gran cantidad de recursos como trabajo o capital de un sector a otro, o entre firmas, tiene que haber condiciones para que suceda. Una de esas condiciones es la credibilidad en relación a la continuidad: tiene que haber credibilidad en relación a que las inversiones se van a pagar en el mediano y largo plazo. Ése es un factor: la incertidumbre sobre la persistencia de las nuevas reglas del juego y los nuevos precios relativos es sumamente importante”, alerta. “La pregunta es qué viene primero, si la creación o la destrucción. Puede venir primero la destrucción en el sentido de que hay un costo: obviamente hay gente que va a perder, va a perder sus ocupaciones, va a tener que reasignarse y probablemente sacrificar su nivel de ingreso. Se recupera en el tiempo”, plantea. “En Estados Unidos, se habla del “China shock” que desplazó empleo en los Estados Unidos y generó despidos masivos. Al principio hay una reducción importante en el nivel de su salario porque su nivel de productividad en los nuevos sectores no es el mismo que el que tenían antes. Pueden tardar hasta diez años en recuperarse. O sea, es un proceso costoso que lleva tiempo”, ejemplifica. “Si la preocupación es por la transición que impactará en la manufactura, lo cierto es que ya ha habido una gran transición en la Argentina. En el pico de los años ‘70, la industria manufacturera en la Argentina representaba el 25 o casi el 30 por ciento: ya ha habido un proceso de achicamiento muy grande y, sin embargo, la tasa de desempleo agregada de la economía hoy no es muy alta”, analiza. “¿Qué va a pasar? ¿La gente que estaba trabajando en empresas de producción textil se van a ir a trabajar a los pozos de petróleo? No. Se van a generar actividades conexas o se va a desarrollar, por efectos de ingresos, una demanda de servicios, que es lo que ocurre generalmente en países que se enriquecen. Hay una transición muy importante hacia servicios”, anticipa. “Hay una experiencia argentina de apertura sin la reasignación de recursos y empleo que se esperaba: fue en los 90, con la convertibilidad. La tasa de desempleo subió a un 20 por ciento”, señala. “Mucha gente que perdió sus trabajos se dedicó a manejar un taxi: implicó una pérdida muy importante de su nivel de ingreso real”, describe. “En la Argentina, no tenemos recursos fiscales como para crear un sistema de contención para los desempleados. Un cambio muy fuerte, inmediato, genera un problema de potencial descontento y de inestabilidad política que cuestiona la posibilidad de continuidad del cambio”, advierte. “Es una especie de trampa: la falta de recursos en general hace más difícil la transición”, concluye.

Desde California, donde reside, investiga y da clases, el respetado economista Hugo Hopenhayn estuvo en La Repregunta. Hopenhayn es profesor titular de Economía en la Universidad de California, Los Ángeles, y profesor visitante en la Universidad Di Tella. Es miembro de la prestigiosa Econometric Society. El foco de su trabajo de investigación es la dinámica de las firmas y la productividad. Suele publicar en los journals internacionales de economía más destacados. Es Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota.
El dilema de la Argentina de Milei: ¿cuándo arranca la “destrucción creativa”? Apertura económica y su impacto en la Industria manufacturera: ¿condenada a desaparecer? ¿Hay algún rol para el Estado mileísta? El crédito al sector privado, ¿la clave? Desempleo, ¿con contención estatal o no? ¿Por dónde pasa el futuro? ¿Por qué China aumenta sus exportaciones manufactureras, pero cae el empleo en el sector? Hopenhayn hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa.
La Argentina de Milei y la “destrucción creativa”: ¿se puede gestionar el shock de la transición?
-Quiero ir a esta cuestión central: la Argentina se dirige hacia un cambio profundo de matriz productiva, muy orientada a la minería, al petróleo y el gas, y se habla de una “destrucción creativa”. ¿Cómo se administra esa transición ante un cambio tan profundo?
