
Murales de Buenos Aires: las obras escondidas que cuentan otra historia de la ciudad
Vanessa Bell invita a descubrir una serie de murales urbanos ubicados en fachadas, paliers y espacios comunes de edificios porteños
Las obras presentadas en este capítulo forman parte de la vida cotidiana de la ciudad, pero muchas veces pasan inadvertidas para quienes las cruzan todos los días.
El recorrido pone el foco en murales y en un movimiento muy presente en Buenos Aires entre los años cincuenta y ochenta, cuando distintos artistas comenzaron a integrar obras murales a la arquitectura moderna de la ciudad. En muchos casos, esas piezas siguen ahí: en entradas de edificios, esquinas, frentes y espacios compartidos que funcionan, sin que todos lo sepan, como pequeños museos urbanos.
Obras de arte en lugares cotidianos
“Una de las cosas más llamativas de este movimiento es que son espacios públicos que la gente frecuenta todos los días y quizás no se da cuenta de que tiene una obra de arte interesante delante de ellos”, introduce Vanessa al comienzo del episodio.
Esa es una de las claves del capítulo: aprender a mirar lo que está a simple vista. Los murales aparecen como parte del paisaje urbano, integrados a la arquitectura y a la rutina de quienes viven, trabajan o pasan por esos edificios.
No están necesariamente en museos ni galerías. Están en paliers, fachadas, esquinas y accesos. Y justamente por eso, conservan una dimensión pública, cercana y cotidiana.
Un mural pensado para su edificio
La primera parada es en Barrio Norte, frente a un mural diseñado por Silvia Brewda en un edificio proyectado por su padre y construido a fines de los años sesenta.
Brewda explica que un mural no se piensa igual que una obra de taller. “Un artista no es libre de hacer lo que quiere, porque el mural tiene que estar adaptado a la arquitectura, al interiorismo, a la altura, a la perspectiva, al ancho de la entrada”, señala.
Esa adaptación al entorno es lo que vuelve especial a estas obras. No son piezas trasladadas a un edificio, sino obras hechas para ese lugar específico. La perspectiva, la luz, las dimensiones y el recorrido de las personas forman parte de la composición.
Murales que permanecen en la ciudad
El recorrido continúa en Belgrano, frente a un mural ubicado en la fachada de un edificio moderno de 1959, en Echeverría, cerca de Barrancas. Vanessa cuenta que, pese a su investigación, no logró identificar al artista: la obra está firmada con las iniciales “MZ” y data de 1960.
Ese dato también forma parte del encanto y del misterio de estos murales. Algunos tienen autor reconocido, historia documentada y registros patrimoniales. Otros, en cambio, permanecen como huellas anónimas de una época en la que el arte y la arquitectura dialogaban de otra manera.
Más adelante, en la esquina de Pampa y O’Higgins, Vanessa se detiene frente a uno de sus murales favoritos de Buenos Aires. Se trata de una obra de gran escala firmada por el arquitecto y artista Horacio Vodovotz.
El mural, realizado en 1966, se conserva en excelentes condiciones y tiene una particularidad clave: al estar al aire libre, cualquiera puede verlo sin pedir permiso ni entrar a un edificio. Para Vanessa, ya funciona como un hito del barrio, una presencia familiar para quienes crecieron o pasan habitualmente por esa esquina.
El legado de Rodolfo Bardi
La última parte del capítulo está dedicada a la obra de Rodolfo Bardi, artista y muralista que realizó cientos de murales entre los años sesenta y setenta. Vanessa conversa con su hijo, Martín Bardi, frente a una de esas obras, ubicada en una esquina y expuesta al espacio público.
Martín explica que muchos de los murales de su padre convivían entre lo público y lo privado: estaban en edificios, pero podían verse desde la calle o desde espacios comunes. Esa condición los vuelve parte de una etapa muy particular de la arquitectura porteña, vinculada también al crecimiento de la propiedad horizontal y a una nueva forma de habitar la ciudad.
Bardi venía de la pintura abstracta y de la vanguardia de los años sesenta. En ese contexto, muchos artistas empezaron a buscar nuevas formas de mostrar el arte, más allá del cuadro tradicional y de la galería.
Los murales de Rodolfo Bardi tenían una técnica profundamente ligada a la construcción. Se realizaban con materiales de la propia obra, como arena y cemento, trabajados con herramientas de albañilería. Luego se incorporaban texturas, cortes, formas, fragmentos de espejo y pintura al óleo.
Esa convivencia es uno de los grandes temas del episodio. Los murales no solo decoran: acompañan, identifican, dan valor y construyen memoria. Muchas veces, los porteros y vecinos son quienes mejor los conocen, quienes los limpian, los cuidan y los reconocen como parte de la identidad del lugar.