-Es una pregunta bastante compleja. Muchos países han vivido este tipo de transiciones, por ejemplo, Australia, donde cambios de precios relativos de la minería tuvieron un efecto de reasignación de la actividad económica hacia la minería y la exportación y, consecuentemente, acarrearon una reducción del valor agregado y del empleo en la industria manufacturera. Y más allá de cambios producidos por lo que vos llamás “cambio estructural”, en los países, a medida que se desarrollan, se da una tendencia a ir transicionando de la manufactura a los servicios, cosa que también ha pasado en la Argentina. Ahora, frente a este cambio estructural, tu pregunta apunta a cómo se gestiona, cómo se puede hacer esta transición. ¿Cuándo va a venir lo creativo de la destrucción? No sé exactamente cómo contestarte bien esta pregunta, pero te puedo dar algunas ideas.
“En todo fenómeno de reasignación en donde se mueve gran cantidad de recursos como trabajo o capital de un sector a otro, o entre firmas, tiene que haber condiciones para que suceda. Una de esas condiciones es la credibilidad en relación a la continuidad: tiene que haber credibilidad en relación a que las inversiones se van a pagar en el mediano y largo plazo. Ése es un factor: la incertidumbre sobre la persistencia de las nuevas reglas del juego y los nuevos precios relativos es sumamente importante”
-Basado en casos de otros países, por ejemplo, ¿cómo lo hicieron?
-Más allá de este cambio estructural, las economías tienen constantemente un proceso de reasignación. El tema que más conozco, y mi experiencia se concentra en ese aspecto, es el de la dinámica de las firmas y el rol de las firmas o empresas en la determinación de la productividad económica, del ingreso per cápita y del crecimiento. Una de las cosas muy importantes desde el punto de vista del crecimiento y de la productividad de un país, sin necesariamente estar enfrentando una situación de cambio estructural como la que puede estar viviendo la Argentina hoy, es que constantemente hay un proceso de reasignación de recursos dentro de las empresas, con empresas que crecen, otras empresas que se achican, nuevos emprendimientos, empresas que mueren. Es como un proceso de selección darwiniana que ocurre en la economía. Desde mi punto de vista y de la evidencia empírica, es un proceso muy importante y contribuye a la producción de la economía justamente porque se reasignan recursos desde firmas que han perdido mercado porque sus productos han perdido valor a otras firmas que tienen más potencial. Ese mecanismo de reasignación es central. Juega un rol todavía más central cuando hay un cambio estructural porque en ese caso, se suma un shock que está afectando el valor relativo de firmas que están en un sector de la economía versus firmas que están en otro sector. Ése es un primer punto.

El caso argentino y el cambio de matriz productiva. ¿Un shock necesario?
-En la Argentina, el cambio estructural de matriz productiva coincide con una apertura económica, aunque gradual porque sigue habiendo protección importante, que rompe el esquema de aranceles fuertes y sustitución de importaciones. ¿Ha habido en el mundo procesos parecidos que pueden funcionar como casos testigos para entender cómo se dan esas transiciones y la velocidad de esas transiciones?
-Es difícil identificar un cambio que sea solo eso. Por ejemplo, en China hubo un cambio cuando la economía se abrió al exterior, basado en su desarrollo industrial, y pasó de ser una economía muy cerrada a una economía muy abierta. Pero junto con eso, se dieron muchos otros cambios. Aún teniendo economías que son abiertas, puede haber cambios importantes en los precios relativos como el caso de Australia. En los hechos, se dio un shock parecido porque era una economía que tenía una base importante en la manufactura, más allá de la agricultura, como la Argentina. A raíz de ese shock que viene del exterior y de un cambio en los precios de sus exportaciones relativos a sus importaciones, se generó una reasignación importante y sí, llevó tiempo: en general, las reasignaciones no son inmediatas y llevan tiempo. Pero en ese caso, hubiera sido peor si se impedía la resignación porque el nivel de productividad de la economía no habría crecido como decían.

-Es decir que, según su perspectiva, el impacto de la lógica de la destrucción creativa en el mediano corto-plazo es preferible a un impacto mucho más prolongado y pernicioso de una economía sobreprotegida.
-El ejemplo argentino y la historia argentina es bastante clara en ese sentido. Si uno mira el nivel de productividad total de los factores en la Argentina, prácticamente se han mantenido estancados en los últimos cincuenta años. ¿Cuál es la alternativa? Se han probado muchas cosas de protección, de tratar de desarrollar una industria manufacturera exportadora. Pero en estos momentos esa dirección no podría funcionar en la Argentina. En todo fenómeno de reasignación en donde se mueve gran cantidad de recursos como trabajo o capital de un sector a otro, o entre firmas, tiene que haber condiciones para que suceda. Una de esas condiciones es la credibilidad en relación a la continuidad: tiene que haber una credibilidad en torno a que las inversiones se van a pagar en el mediano y largo plazo. Ése es un factor: la incertidumbre sobre la persistencia de las nuevas reglas del juego y los nuevos precios relativos es sumamente importante. El otro factor que debe darse es la flexibilidad en la reasignación de recursos. Un problema serio es que, obviamente, se genera primero la destrucción. Vos hablás de “destrucción creativa”. En inglés se habla de “creative destruction” y la pregunta es qué viene primero, si la creación o la destrucción. Puede venir primero la destrucción en el sentido de que hay un costo: obviamente hay gente que va a perder, va a perder sus ocupaciones, va a tener que reasignarse y probablemente sacrificar su nivel de ingreso. Se recupera en el tiempo. Por ejemplo, en Estados Unidos se habla del “China shock” que desplazó empleo en los Estados Unidos y generó despidos masivos. Se ha hecho el seguimiento de la gente que sufrió estos cambios. Al principio hay una reducción importante en el nivel de su salario porque su nivel de productividad en los nuevos sectores no es el mismo que el que tenían antes. Pueden tardar hasta diez años en recuperarse. O sea, es un proceso costoso que lleva tiempo.
Transición y desempleo. ¿Hay un rol para el Estado?
-Es interesante lo que usted señala: ese punto de la transición en que desempleados de un sector buscan empleo en otros sectores, para los que están menos preparados, lleva a una demora la recuperación del salario. ¿Hay algún rol para el Estado en la cobertura de esos trabajadores que sufren el impacto de esa transición? Entiendo que en un mercado y una economía dinámica como la de los Estados Unidos puede no requerirse esa pregunta. Pero en economías con problemas como la Argentina, ¿el Estado tiene un rol para acompañar a los desempleados de un sector hasta que se reinserta en otro, y hasta que nazca ese otro sector?
-Ese sector se va creando en la medida en que hay disponibilidad de recursos, en este caso, de trabajo. Ahora, dos cosas con respecto a eso. Una es que en la Argentina hay pocos mecanismos de contención. En Estados Unidos hay un seguro de desempleo.
“La pregunta es qué viene primero, si la creación o la destrucción. Puede venir primero la destrucción en el sentido de que hay un costo: obviamente hay gente que va a perder, va a perder sus ocupaciones, va a tener que reasignarse y probablemente sacrificar su nivel de ingreso. Se recupera en el tiempo”
-¿Es decir que en Estados Unidos hay más contención para el desempleado en un proceso de transición que en la Argentina?
-Sí, hay más contención. El seguro de desempleo en Estados Unidos funciona así: cubre parte de tu salario mientras estás desocupado, pero hasta un máximo de seis meses, que a veces se estira cuando hay una recesión importante. Pero una reasignación estructural no es una resignación coyuntural a raíz de un shock transitorio. Es algo de más largo plazo. En Estados Unidos se discute mucho cómo afrontarlo y cómo cubrir a la persona de ese tipo de riesgos. Hay políticas que subsidian por un tiempo limitado a las empresas que contratan a gente desplazada. El objetivo es cubrir la diferencia entre el salario en ese nuevo empleo y el que tenían en el empleo anterior. En principio, en la Argentina, se podrían hacer ese tipo de política. Pero somos un país pobre en términos de recursos. Una política como esa, obviamente, requiere recursos fiscales. En una economía con mucho foco en el problema fiscal, hay que reasignar prioridades. Y políticamente, sabemos que reasignar prioridades en el gasto es algo muy complicado. Yendo al tema de la apertura económica, hay una experiencia argentina de apertura sin que se haya producido la reasignación que se esperaba: fue en los ‘90, con la convertibilidad. La tasa de desempleo subió a un 20 por ciento. Mucha gente que perdió sus trabajos se dedicó a manejar un taxi: implicó, quizás, una pérdida muy importante de su nivel de ingreso real. En la Argentina, no tenemos recursos fiscales como para crear un sistema de contención. Un cambio muy fuerte, inmediato, genera después un problema de potencial descontento y de inestabilidad política que cuestiona la posibilidad de continuidad del cambio. Es una especie de trampa: la falta de recursos en general hace más difícil la transición.
Economía de commodities. ¿Puede generar empleo o no?
-¿Una economía basada en recursos naturales es capaz de producir un sector industrial pujante que genere empleo? Esa es la expectativa que se tiene en la Argentina.
-Quizás no. Te voy a dar otro ejemplo: el impacto de la automatización en la producción manufacturera en Estados Unidos y en el mundo en general. En ese caso, un sector que era más trabajo intensivo se vuelve menos trabajo intensivo. En cierto sentido, ese caso presenta un perfil análogo a lo que me estás preguntando. Eso sí generó desempleo en áreas donde estaba más concentrada la industria que estuvo más afectada por esa transición. Pero en Estados Unidos, la tasa de desempleo en Estados Unidos no aumentó mucho a raíz de eso. Y respecto del empleo manufacturero, se crearon más empresas en servicios que absorbieron ese empleo manufacturero. Una cosa importante: cuál fue el rol de la creación de nuevas firmas en ese proceso de transición. El caso de Estados Unidos, en donde hubo un cambio de intensidad del uso de trabajo en la industria manufacturera, porque pasó de ser una industria más trabajo intensiva a menos por el proceso de robotización…
-Por ejemplo, la industria automotriz.
-Sí. Si bien hubo pockets de desempleo, concentrados en algunos lugares, fue transitorio. Y fue así porque se crearon nuevos empleos en la industria de servicios. Vos me planteás que hay una transición de una actividad manufacturera más trabajo intensiva… De todos modos, en la Argentina, el valor agregado de la manufactura es del orden del 15 por ciento del PBI.
Industria manufacturera. ¿En baja por Milei o una tendencia histórica?
-¿Eso es mucho o poco? ¿Qué significa ese número?
-Si pensás que va a haber una transición en la industria, tiene un impacto relativamente chico. No es que la industria manufacturera vaya a desaparecer de un día para el otro. Y la proporción de empleo que absorbe es posible que también sea menor. Entonces, si la preocupación es por esa transición que impactará en la manufactura, lo cierto es que ya ha habido una gran transición en la Argentina. En el pico de los años 70, la industria manufacturera en la Argentina representaba el 25 o casi el 30 por ciento: ya ha habido un proceso de achicamiento muy grande y, sin embargo, la tasa de desempleo agregada de la economía hoy no es muy alta. Puede ser que haya subempleo y empleo de baja productividad. Y también puede ser que parte del empleo manufacturero no transicionó totalmente. ¿Entonces qué va a pasar? ¿La gente que estaba trabajando en empresas de producción textil se van a ir a trabajar a los pozos de petróleo? No. Se van a generar actividades conexas o se va a desarrollar, por efectos de ingresos, una demanda de servicios, que es lo que ocurre generalmente en países que se enriquecen. Hay una transición muy importante hacia servicios. Es errado pensar que, mecánicamente, el empleo va a ir de el sector que se achica al nuevo sector que está creciendo en términos de valor agregado, de importancia económica. El hecho de que hay recursos disponibles, en la medida que haya flexibilidad para la creación de nuevos emprendimientos, el empleo se va a crear en otros sectores.
“Si la preocupación es por la transición que impactará en la manufactura, lo cierto es que ya ha habido una gran transición en la Argentina. En el pico de los años 70, la industria manufacturera en la Argentina representaba el 25 o casi el 30 por ciento: ya ha habido un proceso de achicamiento muy grande y, sin embargo, la tasa de desempleo agregada de la economía hoy no es muy alta”
-Es muy interesante esa relativización que hace del peso del empleo manufacturero en el PBI actual, en la Argentina actual, previo al cambio de matriz productiva que se avizora. Ahora si se va a basar más todavía en una economía de servicios, ¿qué tipo de servicios? Porque no todos los servicios son de alta empleabilidad. Dani Rodrik, economista muy influyente, que trata el tema del desarrollo, pensaba que la industria era la industria manufacturera y que tenía un rol central en la generación de sociedades de clases medias, con buenos empleos. Hoy reconoce que está revisando sus teorías y que las sociedades de servicios son lo que se ve en el futuro. Rodrik se refiere al servicio de cuidado de las personas, de adultos mayores, por ejemplo. Por eso mi pregunta: ¿cuál es una economía de servicios posible para los países de América Latina? Una economía posible y al mismo tiempo atractiva para una sociedad.
-Lo ideal son los servicios que tengan un mayor valor agregado, que generen empleo y también tengan un alto nivel de producción. Pero es difícil anticipar cuáles son. La Argentina ha tenido servicios servicios de alto nivel de calificación, con empresas como Globant o MercadoLibre, que hoy representan hasta casi un 10 o un 8 por ciento del valor de las exportaciones? Esos son servicios que requieren un nivel de calificación y un tipo de capital humano que no es necesariamente el que se va de la manufactura. Pero hay muchos otros servicios que se podrían mejorar en Argentina. La visión de los economistas o de los no economistas plantea que tenemos que preocuparnos casi matemáticamente que si el empleo se va de acá, ¿a dónde tienen que ir? Lo mejor es pensar que hay que crear las bases para ese proceso de creación destructiva o destrucción creativa.
-¿Quien crea esas bases? ¿El Estado, la política, la economía? ¿Cómo se crean esas bases?
-Algo le corresponde al Estado: tiene que haber cierta flexibilidad como para que se genere esa reasignación. Es importante contar con medidas que ayuden a flexibilizar la transición. Eso sería parte del rol del Estado. Por ejemplo, aunque es difícil decirlo políticamente, los costos de despido son muy altos y funcionan como un gran impuesto al despido. Y por otro lado, están los costos de contratación, que también son altos. Todo eso es como un impuesto a la reasignación. Si hay una especie de impuesto a la resignación, eso genera mucho menor reasignación. Por otro lado, hay cosas que funcionan en otras economías, pero que en la Argentina están muy mal. Se puede mirar el crédito al sector privado, a las iniciativas privadas, como porcentaje del PBI: es una medida del grado de desarrollo del mercado financiero empresario en un país. Los países desarrollados tienen un promedio de 116 por ciento de préstamos, o sea es más que el Producto Bruto del país agregado. Otras economías emergentes tienen algo así como un 50 por ciento. En Latinoamérica, en promedio, llega alrededor del 45 por ciento. Pero en la Argentina es bajísimo, menos del 10 por ciento. Obviamente que el crédito al sector privado juega un rol importante. El Estado puede tener un rol en facilitar el crédito que se requiera para generar los nuevos emprendimientos en los sectores hacia donde se dirija la demanda y para que los recursos que hay faciliten la creación y sean útiles para la creación de esas actividades en el largo plazo. Hay otro tipo de reasignación.
IA y desempleo. Caso argentino: ¿sobre llovido, mojado?
-Con todos estos desafíos argentinos propiamente locales e históricos, la Argentina enfrenta además los cambios de la Inteligencia Artificial (IA) que eliminan posibilidades de empleo futuro y aumenta la productividad de los países, pero en muchos casos baja el empleo. China viene aumentado la producción y exportación de manufacturas, y es el gran centro manufacturero del mundo, pero el empleo manufacturero ha caído: se perdieron 30 millones de empleos en el sector manufacturero en los últimos quince años. ¿Cómo pensar este futuro del empleo y de la industria del servicio con la IA bien instalada en nuestras sociedades?
-Hay dos temas. El fenómeno de China en parte está dado porque a lo largo de este proceso de industrialización ha cambiado el tipo de industria, con industrias más capital intensivas. Además, cuando nacen, los nuevos emprendimientos tienden a ser más intensivos en trabajo y menos en capital. Pero aquellos que son exitosos y crecen mucho a lo largo de su ciclo de vida, a medida que las firmas se desarrollan, se vuelven más capital intensivas. O sea, es un fenómeno que se observa en todas las economías, también en China. Allí se crearon muchas empresas nuevas y después hubo un proceso de selección; sobrevivieron algunas y las que sobrevivieron se hicieron más capital intensivas. Al mismo tiempo hubo una transición hacia actividades económicas dentro de la manufactura más capital intensiva. Ése es un proceso normal; no es que sufrió un shock aparte que llevó a ese aumento y luego a la reducción del empleo manufacturero. Es un proceso de transición bastante típico de los países en desarrollo. Estados Unidos llegó a tener un 30 por ciento de empleo o de valor agregado en la industria manufacturera, niveles parecidos a los que tiene China, o quizás un poco más bajos, pero en el mismo orden de magnitud, y después fue bajando. Ahí hay un proceso de transición natural. Ahora, ese proceso de transición, y en la medida en que el tipo de actividades hacia las cuales tiene que ir el trabajo requieran otro tipo de calificación, significa un proceso de reentrenamiento y de cambio en la estructura de la educación. Por ejemplo, en Estados Unidos, cuando con la revolución tecnológica de las computadoras, el IT revolution, hubo un aumento muy grande en ciertas carreras más relacionadas con ese tipo de actividad. Fue una transición que llevó entre diez y quince años. No es inmediata, lleva un tiempo. Son procesos un poco más largos. En el caso de la IA, el cambio va a ser resistido. Va a cambiar mucho el tipo de perfil de capital humano que va a ser más valioso y más importante. Hay mucha gente que está tratando de responder a la pregunta: qué impacto va a tener la inteligencia artificial sobre el empleo. La verdad, lamentablemente, es muy temprano y todavía no hay ninguna base empírica como para poder dar una respuesta. La sospecha generalizada es que la IA es complementaria a cierto tipo de capital humano más calificado y, a su vez, es sustitutiva de cierto tipo de capital humano intermedio, de actividades cognitivas menos sofisticadas. Por ejemplo, en educación, como educador, estoy usando la IA: me ayuda un montón para preparar clases; para trabajos prácticos; para, inclusive, pensar cómo organizar cursos. Y después el aporte en la investigación: me dio un montón. Lo que antes era búsqueda, iterar y tratar de ver lo que se había hecho, dónde hay espacios abiertos para investigar, se hizo más rápido con IA. Y también para resolver problemas técnicos como programación, coding. En mi caso, me ha aumentado muchísimo la productividad. Quizás llegue un momento en que desplace a los profesores, pero lo veo difícil. Por un tiempo, por lo menos, va a ser un complemento. Aquellas actividades donde la IA es complemento van a generar mayor valor, no desplazamiento sino inclusive se va a generar movimiento de empleo hacia esos sectores y actividades. En algunos casos, esos procesos van a requerir una reeducación y posiblemente implican un shock generacional importante: la gente de mayor edad ya no va a poder subirse a esa transición y la van a protagonizar los jóvenes. Se va a generar una reasignación de ingresos de los viejos a los jóvenes.









